lunes, abril 13, 2009

Mabel Collins “Historia de una Maga Negra”


«Este libro ha sido titulado “Historia de una maga negra”, porque en él se narran las luchas y los errores de una extraña mujer que, habiendo sido maga negra, se esforzó, sin embargo, grande pero ciegamente, en pertenecer a la hermandad de la Magia Blanca estudiando y practicando el bien en lugar del mal. Fleta, la heroína de esa lucha, quien en su inmediata encarnación anterior adquirió por si misma poderes egoístas, convirtiose en una maga negra, empleando prácticas ocultas en provecho propio, para fines egoístas. La veremos en el primer capítulo esforzándose en atraer hacia ella, por medio de sus artes, al compañero de muchas de sus pasadas vidas… Y lo hace porque así le atrae a la vez bajo la influencia de Iván, quien, perteneciendo a la Blanca Hermandad, había tendido hacia ella su mano llena de profunda compasión. Su objetivo al comenzar su gran obra ocultista es salvar a los demás, especialmente a aquellos a quienes injuriara en otros tiempos. ¡Pero por qué terribles experiencias atraviesa ella y los que la rodean, en sus tentativas! La veremos caer en sus antiguas prácticas negras y en el uso de sus antiguos poderes, como veremos a Horacio arrastrado por sus sentidos y sus pasiones. Fleta olvida que la flor del Loto no puede florecer sino en el propio espíritu; pero lector, no juzgues a Fleta; no juzgues sus relaciones con la Blanca Hermandad, mientras no hayas presenciado el término de su agitada vida, en tanto no hayas oído el eco de la voz de Iván, cuando dice últimamente: “Entra.” »


Estas son las palabras que encontramos en el prefacio a la novela de Mabel Collins, redactadas por la propia autora, además de revelar como indicación a los lectores que mientras lean la historia, acepten como un hecho la teoría de la reencarnación de las almas.

Aunque la fotografía que ilustra el libro pueda inducirnos a creer que nos encontramos ante una novela de la era de acuario, -gracias a esta reedición de 1976-, la realidad es que nos encontramos con la obra de uno de los más célebres miembros de la Sociedad Teosófica, alumna de Helena Blavatsky, y que llegó a redactar más de cuarenta novelas en las que desarrollaba los ideales espiritualistas y ocultistas en los que la sociedad fundamentaba sus teorías.



Si les interesa consultar más datos sobre la autora hay varias páginas en la web en las que se adjuntan sus artículos y se dibuja su interesantísima biografía, aunque siempre con las reservas de las que hay que armarse en relación a la verosimilitud de los datos que se pueden encontrar en la red, y sobre todo tratándose de temas relacionados con el ocultismo.

Sería difícil rastrear las influencias de las teorías teosóficas y su alejamiento de las mismas en esta novela, ya que la escritora no siempre estuvo de acuerdo con los postulados de la orden. Sí es cierto que las premisas de la obra, responden bastante minuciosamente a las realizadas por Mabel Collins en "Light On The Path" y que pueden consultar en el enlace: la renuncia a los deseos que no lleven a la superación del propio yo, a las sensaciones y a las pasiones, y el afán de perfeccionamiento del propio ser, hasta alzarse por encima de todo lo mundano. La búsqueda del poder inabarcable que ostentan las almas que lo desean ardientemente.

En “Historia de una maga negra” se traduce en un relato de los avatares de Fleta, princesa de un país y una época indistintos, que se aventura a escalar los peldaños de su obra espiritual acompañada de espíritus del pasado y almas con una misma estrella, y que comprende que sólo la negación de todo cuanto desea puede conducirla a su realización, a su florecimiento en la magia.

