miércoles, julio 28, 2010

El Oscuro Objeto


Así se titula el capítulo 18 de "Middlesex" tras haber pasado ya el meridiano de la novela. En él, una joven Calíope está a punto de descubrir un pequeño pene escondido entre los pliegues de su vulva y a descubrir también al objeto de deseo que marcará toda su adolescencia.
Verán, el encuentro sucede así. Nuestra protagonista, Calíope, lee en clase un fragmento de la “Ilíada” relativo a la diosa Afrodita:
“Era la una. El letargo de después de comer flotaba por el aula. Fuera, el cielo amenazaba lluvia. Llamaron a la puerta.
-Disculpe, Callie. ¿Podría parar un momento, por favor? -El señor Da Silva se volvió hacia la puerta-. Adelante.
Al igual que mis compañeras, alcé la vista. En el umbral había una chica pelirroja. Dos nubes se encontraron en lo alto, patinaron y, dejando escapar un resplandor, siguieron su camino. La luz cayó sobre el tejado de cristal del invernadero y, pasando entre los geranios suspendidos, realzó el fulgor rosado que ahora, como una especie de membrana, envolvía a la recién llegada. También es posible que el sol no tuviese nada que ver, sino que se tratase de cierta intensidad, de un fervor, de mi mirada”
A partir de esta revelación, Callie, la hermafrodita, muestra en el desarrollo de la narración un interés que define como “zoológico” hacia la nueva compañera de clase: sus explosiones de pecas, su forma de caminar arrastrando los pies, su desgana, sus labios finos, su mirada ausente… El encuentro lírico evoluciona hacia el despertar sexual, y la pelirroja se establece en la memoria sentimental de él/la protagonista hasta la edad adulta, evocando su recuerdo, imágenes de una belleza agridulce y fantasmal.
La pelirroja no llega a tener nombre. La conoceremos como el Oscuro Objeto, así la bautiza Callie años después de que perdieran el contacto. Ya convertido en Cal y destinado a a Madrid, ve en un bar “Ese Oscuro Objeto del deseo” y aunque no logra entender la mayor parte de los diálogos del film, le cautivan las escenas en que se ve a Fernando Rey con un pesado saco cargado al hombro: en el restaurante, en el parque, cogiendo un taxi, etc. Así interpreta Cal el recuerdo que le persigue, “como si llevara a cuestas un peso o una carga desconocida y misteriosa”
Cuando ideé mi Tumblr como una caja de fotografías virtual en la que rescatar fulgores en los que quedara apresada una parte de mi Objeto, no dude en bautizarlo así. Creo que lo entenderán fácilmente.

domingo, julio 25, 2010

Tu vida en sociedad

El libro que nos ocupa, se publicitaba en los periódicos en abril de 1974 como una guía moderna y práctica de la vida social. El librito glosaba, a modo de diccionario, el protocolo considerado más adecuado ante situaciones tan variadas como propinas, vestuario, conciertos, bailes, etc. Todo ello amenizado con ilustraciones, entendemos que ejecutadas por mano de la escritora que firmaba la obra: María Marco.
En el prólogo a la edición se hace hincapié en que independientemente de las modas acerca de la urbanidad, hay una serie de comportamientos que demuestran el ‘savoir faire’ del individuo y la guía ante la que nos hallamos se precia en ser una ayuda para la amplia clase media en su desenvolvimiento dentro del ámbito social.
Como pueden suponer, hoy en día “Tu vida en sociedad” resulta desfasada, demodé, y tal vez por eso y cómo indicaba ya la autora en su momento, es posible que sólo sirva para provocar la risa en sus descendientes.
Aquí un botón:

