martes, agosto 17, 2010

Usher


“Soñar ha constituido el fin de mi vida. Por eso he construido, como ve usted, este lugar para los sueños”

Escojo esta cita de Poe, no al azar, ya que sin duda la cinta de Jean Epstein es deudora del esteticismo que encierra la frase. Del mismo modo, mi método para escoger películas también debe a la sentencia del escritor de Boston. Doy preeminencia en mi butaca a los impactos sensoriales y a la belleza de las imágenes, esas imágenes que permanecen en mi retina mucho después de la contemplación estética y transcurren solitarias en mi vigilia portadoras de significados intrínsecos, novedosos, que el primer visionado quizás no reveló. Esas imágenes que pasan a formar parte de mi bagaje personal para el ensueño.


Jean Epstein debía tener similares inclinaciones, ya que en “La Chute de la Maison Usher” hace suyas las ideas de Roderick Usher en el relato, quien seguía las teorías sobre la materia del Doctor Percival o el obispo de Landaff al afirmar la sensibilidad del reino de lo inorgánico. También en la mansión de Epstein la colocación de las piedras, el orden en que fueron colocadas, los árboles que circundan la casa y su reflejo en las aguas del estanque responden a una existencia subterránea y corrupta que en este caso, contagia de una oscura melancolía a los moradores, emponzoñando su alma y llevándolos a las locura. En Usher la naturaleza y el mencionado reino de lo inorgánico poseen al hombre, y el verdadero acierto de la película de 1928 consiste en reflejar fielmente este rasgo romántico de la obra de Poe que otros autores han simplemente apuntado. En “La Chute de la Maison Usher” cada elemento de la casa al que el escritor supo diferenciar e insuflar vida en el papel, ha sido fielmente retratado.


Y no es la única virtud de la cinta la de ofrecernos una galería del imaginario poeiano. El guión firmado por Luis Buñuel excava en el universo de la obra literaria, añadiendo otras conocidas historias a la narración de la caída de la casa maldita. Sin duda, para resaltar la filiación esteticista de la versión, escogen “El retrato oval” y su obra perfecta inacabada, o continuando la labor arqueológica convierten a Madeleine Usher en esposa de Sir Roderick, como casi apunta el narrador al citar al inicio del relato la consanguinidad de la estirpe Usher. El cuidado guión se convierte así en un homenaje a la fuerza evocadora de las imágenes de la narrativa poeiana, y a esta intención responde el que la mujer (o mejor dicho la muerta) se desarrolle como un mero pretexto poético, o que la demencia del protagonista se destaque como elemento estético perturbador.


“C’est la qu’elle est vivante!” Podríamos decir de Madeleine, de los objetos, de la mansión Usher, y de la película misma.



8 comentarios:

Ezra dijo...

Uno de mis cuentos favoritos de Poe. Felicito su exquisito gusto fílmico. A cambio, le recomiendo los cuentos completos de Poe de Alianza Editorial, con traducción y un bello y conmovedor prólogo a cargo de Julio Cortázar. Un abrazo.

Aura dijo...

:) Ya tengo esa edición, de hecho, tengo varias... Gracias.

anarkasis dijo...

no es lo mismo pero me voy "poner en las alforjas" una versión de 1960 y que dada la tasa de trasferencia igual consigo verla el año que viene, así que ya te cuento luego

Möbius el Crononauta dijo...

Hecho de menos a Vincent Price

elpablo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
elpablo dijo...

qué peliculón!
atensión, ANÉCDOTA! resulta que buñuel hijo se pasa por málaga de ves en cuando, rollo festivales, conferensias y tal. en un aparte, el tío contó ofderrecor que lorca le dijo a buñuel que le presentara a epstein, que le volvía loquito con el pelaso que tenía! ahora, lo que no sé es si al final quedaron pa tomar un café, o dar un paseo, o algo..

Möbius el Crononauta dijo...

Dioxxx que dolor a los ojos... echo, sivuplé

Aura dijo...

¿Dolor a los ojos? ¿Por qué motivo?