La novela es también una exploración de otros caminos de lo fantástico, viaje que siempre resulta vivificante y fuente de grandes impresiones, y nos obliga a recorrer territorios de la mente que van más allá de los límites expuestos por los sentidos o por los tópicos de la literatura fantástica. Una migración, durante unas cuantas páginas, de los seguros senderos que ya conocemos.

miércoles, marzo 25, 2009

Niemen. Enigmatic (1969)


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Lost Driver

Como una suerte de juego, a veces podemos acercarnos a un disco del que apenas conocemos nada, incluso sin haberlo escuchado, por medio de diversas maneras. Esta afición, compartida por Aura, Fran Le Kinky y yo mismo, consiste por ejemplo, en fijarse en la fecha de edición de la obra, su line-up (la formación de músicos que lo han perpetrado, así como la gama de instrumentación empleada), y tal vez la más arriesgada: su portada. Si bien estos riesgos, gracias al eclecticismo del que hacemos gala, en nuestro caso no nos conducen casi nunca a resultados poco satisfactorios. En mayor o menor medida nos encontramos con álbumes que valen mucho la pena, y nuestra intuición nos lleva a buen puerto en gran número de ocasiones. Puede ocurrir, sin embargo, que las expectativas creadas entorno al diseño y el grafismo del material escudriñado, se desvanezcan tras unos segundos de su escucha o no se correspondan con lo que esperábamos. No fue este el caso de este “Enigmatic”, firmado por un tal Niemen.


Y es que en la cubierta de esta grabación, de tonos anaranjados, uno puede ver a un señor barbudo parapetado tras su gran teclado sobre el que yacen unos cirios de diversos tamaños, pudiendo indicar tal vez que estamos frente a un disco en el que un órgano catedralicio será el principal protagonista. En su contraportada, el sospechado carácter litúrgico y espiritual de la música es acrecentado por una imagen más ampliada del intérprete en la que comprobamos cómo éste permanece solitario con su teclado, profusamente rodeado de muchas más velas, que parecen ser el único público de sus melodías. Además, por la extensa duración de cada uno de los cuatro temas que lo integran podemos suponer que se trata de una larga suite a la manera de otros discos de rock progresivo.


Ciertamente, este elepé responde a todas estas conjeturas. Si bien los teclados dominan gran parte de su totalidad, nos hallamos con toda una banda de rock a la que incluso se añaden unos saxos. Pero la magia y el leit-motiv gira sobretodo entorno a las interpretaciones vocales, que destilan una pasión y una belleza sumamente poéticas. Para que se hagan una idea, su sonido recuerda bastante a los Procol Harum del “A whiter shade of pale”. “Enigmatic”, del 1969 es el cuarto trabajo de Czeslaw Niemen, un compositor polaco que en la década de los 60 fue muy popular en su país por introducir la estética psicodélica y los patrones anglosajones en su música.




El carácter ceremonioso de esta obra, cantada casi íntegramente en polaco, ya que contiene por primera vez en un disco de rock, recitados en griego católico, sumergen al oyente en un profundo estado de paz y espiritualidad. Poco a poco nos vemos asimismo asimilados al interior de esa portada, en la que el músico nos conduce por los senderos de su pasión interior y nos regala sus desgarradoras confesiones. Sólo lamento el no poder superar la barrera del idioma, que seguramente enriquecería totalmente su audición. Y quizá teniendo en consideración este salvable obstáculo, a pesar del mismo se explique también uno de los principales poderes de “Enigmatic”: la universalidad de su música.


¿Han encendido ya sus velas?...

Lost Driver

lunes, marzo 23, 2009

Collection Privée de Monsieur X


Monsieur X fue un singular coleccionista. En el Paris de entreguerras se entregó por entero a su afición al voyeurismo retratando cientos de mujeres desnudas.