GAFAS

Que las gafas se emplean para ver mejor es una explicación obvia, pero es necesario confirmarlo porque algunos las consideran como un adorno para la cara y exhiben monturas vistosas y de pésimo gusto. Los lentes clásicos serán siempre y en todos los tiempos los más elegantes.
Las gafas hay que llevarlas en su sitio, en el caballete de la nariz; mirar a una persona por encima de los lentes es signo de escasa educación y nada puede justificarlo. Y las señoras que teman perder sus preciosísimas gafas que no recurran a los feos y antiestéticos collares de cadenita; procuren, simplemente, no ser tan distraídas.
Las señoras miopes que utilicen impertinentes deben recordar que no han de emplearlos para mirar de arriba abajo a las personas. Aunque no les pase por la imaginación la más mínima intención de ofender, la persona a quien se examina de esta forma resulta intimidada y no piensa en la miopía, sino que con justicia se resiente de lo que le parece un gesto de altivez.

miércoles, julio 21, 2010

Summer Dream


Il dolce far niente... El verano es temporada de incubación, de madurar quimeras y extenderlas cual redes invisibles contra la noche estival. Estas horas de la noche son los únicos momentos del día que recobran su pátina de realidad, ya que durante las horas diurnas el tiempo se detiene y, en letargo, consumimos píldoras de sueños.
La larga estación no nos deja espacio para la acción, pero sí para grandes descubrimientos. Esas píldoras de sueños nos entregan filmografías variopintas, de cine mudo, del cine precioso de arma blanca y de cine de muñecos (estas han sido mis elecciones). También transitan bellas muchachas en flor en mi panorama veraniego. Damas ligeras de ropa. Starlets y piernas recortadas de revistas. Incisivos ligeramente separados. Cabezas cortadas de muñecas.
De las casas vecinas también parece haberse adueñado la calma. Por todas partes late un silencio engañoso, a la espera de que llegue el momento preciso. Mientras, dormitamos, espiamos las idas y venidas del tipo de al lado o tomamos un nuevo comprimido vía oral que nos salvará de los restos de la tarde. Un nuevo hallazgo para comentar cuando los muertos regresen.
Pese al tono melancólico del escrito, no me pesa el tiempo: me deleita reflexionar sobre mi lector ideal, del que algún día les hablaré, o sobre la espuma de los días, los encuentros que nunca fueron o el parloteo de los árboles.
Pronto más.

lunes, julio 12, 2010

Los escarceos amorosos del Diablo


Cuaderno de actos comprobados de brujos. Documento de la inquisición de Navarra. 1613.

En dicho Cuaderno publicado por Florencio Idoate en 1972, un tal Miguel de Goyburu dice que “cuando el demonio le conoció la primera vez sométicamente (sodomíticamente) le salió sangre y cuando fue a su casa y a otro día lo echó de ver en la camisa”.
Gracia de Ameçada declara que “el demonio los conocía a todos carnalmente, a los hombres por detrás y a las mujeres por ambas partes, y que también se mezclan en actos deshonestos los unos con los otros. Y que cuando a ella la conoció carnalmente el demonio la primera vez era doncella y la desfloró sintiendo mucho dolor. Y le salió mucha sangre que llevo en la camisa a su casa, y al día siguiente la tenía y vio en ella”
Muchas veces, continúa el Cuaderno, “el demonio, fuera de los aquelarres, trata y comunica carnalmente con los brujos y para ello se les aparece en cuerpo y talle de hombre negro y feo“.
En el mismo Cuaderno hay tres declaraciones de monstruosa apariencia. Catalina Porto dice que “de los actos que tuvo con el demonio se empreñó cuatro veces y cada una de ellas le duró el preñado dos veces. Y la primera vez parió tres sapos, con harto dolor, como si pariera alguna criatura”. Maria de don Esteve asegura “que la primera vez que el demonio tuvo acceso con ella, después que fue bruja, la empreñó y estuvo muy mala del preñado, hasta que un día parió un sapo… del tamaño de un perrillo cuando nace, y tenía el vello rojo y cola, y el rostro ni era de persona ni de perro, y quería parecer ambas cosas, y tenía alguna semejanza a la cara del demonio del aquelarre”.

