lunes, septiembre 06, 2010

The Seven Addictions and Five Professions of Anita Berber


Anita es una vieja amiga, y lo es desde el primer momento en que vi una de sus fotografías: la curva de sus mejillas, su arisca nariz y sus negros ojos maliciosos me confirmaron al primer vistazo que ya nos conocíamos. Al encontrarme con su rostro pintado de blanco y la línea de su boca escarlata ya supe de la “Sacerdotisa de la Depravación”, de la “Mujer Fálica“, de “Astarté”, de la “Madonna de Dresde” y de la “Diosa Desnuda de Berlín”, todos sus avatares estaban ante mis ojos.


Durante la república de Weimar, la pelirroja Anita fue sin duda alguna la personalidad más decadente en un mundo sin límites morales o restricciones legales. Tras su espectáculo de las danzas de la lujuria aparecía en los nightclubs y casinos exhibiendo su cuerpo perfecto bajo un chal de marta, con un mono colgado de su cuello y un broche plateado repleto de cocaína. El escándalo estaba servido. Todos temían a la perversa starlet, quien podía ofrecerse sexualmente a cambio de dinero, robar o golpear a quien se le antojara. No contenta con seducir a las esposas de los caballeros más pudientes, les obligaba a entregarle a sus hijas vírgenes. La prensa amarilla se nutría de escándalos sobre la vida libertina de la Berber: su bisexualidad, sus orgías en hoteles, colección de mascotas exóticas, adicciones diversas y ataques de ira.


Las “Danzas de la Depravación, el Horror y el Éxtasis” se estrenaron en Viena y consiguieron escandalizar a la viciosa sociedad de su época. Junto al bailarín Sebastian Droste inmortalizó fantasías erótico-esotéricas con títulos como “Suicidio”, “Cocaina”, "Morfina” o “La Noche de los Borgias”, números de danza expresionista en los que la bailarina desnuda o vestida con una imaginería grotesca, desarrollaba un turbador eroticismo, con el abrazo de la muerte siempre presente en sus coreografías. Como si de un ritual mágico se tratara, la diosa pálida se movía a cámara lenta al tempo de la música, cada uno de sus mínimos gestos expresaba una intención exacta, y su cara empolvada se convertía en una rígida máscara o en la expresión del espanto o sufrimiento más intensos, para después desfallecer en un arrebatamiento sensual. Se dice que quienes osaron interrumpir la celebración pagana e irritar a la divinidad, acabaron la noche con la cabeza abierta debido a un golpe con una botella de champaña o con los pantalones orinados por la Princesa, que no dudaba en interrumpir los aplausos para castigar a aquellos “lascivos que la aburrían”.


Como pueden comprobar, Anita, mi vieja amiga, era realmente maravillosa. Si desean profundizar en su vida y performances les recomiendo la espléndida biografía “The Seven Addictions and Five Professions of Anita Berber” de Mel Gordon, que retrata el ámbito publico y privado de la artista, además de hacer un delicioso repaso por las manifestaciones artísticas de la Alemania de los años 20.

3 comentarios:

Ibán dijo...

Pues deseo, deseo profundizar en su vida.

Que la cosa ha sonado muy interesante. Encantado, Anita.

Aura dijo...

Si desea profundizar también le recomiendo el 'inspired film': Anita - Tänze des Lasters

Un saludo.

Ezra dijo...

Yo recomiendo este libro: Voluptuous Panic : The Erotic World Of Weimar Berlin por Mel Gordon. He visto algo del material, quizá en España se pueda conseguir una copia. Un abrazo.