Un primer vistazo a las fotografías que se conservan de la colección de Monsieur X nos revela que las chicas que posaron ante la cámara anónima no eran modelos artísticas, raptadas del estudio de un pintor aficionado, ni de fotografía, según lo que podemos entender por estos conceptos. Se trata, posiblemente, de hipotéticos encuentros con mujeres que consintieron desnudarse delante del objetivo, llegando a alcanzar un raro grado de complicidad con el autor. Nombres como Fanfan, Gaby, Gypsi, Jojo, Mimi, Nenette o Nono también nos confirman que estas muchachas que se exponían a la cámara con la actitud de exhibirse, y divertirse, sin mostrar ningún pudor, con toda probabilidad también vendían su cuerpo. Una vista desde el balcón de un hotel a una plaza del barrio de Pigalle nos confirma la evidencia de que Monsieur X, quien en algunas ocasiones se hacía acompañar de un amigo anónimo, acostumbraba a frecuentar el mundo de la prostitución parisina en aquellos años.



Pocas pistas más nos quedan sobre el extraño personaje. Se conoce que los originales de su extensa colección fotográfica incluían en su reverso un indescifrable código de números y letras, que traducen una meticulosa labor de clasificación. También se sabe que un Monsieur X octogenario, sintiéndose viejo, decidió vender algunas copias de su producción fotográfica (lanzó los originales al Sena) a un librero parisino al que escogió por su discreción y afición al erotismo. Sólo había una cláusula en su contrato de venta: su identidad no debía ser jamás revelada. Pero legó su devoción de toda una vida a quienes supo entenderían su secreto.




miércoles, marzo 18, 2009

Hans Christian Andersen: muerto sólo en apariencia

La única ambición de Andersen era la de convertirse en Digter, es decir, en escritor tenido en la más alta estima. A tal fin, escribió poemas, obras teatrales, novelas, libros de viajes y cuentos de hadas. Y como saben, fueron estos últimos – fruslerías, como él los llamaba- los que le permitieron alcanzar renombre mundial.

Se dice de Andersen que era un hombre alto y frágil, de cabello castaño, con unos pequeños ojos azules y una afilada nariz que dominaba todo su rostro. Sus brazos y sus piernas resultaban desproporcionadamente largos en comparación con su cuerpo, y sus pies eran gigantescos. Por la calle, los desconocidos se detenían y le señalaban con el dedo, llamándole ‘cigüeña’ y ‘farola’.

Cuando estaba de buenas, Andersen podía mostrarse sencillo, sincero, cariñoso e ingenioso. Cuando estaba de malas, alimentaba su fama de ser un autor presumido, irritable, pretencioso y terriblemente excéntrico. Sus ataques de depresión y sus tendencias hipocondríacas eran el producto de sus muchas fobias. Le aterraba tanto la posibilidad de morir en un incendio que, cuando viajaba, llevaba siempre una bata en la maleta para el caso de que se viera obligado a huir a un lugar seguro. Aterrorizado ante la posibilidad de que le enterraran vivo, pidió a sus amigos que le cortaran una arteria antes de introducirle en un ataúd. Ante cualquier indisposición, solía dejar una nota encima de su mesilla de noche en la que decía: “Estoy muerto sólo en apariencia”.


lunes, marzo 16, 2009

Sociedades Secretas Femeninas


A modo de introducción, comentar que las reuniones secretas de mujeres casi siempre están relacionadas con el misterio del nacimiento y los cultos a la fertilidad. Y son varias las cofradías secretas femeninas que han llegado hasta nuestros días y cuyos ritos comportan un simbolismo entorno a la fecundidad.

En las reuniones femeninas que se dan entre los mordovianos se excluye expresamente a los hombres, a las jóvenes no casadas y a los niños, cuya presencia está estrictamente prohibida. La insignia de la cofradía es un caballo de palo y las mujeres que lo acompañan son denominadas “caballos”. De sus cuellos pende una bolsa llena de mijo y adornada con bandas: la bolsa representa el vientre del caballo. También se añaden unos saquitos pequeños que representan los testículos.