domingo, julio 04, 2010

Demodé


No soporto las multitudes. La confusión de voces me fatiga. Por estos motivos rehúyo salir y amueblo mis paredes con imágenes queridas. Ahora adopto un jarrón, tal vez más tarde me interese desempolvar plumas verdinegras de gallo. Ce sont mes amis. No comparto el interés de mis convecinos por los viajes, tal vez porque viajo continuamente. No existe paraíso más dichoso que mi espacio diseñado para el viaje, que mis amados objetos.
Lo más divertido es que mi obra nunca termina. Mi gran sueño sería hacerme con un émulo de Charlie McCarthy, con quien poder conversar sobre materias elevadas. Mientras tanto, no me importaría conseguir un maniquí al que disfrazar de Cleopatra. Tengo pocas amigas. Desde niña siempre he querido poseer uno de esos espejos de los cuentos infantiles, a los que uno se asoma con reverencia y puede ocurrir cualquier cosa tras escudriñar su superficie borrosa (tiene que ser borrosa). Y relojes, muchos relojes dando la hora desde cientos de rincones, con sus mecanismos animados y sus pájaros parlantes.
Jaulas conteniendo caprichos de lo más diverso y frascos de cristal de todos los colores, para volverme loca con la danza de sus reflejos. Una orquesta de monos autómatas. Un techo adornado de farolillos chinos. Ojos recortados de revistas en las paredes. Máscaras y más mascaras. Muñecos malditos.
Así... estoy en paz.

jueves, julio 01, 2010

Dorothy Eady o la sacerdotisa Bentreshyt


Hoy voy a narrarles una extraordinaria historia acerca del regreso de una sacerdotisa egipcia del templo de Isis a la Inglaterra del siglo XX. Tómenla como si se tratara del argumento de una novelilla barata de momias y resurrecciones, aunque no voy a falsear ningún dato de los que he recogido al respecto.
Dorothy Eady nació en Londres en 1904. A la edad de tres años cayó por las escaleras de su casa de estilo victoriano y el médico que la atendió allí mismo aseguró a sus padres que Dorothy había muerto. Muerte clínica, la llaman: pérdida de las funciones vitales. El estupor vino después, pues Dorothy revivió y a las pocas horas de su aparatoso accidente, ya volvía a jugar tranquilamente con sus muñecos. Pero la niña trajo algo consigo de los largos túneles. Sus sueños cambiaron, y por las noches soñaba con un jardín de árboles frutales y un templo con muchas columnas.
La pequeña Eady guardó sus visiones para sí durante algún tiempo, aunque a veces decía a sus padres que aquel no era su verdadero hogar. Pero tal vez no fue consciente del sentido de sus visiones hasta más tarde, y a raíz de dos acontecimientos. El primero fue la visita al Museo Británico. Al entrar en la sala de arte egipcio, se separó de sus padres y corrió a besar con verdadero fervor los pies de las estatuas egipcias que allí se encontraban, para asombro de sus progenitores. El segundo mensaje del destino sucedió al encontrar una fotografía en un periódico del templo de Osiris en Abydos, en la que reconoció su hogar ansiado, aquellas amadas imágenes que se le aparecían en sueños: el templo, los jardines.
La historia continua en forma de obsesión para Dorothy, los sueños ya no sólo aparecen por la noche, sino que comienza a tener alucinaciones en estado consciente, e incluso recibe visitas de un espíritu llamado Hor-Ra que le ilustra sobre su verdadero origen. El amante de su vida pasada, Seti I, también se le aparece y vuelven a tener comercio carnal.
Así se suceden los días de Dorothy, recibe llamadas del más allá y recoge a través de escritura automática descripciones de su vida pasada que traspasa a un manuscrito de 70 páginas. Como no podía ser de otro modo, el mundo egipcio se convierte para ella en obsesión, y cómo todo estímulo poderoso, posee su alma y su actividad diaria hasta que sus pasos la llevan a su hogar y se reconcilia con su identidad, cambiando su nombre por el de Omm Seti.
La historia es larga y pueden curiosear los avatares de la vida de Omm Seti en muchísimas fuentes de Internet: su aportación a la egiptología, sus hallazgos arqueológicos. Toda esta información está fácilmente disponible y no necesitan que les realice un informe. Tan sólo quería llevarles de la mano conmigo a aquel día en que Dorothy cayó por las escaleras de su casa victoriana y esperar con ustedes a que la niña levantara y reanudara sus juegos. Tan sólo eso.