Cada año tiene lugar el banquete ritual de la sociedad, que se celebra en casa de una anciana. Al entrar, las jóvenes casadas son golpeadas tres veces con látigos por las mujeres mayores, que les gritan: “¡Poned un huevo!”, y entonces las jóvenes casadas ponen un huevo hervido que sale de entre sus pechos. El banquete, al que cada miembro de la cofradía debe contribuir con viandas, bebidas y dinero, se convierte rápidamente en una orgía. A la caída de la noche, la mitad de la cofradía visita a la otra mitad (ya que cada poblado está dividido en dos partes). Se trata de un cortejo carnavalesco: las ancianas borrachas cabalgan caballos de palo y cantan canciones eróticas. Cuando ambas partes de la cofradía se reúnen, el alboroto es indescriptible. Los hombres no se aventuran a aparecer por las calles. Si lo hacen son atacados por las mujeres, desnudados y brutalizados, y deben pagar una multa para recuperar la libertad.


Fuente: Mircea EliadeMitos, Sueños y Misterios

miércoles, marzo 11, 2009

Jerusalem Duerme

Hace poco que tuvimos al eminente Dr. con nosotros. Entre tantas otras conversaciones circulares entorno al Ser (y no desde el punto de vista ontológico) surgió el tema del Blog/Blogger entre otros tantos. Quizás, algo inquieta por un comentario que leí a Carlos sobre la crisis de los blogs, hice surgir mis razones y argumentos.

El porqué de sentarse y no recapacitar ante la silla y el aparato informático es una atractiva pregunta que no sé si debo plantearme. No creo que deba pensar en ello, aún cuando lo esté haciendo. Reconozco que en sí el formato me resulta seductor, así también la posibilidad de lanzar mis interrogantes y paradojas al abismo, como si -y es una metáfora traída por los pelos-, sacara la ropa limpia para tender al barro.

El cuaderno virtual es un fetiche, y acaba convirtiéndose en sana costumbre para quienes llevamos desde la infancia rellenando diarios con nuestras incongruencias. Los demás duermen. Esa es la excusa. En realidad, si alguien atrapa aquello que escribimos será como descifrar un mensaje lanzado a la nada. Casi un milagro. Por lo tanto, casi no importa lo que diga aquí. Y dentro de un rato mis entrañas me dictarán otra cosa que quizá no comprenda, pero voy dejando señales. Para mí tal vez. Para despertar.

Mientras, ser consciente del tiempo y recaer en ello una y otra vez, realmente me conforta.

Un saludo, si hay alguien.



jueves, febrero 19, 2009

Cavalheiros Do Rei Arthur


Jorge Ben Jor - Cavalheiros Do Rei Arthur - 1985


miércoles, febrero 18, 2009

My Own ABC Record (1972)


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Lost Driver

En 1965, el prestigioso sello EMI tuvo la sabia iniciativa de publicar álbumes a precios más populares que la mayoría de lanzamientos de su amplio catálogo. Music For Pleasure fue el evocador nombre con el que se bautizó a esta filial, en la que se editaron tanto grabaciones originales como reediciones de elepés ya existentes. Asimismo, haciendo patente la voluntad de dotar de un carácter funcional a la música escogida -¿una inspiración para Brian Eno y su serie “Ambient”?- la mayoría de discos consistían en compilaciones de música popular y clásica, presentados como eso, recopilatorios pensados como una suerte de ‘grandes éxitos’ de cantantes, bandas o compositores diversos, más que ofrecer material anteriormente inédito.

De esta manera, en el subsello tuvieron cabida algunas obras realizadas expresamente para todos los públicos. Música placentera para ser disfrutada por melómanos en general, abuelos, papás y niños. Y fueron sobretodo estos últimos a los que se dirigían títulos como este “My Own ABC Record”de 1972, acreditado a Ernest y Rosemary Burden, junto a partituras originales a cargo de un tal Victor Graham.

Su bella portada nos invita a entrar en un mundo de fantasía, en el que cada canción –sumando un total de 26 temas- se identifica con una palabra, y tiene como protagonistas a animales, profesiones, objetos o medios de transporte que empiezan por cada una de las letras del alfabeto inglés. Se trata de un juguete sonoro más que de un disco al uso, llegando en algunos casos a ser interactivo con el oyente, con una bonita colección de episodios musicados en los que se nos describen momentos de la vida diaria, bajo la que subyace una función educativa.

Prestando atención a las palabras seleccionadas, podemos constatar el hecho –como me hizo notar mi estimada Aura- que estamos frente a un disco destinado más bien a infantes de posición acomodada o de clase media-alta, pues títulos como ‘Y de Yate’ o “V for Vacuum-cleaner” –es decir, aspiradora- reflejan un determinado status social. Al margen de esta reflexión personal, cabe destacar la rica imaginación empleada en lo que a orquestación y melodías se refiere. Hay momentos realmente enternecedores, y otros que resultan ciertamente mesméricos.

Y es que este tipo de obras, disfrutadas por un adulto, pueden resultar auténticas experiencias irrepetibles. Su escucha nos incita a viajar a nuestra propia infancia, y de buen seguro, en el caso de muchos niños anglosajones ya creciditos que pudieran disfrutarlo en su momento, reencontrarse con este álbum puede abrir las puertas a un aluvión de sensaciones y recuerdos. En definitiva, el poder que encierran muchas otras manifestaciones artísticas ante cuyo disfrute nos convertimos en exploradores de nosotros mismos.


Entren...

Lost Driver

lunes, febrero 16, 2009

¿Hay Música en los Sueños?


Descubro la timidez que aún puede serme arrancada. Un vestigio de un no sé qué desconocido que me pone en contacto con esa parte de mí que ignoro. La misma inexactitud e instinto que hace resucitar a los personajes cinematográficos en las escaleras.

El pudor me desconcierta y tranquiliza al mismo tiempo, y me retiene el tiempo justo en el exterior. Ese lugar imaginario en el que no sé como pervivo.

Las horas nocturnas en vigilia me llevan a experimentar "sueños despiertos", actividades dirigidas a controlar mis delirios, pero sólo a medias lo consigo. Sé que anteayer me encontré sobrecogida sumergiéndome en los mecanismos del sueño contemplando unos pájaros. Y no eran los pájaros, ni los sonidos que emitían, ni la pesadez estudiada con que movían las alas. Fue un reflejo en la luz fluorescente sobre las baldosas azules, o un agujero cubierto de humedades no catalogadas. Un momento de indecisión y de nublada incertidumbre que los rubores después borraron.

No tomo asiento entre las criaturas míticas, ni siquiera entre los espectadores que se creen verdugos, ni estoy en el celuloide ni con la cerámica azul. Me escapo de mi función, y por tanto, la sensación se hace dueña, y el acto se disuelve.

martes, febrero 10, 2009

El Circo del Dr. Lao

¡Oh, la Fantasía! ¿Podemos acaso compartirla? ¿Se conocerán algún día entre ellos los seres nacidos de padres desconocidos, de países tan remotos? En parte es posible, gracias a las mitologías, a esos catálogos de ciudades soñadas y criaturas dotadas de poderes inauditos. Pero eso, es sólo el inicio. Trasponer simbologías y lograr que los nuevos héroes hereden los valores de sus antepasados culturales es sólo un alto en el camino. El resto de la vereda nos queda libre para experimentar e inquirir.

La penetración, es otra cosa. El verdadero descubrimiento. El descorrer del telón ficticio que nos vendaba los ojos.

La irrupción de lo numinoso en lo cotidiano no debe quedarse en un mero disfraz. Tal vez por este motivo no pueda compartir muchas fantasías. No capte el tono exacto de otras voces. El sentido se me representa claro y diáfano, pero me pierde la intensidad, la mía, por supuesto. Los mensajes pintados sobrevuelan en los disfraces que citaba hace un momento, pero apenas me tocan. Resta aquello que otorga a los mitos su carácter eterno: el éxtasis. La catarsis.