domingo, junio 27, 2010

El Mundo Imaginario


Hace unos días, a resultas de iniciarme en la introducción de un libro de bolsillo, encontré la siguiente dedicatoria: “El presente libro está dedicado ante todo a aquellos que tal vez reconocerán un trozo de su propia vida en los seres sobre los que escribo, con los que me he encontrado y en cuya proximidad he vivido cierto tiempo. A aquellos que recuerdan nuestras expediciones comunes contra la angustia omnipresente que iba creciendo dentro de su personalidad, germinando a partir de las grietas de las contradicciones insolubles y de la amenaza de un mundo transformado en algo hostil. A aquellos que me han enseñado a comprender sus evasiones a los refugios que proporcionan las ensoñaciones y con los que tuve la posibilidad de vivir tanto los titubeos como el esplendor de los retornos”.
El hecho que el libro en cuestión esté dedicado a los enfermos de personalidad esquizoide o esquizofrénicos carece de importancia. Podría haber encontrado el mensaje de igual modo en una caja de cereales y le habría conferido la misma admiración. Se trata del mensaje, no del mensajero. Se trata de ir enlazando las pistas que he ido recogiendo, una vez han sido lanzadas al aire por los hados. En una tragedia griega, tal vez serían los personajes del coro los que impondrían comentarios sobre los reveses de mi fatal sino, pero en estos años, priman las señales de los letreros luminosos, de las notas garabateadas en libros de segunda mano y sobre todo, los mensajes secretos que algunos artistas grabaron en sus obras inmortales.
Como Eva Syristova, la autora del libro antes mencionado y de su poderosa dedicatoria, quería dedicar estas líneas escritas al azar también a “aquellos” y a vosotros, los que compartís ensoñaciones. Gracias.

* La imagen sobre estas líneas corresponde a “The Rubaiyat of Omar Khayyam“, ilustrado por Ronald Balfour.

jueves, junio 24, 2010

El Sueño en el Templo


Qué bello sanar durmiendo… En los llamados “Templos del Sueño” se practicaba una de las disciplinas más curiosas de la medicina antigua, con métodos parecidos a los que se utilizan en la hipnosis. Esta técnica también era conocida como “incubación” y consistía en provocar el sueño en el paciente en el interior del templo destinado a tal fin, durante el cual, el dios se le aparecía para indicarle el tratamiento a seguir para mejorar su salud. Por lo que he leído, es muy probable que los enfermos tomaran, además, alguna pócima que les facilitaría el sueño o les produciría alucinaciones que eran interpretadas como prescripciones ‘médicas‘.
Si tratamos de acotar el período de máxima popularidad de esta práctica, se podría decir que tuvo su mayor auge en el mundo grecorromano, entre el s. VI a.C. y el S. VI d.C., período en el que esta medicina onírica se practicaba en los santuarios de los dioses sanadores, y como explicaba antes, consistía en que los enfermos pernoctasen en estos templos con objeto de obtener el sueño sanador, durante el cual, el dios en persona se aproximaba al enfermo para ejercer su acción terapéutica o le indicaba un tratamiento para que recuperase la salud.
En el Santuario de Esculapio en Epidauro, templo al que acudían enfermos de todo Grecia, no se exigía un protocolo excesivamente rígido para tener acceso a sus salas de curación. El paciente debía purificarse con un baño de agua fría y hacer una ofrenda al templo. Los enfermos dormían juntos en una sala reservada del templo, el adyton al que sólo se permitía la entrada a los ‘incubantes’. Estos dormían en el suelo, y las grandes serpientes amarillas de aquella región, inofensivas, y símbolo de Asclepio, reptaban entre ellos, contribuyendo al ambiente de misterio ¡Qué hermosa imagen!
Durante el sueño, Asclepio se aparecía a cada uno de ellos, pero en estas revelaciones no ocurrían fenómenos inquietantes o terroríficos, únicamente, la divinidad se presentaba al enfermo y realizaba ciertas operaciones sobre su persona, como consecuencia de las cuales, el paciente despertaba curado. En otras ocasiones, Asclepio indicaba al enfermo el tratamiento a seguir y las ofrendas que debía realizar. Todas las curaciones eran registradas en las lamata y cuidadosamente guardadas en el archivo del templo.
Si les interesa el tema, pueden acudir al “Pluto” de Aristófanes, en el que hallarán una descripción detallada del sueño curador de la ceguera a la que fue condenado por Zeus.