Tampoco me subleva la crítica, siendo como es una medicina engañosa, un sustituto de una embriaguez a la que no suplanta. Digamos que no puedo acomodarme a una negación sin lograr la sensación. Me resulta extremadamente pobre. Tal vez un consuelo para quienes se atreven a introducir un pie en el agua helada y así después poder contarlo. Expresar, relatar, no es honesto si uno no se deja la piel y los dientes en las letras…

¿Cómo puede un autor denunciar la supuesta ignorancia de un Abalone, o una población cualquiera sin contar con la suya propia? ¿De dónde procede la sonrisa? Describir la silueta de una sirena como si nunca hubiera sido un híbrido de un ave, ignorar aquella entidad que la asocia al presagio de una muerte funesta, no es sólo un descuido. Es más que eso. Se convierte en una semilla que en su crecimiento borra parte de la memoria de nuestros muertos.

Y lo peor es que el terror desfallece. No nos asustan. No hay catarsis…

Y se preguntarán por qué les hablo de todo esto… Bueno, yo sé porqué lo digo.


miércoles, febrero 04, 2009

lunes, febrero 02, 2009

La Leyenda de San Dunstan y el Diablo


“And it is for trouth reported, that where this signe dothe appere, there the Evill Spirite entreth not”


El signo a qué se refiere la cita recogida por George Cruikshank y relativo a un sermón contra la brujería, se trata, cómo muestra la ilustración, de la herradura. De su uso como amuleto contra el Diablo y allegados, trata la historia del sagaz santo Dunstan, quien probó con creces su ingenio enfrentándose en varias ocasiones a las intrigas del maligno.

Del avispado abad, que llegó a ser arzobispo de Canterbury, se cuenta que pasaba sus días en una estrecha celda en la que estudiaba, trabajaba y tocaba el arpa. Y dícese de estas habilidades que logró conseguir gran fama como músico, miniaturista y herrero (por esta última de sus cualidades se le conoce como patrón de los orfebres, celebrándose su festividad el 19 de mayo).

Según la leyenda vinculada al santo, fue en la minúscula celda y en el ejercicio de sus dotes artísticas con el arpa, cuando por primera vez se le apareció el Diablo, quien es amigo de tentar a los santos y devotos en sus momentos de relax y abandono. Pero en esta ocasión, se alejó sin provocar mayor incidente.

No ocurrió del mismo modo en la segunda ocasión en que se acercó el Príncipe Oscuro, en la que se atrevió a tentar al tenaz santo en mitad de sus tareas como herrador. San Dunstan dejó que el Diablo se le aproximase lo suficiente como para agarrarle por la nariz con las tenazas ardiendo.



Y no contento con comprobar que el religioso se las traía, acudió en una tercera ocasión, disfrazado y acompañado de un caballo para confundirle. Pero el terrible Dunstan, distinguiendo la astucia, terminó por herrar al Diablo en lugar de al caballo, provocándole tal dolor, que se dice que desde entonces y bajo promesa, no puede presentarse en casa alguna que ostente el signo elegido.



“Then do not fail, great architect

Assembled wisdom to protect

From Satan's visitation

With horse-shoe fortify each gate

Each lion's paw; and then the State

Is safe from ruination”




domingo, enero 25, 2009

Un Angelo Per Satana (1966)


Una sola mujer, con sus pómulos cadavéricos y sus ojos enormes, puede abocar a un pequeño pueblo a la destrucción. Su sola presencia, acercar un pie demasiado a un lugareño, besar al enamorado de su doncella, enloquecer al mozo más fornido de la aldea y obligarle a quemar su casa con la familia entera encerrada en su interior. El poder de una cabellera negra y un contoneo de cintura. La lujuria, diosa de caprichos impacientes, unida a la ira y al deseo de venganza, son las armas más enérgicas que puede esgrimir una bella joven.



En los cuentos de horror gótico las pasiones desatadas son siempre el motor del terror. Lo terrible es entender que los deseos insatisfechos de una mujer endiablada, y poseída por el deleite carnal, pueden ser la causa de la muerte de niños inocentes o del suicidio de un honrado profesor que, de la noche a la mañana, pierde a su prometida y se hunde en el vicio. Es el horror de los pecados capitales, la supremacía de la bestialidad en un ámbito rural aparentemente apacible… No es de extrañar que en el transcurso de estas historias aparezcan personajes animalizados o de capacidad intelectual inferior involucrados en el argumento. Son el otro lado de las heroínas delicadas vestidas en terciopelo que dominan a su antojo a los varones, y doblegan su voluntad a través del placer y del miedo al abismo.



En “Un Angelo Per Satana”, Barbara Steel aparece espléndida como encarnación de la fatal Némesis que destruye con sus besos. Madura y sensual, estudiante inocente, cruel o ensimismada, interpreta a la perfección uno de esos dobles papeles tan habituales en sus películas de terror. Junto al habitual del spaghetti western, el brasileño Antonio De Teffè (o Anthony Steffen), quien llega a un pequeño pueblo para restaurar una estatua antigua que tiene un parecido asombroso con la heredera de los Montebruno, la Steel, cuya recién renovada presencia comienza a ser sospecha por parte de los supersticiosos aldeanos de que es una bruja reencarnada.



Una curiosidad de esta Vénus d'Ille, es quizás su amplio reparto. El realizador Camillo Mastrocinque no se ha limitado a contar su historia con cuatro o cinco personajes, sino que recorre varias historias paralelas para acabar abrazándolas a todas con los hilos de la muerte. Otro elemento a destacar, es el juego de apariencias que atraviesa la película, y que en un momento dado se aparta de los tópicos del horror gótico para adentrarse en territorios más detectivescos que dan una vuelta de tuerca a las previsiones del espectador.

De todas formas el arma sigue siendo Barbara, resplandeciendo en un blanco y negro contrastado que embellece aún más su perfidia.




sábado, enero 24, 2009

Educación Sexual

Elisabetta Leslie Leonelli


Una vez una joven, desnuda, se metió en la cama de San Bernardo mientras dormía. Notándolo el santo, cedió en silencio la parte que ocupaba en el lecho, y volviéndose de espaldas se quedó dormido.


No menos ilustrativa es la experiencia de San Antonio. En una ocasión el Diablo le tentó, presentándose como un perro lúbrico y no hemos de extrañarnos al saber que el santo no tardó en rechazarlo con la mayor energía...

miércoles, enero 21, 2009

La Jerarquía Astral


En el movimiento combinado de estirarme mientras me dejo caer de espaldas sobre la manta aparece una silueta al fondo, junto a la construcción. Acaso agita la mano, comunicándome desde su posible distancia algún tipo de complicidad. Aunque me sorprenda ligeramente, mi reacción apresurada es responder con un torpe estremecimiento de mis brazos. Tal vez ahora se asome a la ventana. Quien sabe si proviene de algún fotograma de la maldita obra de Dreyer que posee tanto poder para subyugar a los velados durmientes.

Me distrae una leve brisa que proviene de no sé qué ángulo de la imagen capturada. Vive sin necesidad de recurrir a mi presencia. Subvierte el orden establecido en el que debería de considerarme espectadora. Pero esta palabra es sólo un truco, entiendo, para no mirar. Discierno que si no espero puede suceder, y así surge naturalmente la existencia.

Del mismo modo me encuentro presa en el dormitorio de la casa, atada por la pesadez de un lecho que me impide incorporarme. Ahora el paisaje me pertenece, dada mi intrusión, y me otorgo el derecho de contemplarlo y recorrerlo desde el lado opuesto. Un arbolillo al fondo y un nuevo don adquirido, el de anticipar el flujo del acto. Conseguiré así que un leve movimiento de mi mano imprima en el aire las señales que transmitirán un impulso al desplazamiento de las masas de aire. Algún cuco se agitará entre la hojarasca y emitirá el débil sonido que me permita salir de aquel espacio.