sábado, junio 19, 2010

Marlene y “The Savage”


Cuenta la hija de la artista en la imprescindible biografía “Marlene Dietrich por su hija Maria Riva” que adonde fuera la Dietrich iba el muñeco negro de fieltro al que llamaba “el salvaje“ y que fue su amuleto de buena suerte durante toda su vida. Se convirtió en una de sus posesiones predilectas y durante los rodajes de sus películas, siempre estaba con ella, sentado en su mesa de maquillaje. Considerando que la estrella era bastante descreída en cuanto a la existencia de cualquier poder que no fuera el suyo propio, es cuanto menos, curioso, que manifestara tanto apego a aquella figurita de ojos grandes.

La primera mención que se hace al ‘salvaje’ en la biografía de Maria Riva es durante la grabación de “The Blue Angel”. Una madrugada la Dietrich, desesperada, entró bruscamente en la habitación de su hija y empezó a revolver en su cajón de juguetes acusando a la niña de haberle cogido su muñeco. Tras indicarle la niña que lo tenía su padre porque le estaba arreglando la falda de rafia, Marlene corrió a buscarlo y así pudo acudir al rodaje con el muñeco negro firmemente apretado bajo el brazo.


Durante la filmación de “Morocco” Josef von Sternberg le regaló otro muñeco hecho por Lenci, un chinito, también de fieltro, con pelo negro de verdad, sombrero de paja puntiagudo y zuecos de madera. A partir de ese momento, los dos acompañaban a la estrella en su camerino y aparecen en dicha película y también en la siguiente que rodó la alemana, “Dishonored“.

Explica también Maria que cuando realizaba algún viaje, la Dietrich siempre temía que una caja incluida con especial cuidado en su equipaje fuera robada, en ella constaba la etiqueta “Muñecos Dietrich”. Y aunque la etiqueta estuviera escrita en alemán, el temor de Marlene tal vez no era injustificado, ya que sus muñecos no eran sólo sus mascotas, sino estrellas famosas por derecho propio que se exhibían en la mayoría de escenarios de sus primeras películas en Hollywood.

martes, junio 15, 2010

Malpertuis (1971)


Déjenme contarles un secreto: todavía estoy en Malpertuis. Todavía permanezco en la casa maldita, “mal paso” o puerta al infierno. ¿Cómo no quedar atrapado en la espiral temporal que representa la película? ¿En su alma laberíntica, formada por escaleras que dirigen al inconsciente y por puertas que nos hacen enfrentarnos con el reflejo de un espejo? El amor, la carne y la muerte acechan tras pasadizos secretos o cortinillas de colores. Es imposible resistirse al poder de la magia y la fantasía, y como obra fílmica que desarrolla las estructuras internas de ambos conceptos, Malpertuis es insuperable. Una verdadera “maravilla” que transforma al espectador en actor, para llevarle de la mano por los pasillos de la psique humana: su miseria, sus grandezas; y así de lo más alto a lo más bajo, transcurre la experiencia de Malpertuis, que consigue abolir las nociones de tiempo y espacio.


Esta imagen deudora del surrealismo de De Chirico nos introduce en el universo propio de la película y del mismo modo, nos regala algunas pistas sobre lo que viviremos, y hace de resumen de la aventura. Un periplo. Podemos separar los objetos que aparecen en ella y aislarlos, como conceptos a desarrollar, podemos pasar del busto a la esfera, y luego a la hoja… o llevarlos con nosotros, a modo de amuleto, en el viaje de galerías solitarias que revela la influencia del pintor griego de padres italianos. Pero Giorgio no es el único padre, durante la travesía pueden encontrar huellas de James Ensor, o por supuesto, de Cocteau, pero considero que se trata de pistas siempre legítimas.