Aunque me erijo en dueña del reino, comprendo que no puedo interferir, y la diferencia entre participar e interferir se hace aquí esencial. Si lo hiciera, sé que ellos podrían tomar represalias, y la paz me sosiega, me es confortable y necesaria. Tomo el camino, como si otra fuera la decisión, y al acoplarme a los surcos, me desligo de la antigüedad que quisiera perseguirme, alargando una nueva risa impenetrable.


lunes, enero 19, 2009

Apuntes Curiosos Sobre la Marquesa de Pompadour

Cuando sus numerosos pretendientes se acercaban a Jeanne Antoinette, ella, la que después fuera favorita del rey, los esquivaba con una risilla graciosa replicando que “únicamente el rey podría hacerla faltar a sus deberes de casada”. Y así fue para la dama que había sido educada con la perspectiva de convertirse en la amante del monarca.

Quienes la trataron la describían como “una mujer más alta que lo corriente, ágil, elegante y delgada. Su rostro formaba un ovalo perfecto. Sus cabellos eran más bien castaños que rubios, y las cejas del mismo color. La nariz, muy correcta; la boca, encantadora; blanquísimos los dientes, y la sonrisa, muy dulce; la piel más fina del mundo daba a sus facciones un insuperable esplendor. Los ojos ejercían una fascinación singular, acaso porque su color era cambiante, y sus variables matices les permitían expresar los distintos estados del alma. La expresión de su fisonomía se transformaba hasta el infinito, pero en su conjunto no se apreciaba jamás una nota estridente. Era muy dueña de sí; parecía personificar un modelo que representara el último grado de la elegancia y el primero de la nobleza. Una inteligencia maravillosa y una educación profunda hacían de ella la mujer más extraordinaria de su tiempo”.



También se decía que era una maravillosa conversadora y a su salón acudía lo más florido del mundo aristocrático y artístico del Paris dieciochesco, convirtiéndose la anfitriona en protectora de escritores y de los ilustrados de la enciclopedia.

Pero su ambición era convertirse la “maitresse en titre” y para tal fin usó de todas sus artes y ardides. Ayudada por su primo Binet, ayudante de cámara de Luis XV, se presentaba de improviso en las cacerías reales luciendo atuendos de lo más misterioso, o en Carnaval, envuelta en trajes de fantasía.

Incluso tras su entrada en Versalles, donde vivió entre 1745 y 1751, se cuenta que no había invención que no pusiera en práctica para mantener el interés del rey hacia ella. Cuando la pasión parecía adormilarse, la ya por entonces ‘marquesa de Pompadour’ se disfrazaba de coqueta campesina, interpretaba a las protagonistas de las obras de Molière u organizaba extravagantes orgías para sorprender a su amante.

La misma reina se acomodó a la situación, aceptando que “si es necesario que haya una amante prefiero a la Pompadour a cualquier otra” y llegó a convertirse en su dama de honor. Extendió su particular estilo galante y artificioso en el vestir, así como en la decoración y se rodeó de los artistas más celebres del momento para que trabajasen en sus diseños en Versalles.



Así fue la vida de la plebeya que todo lo tuvo, gracias a su implacable voluntad. Cuando su aspecto físico se vio deteriorado tras la muerte de su única hija Alejandrina, y el rey pareció relegarla, se dedicó a surtir de jóvenes amantes al rey, y organizar sus citas, de tal modo que nunca se aburriera con la misma mujer por una excesivamente prolongada compañía. Mientras, la Pompadour, se adentraba en la vida política de la Corte, nombrando ministros y distribuyendo cargos. Interviniendo en las finanzas e incluso en los planes militares.

Sus aventuras la llevaron a vivir experiencias truculentas, como en una ocasión en que, acompañada del Conde de Saint-Germain, célebre brujo y nigromante, fue espectadora de una misa negra en las catacumbas de Paris, que fue interrumpida por las fuerzas policiales. Pero de aquello… no queda rastro alguno.

La que había simbolizado el esplendor de una era, previendo su fin, y contagiada de tuberculosis, se quiso enterrada sin ceremonia en la cripta de la Iglesia de los Capuchinos de la capital francesa, desacreditada por la aristocracia y odiada por todo un pueblo que imitó, en vano, sus excesos y faustos.