He leído algunas páginas sobre el film de Harry Kümel, críticas cinematográficas, pero no las comprendo. Se detienen en disertaciones sobre el argumento, el guión o los actores, analizando las piezas del puzzle de Malpertuis. No es posible. Y por una razón muy simple, la “Leyenda de la Casa Maldita” es una pura obra del fantastique, y como decía antes, si lo quieren, una reflexión sobre sus mecanismos, un manojo de llaves y revelaciones. No hay discurso posible, sólo una vivencia personal y en extremo intensa. ¿Acaso puede alguien explicar sus propios monstruos? Tal vez si hay alguna posibilidad de valorar Malpertuis desde fuera de la trampa, es rememorando el tono que hace específica la película, dicho de otro modo, la forma de vestirla -su mise en scène-. Y he aquí como el autor nos sorprende (y se aleja de la novela de Jean Ray) con el placer por lo grotesco: con sus estampas de vodevil y de circo, con la mascara en todo momento, con el cartón piedra y los decorados que son simulaciones de habitaciones que no existieron ni podrán existir, salvo en nuestra mente creativa, y en la de Cassave.

Por supuesto, si no han gozado de ella, les voy a pedir que entren en la casa. Como bien se dice allí: “si no creen en ellos no hay nada que temer“, así que no pierden nada.

viernes, junio 11, 2010

Tórtola Valencia

“Mis danzas son pedazos de belleza arrancada a la muerte”

No sería necesario añadir más comentarios a esta sentencia de la guapa andaluza. La cita, ya de por sí resulta definitoria: representativa del aura que emanaba la bailarina de danzas exóticas, pero también del clima decadente que perfumaba la Europa de las primeras décadas del siglo XX.

Tórtola Valencia es un icono de una época, una discípula de Isadora Duncan que nos hace remontarnos a noches interminables en tugurios o music halls, noches peligrosas en las que bebíamos champaña barato y nos rodeábamos de falsos fastos y oropeles. Una época que nunca existió, como todas aquellas vivencias hermosas que al recordarlas nos parecen irreales.


Les hablo acerca de la “Bella Tórtola” ahora, evocándola como compañera de correrías de Luis Antonio de Hoyos y Vinent y para que se aventuren en la lectura de “Aromas de nardo indiano que mata y de ovonia que enloquece” colección de cuentos de tinte erótico y fantástico que presentamos en librerías el pasado mes de abril a través de la nueva colección editorial “La Rosa Secreta”, de la cual, escojo los volúmenes e ideo el diseño. No escondo pues, que con esta entrada pretendo hacer propaganda a la colección de relatos del marqués de Vinent, pero no es sólo eso, también me mueve la reflexión sobre aquellos días gloriosos que he vivido como lectora, y el amor a la personita de la bailarina.

Me fascina la mezcolanza que la diva representa de folclore y exotismo, de gracia castiza y de saberes ocultos. Esta mi damita, de inventado pasado, de presencia turbadora, no conocía dueño, ni ascendentes. Adquirió la mayor parte de sus vastos conocimientos por sí misma, ya que era una incansable lectora, y de sí, también provenían sus danzas inventadas: la danza de la serpiente, la danza del incienso (qué nombres tan evocadores, ¿no creen?) resultado de sus incursiones en las danzas africanas, árabes o indias. Los poetas la amaban, sus amantes se rendían a sus pies, pero sólo una mujer catorce años menor que ella, Angelita, consiguió retenerla a su lado hasta el fin de sus días.


La Tórtola como personaje me atrae irresistiblemente, pero la Tórtola tras la seda y las joyas, aún me interesa más. Esa fémina salvaje que iba armada con pistola para defenderse de los hombres. La coleccionista de arte precolombino que consiguió reunir unas doscientas piezas de dicho estilo en su casa, curiosas ofrendas funerarias a los dioses, procedentes de los templos y rituales. Musa de ojos verdes y afición a la morfina. ¿Qué fue de ti?

martes, junio 08, 2010

Io Sono Anna Manni


El arte de la pintura es repugnante. Me agota, me subyuga, me exaspera. No puedo mirar, pero debo. La curiosidad es mucho más poderosa que ese atisbo de voluntad que conservo. Me refiero a la voluntad puramente física, por supuesto.


Durante siglos, esas imágenes han acumulado poder y más poder, ecos de las miradas que han quedado cautivas en sus entrañas. A través de sus hendiduras se ha abierto la puerta, la única puerta, esa que hemos encontrado tantas veces de improviso, en un rincón de la maleza, o en una mirada ida. Porque la locura es la clave y si no quieren llamarlo locura, llámenlo descontrol o caos… o abismo.


Lo que tengo por cierto es que contemplar obras de arte detenidamente como pasatiempo conduce a una enfermedad, indefinida, de más amplias consecuencias que el Síndrome en sí. Yo la padezco. Estoy atrapada en pigmentos que semejan carnaciones, en jirones de piel confeccionados de manchas blancuzcas y verdes, en plantas que no son plantas pero podrían serlo, podrían ser cualquier cosa que quisieran, formas que se retuercen y me llevan al paroxismo. Sí, se ríen, llenan de voces mi cabeza, o su silencio, me enerva, deliberadamente. Esos artefactos, son un mal remedio para quien necesita de consuelo, el mal que inoculan no tendrá jamás cura, mas al contrario, arrastran una larga convalecencia, de la que sólo se sale en breves intervalos, para coger aire. Para no entender la realidad -ese concepto tan equívoco, ¿no es así?-.


Creo que fue en una novela de Joan Perucho (mi memoria me falla), en que se hacía referencia a una especie de leyenda, de la que no he vuelto a tener noticias. Se decía que muchas de las personas que habían poseído algún grabado original de Piranesi, habían acabado volviéndose locas. No puedo comprobar la veracidad de la leyenda, ni siquiera recuerdo la fuente, pero el recuerdo de esta historia, o en su defecto, su invención por mi mente atribulada, me confirma el mal del que Dario nos cuenta en esa película, que tributa al maestro Hitchcock, ¿por qué sino Scottie seguiría a la rubia Judy Barton al museo?

Ambos perversos van más allá y asocian el mal de la contemplación de la “bellezza” a “Ese Oscuro Objeto”… pero, creo que ese es otro asunto, que obviamente y dada mi condición femenina no puedo acabar de comprender.

viernes, junio 04, 2010

Un Revulsivo


Debe estar a punto de ocurrir un crimen. Por aquí cerca. Siempre sucede de ese modo en los thrillers. La vida del protagonista se desliza en una placidez cristalina hasta que aparece un cadáver. Un charco de sangre. La querida escarlata que lleva consigo tantos rompecabezas…
Hay un perfecto mecanismo liberador en los crímenes que uno contempla, que uno desmenuza, que uno anticipa. No recuerdo en qué lugar leí que Agatha Christie utilizaba en sus novelas técnicas literarias similares a las que usan los hipnotizadores. ¡Qué juegos tan encantadores cultivaba la dama inglesa! Tal vez de aquí a unas horas, en la escalera, encontraré tirado un cuerpo. ¡En qué de avatares me veré envuelta! Apasionante, ¿no es así?
Por el momento, el té de la tarde y la mermelada me sirven de sustituto. También los cuentos ilustrados. El Diccionario y el viejo gramófono. ¡Qué inseparables compañeros!
Mientras, ustedes… conocen alguna de las pistas que necesito, y callan. Siempre lo hacen. Eso me entristece. A no ser que también tengan algún cadáver en el armario. En ese caso les disculpo. Vamos a la par.

lunes, abril 13, 2009

Mabel Collins “Historia de una Maga Negra”


«Este libro ha sido titulado “Historia de una maga negra”, porque en él se narran las luchas y los errores de una extraña mujer que, habiendo sido maga negra, se esforzó, sin embargo, grande pero ciegamente, en pertenecer a la hermandad de la Magia Blanca estudiando y practicando el bien en lugar del mal. Fleta, la heroína de esa lucha, quien en su inmediata encarnación anterior adquirió por si misma poderes egoístas, convirtiose en una maga negra, empleando prácticas ocultas en provecho propio, para fines egoístas. La veremos en el primer capítulo esforzándose en atraer hacia ella, por medio de sus artes, al compañero de muchas de sus pasadas vidas… Y lo hace porque así le atrae a la vez bajo la influencia de Iván, quien, perteneciendo a la Blanca Hermandad, había tendido hacia ella su mano llena de profunda compasión. Su objetivo al comenzar su gran obra ocultista es salvar a los demás, especialmente a aquellos a quienes injuriara en otros tiempos. ¡Pero por qué terribles experiencias atraviesa ella y los que la rodean, en sus tentativas! La veremos caer en sus antiguas prácticas negras y en el uso de sus antiguos poderes, como veremos a Horacio arrastrado por sus sentidos y sus pasiones. Fleta olvida que la flor del Loto no puede florecer sino en el propio espíritu; pero lector, no juzgues a Fleta; no juzgues sus relaciones con la Blanca Hermandad, mientras no hayas presenciado el término de su agitada vida, en tanto no hayas oído el eco de la voz de Iván, cuando dice últimamente: “Entra.” »


Estas son las palabras que encontramos en el prefacio a la novela de Mabel Collins, redactadas por la propia autora, además de revelar como indicación a los lectores que mientras lean la historia, acepten como un hecho la teoría de la reencarnación de las almas.

Aunque la fotografía que ilustra el libro pueda inducirnos a creer que nos encontramos ante una novela de la era de acuario, -gracias a esta reedición de 1976-, la realidad es que nos encontramos con la obra de uno de los más célebres miembros de la Sociedad Teosófica, alumna de Helena Blavatsky, y que llegó a redactar más de cuarenta novelas en las que desarrollaba los ideales espiritualistas y ocultistas en los que la sociedad fundamentaba sus teorías.



Si les interesa consultar más datos sobre la autora hay varias páginas en la web en las que se adjuntan sus artículos y se dibuja su interesantísima biografía, aunque siempre con las reservas de las que hay que armarse en relación a la verosimilitud de los datos que se pueden encontrar en la red, y sobre todo tratándose de temas relacionados con el ocultismo.

Sería difícil rastrear las influencias de las teorías teosóficas y su alejamiento de las mismas en esta novela, ya que la escritora no siempre estuvo de acuerdo con los postulados de la orden. Sí es cierto que las premisas de la obra, responden bastante minuciosamente a las realizadas por Mabel Collins en "Light On The Path" y que pueden consultar en el enlace: la renuncia a los deseos que no lleven a la superación del propio yo, a las sensaciones y a las pasiones, y el afán de perfeccionamiento del propio ser, hasta alzarse por encima de todo lo mundano. La búsqueda del poder inabarcable que ostentan las almas que lo desean ardientemente.

En “Historia de una maga negra” se traduce en un relato de los avatares de Fleta, princesa de un país y una época indistintos, que se aventura a escalar los peldaños de su obra espiritual acompañada de espíritus del pasado y almas con una misma estrella, y que comprende que sólo la negación de todo cuanto desea puede conducirla a su realización, a su florecimiento en la magia.

La novela es también una exploración de otros caminos de lo fantástico, viaje que siempre resulta vivificante y fuente de grandes impresiones, y nos obliga a recorrer territorios de la mente que van más allá de los límites expuestos por los sentidos o por los tópicos de la literatura fantástica. Una migración, durante unas cuantas páginas, de los seguros senderos que ya conocemos.

miércoles, marzo 25, 2009

Niemen. Enigmatic (1969)


Posted by
Lost Driver

Como una suerte de juego, a veces podemos acercarnos a un disco del que apenas conocemos nada, incluso sin haberlo escuchado, por medio de diversas maneras. Esta afición, compartida por Aura, Fran Le Kinky y yo mismo, consiste por ejemplo, en fijarse en la fecha de edición de la obra, su line-up (la formación de músicos que lo han perpetrado, así como la gama de instrumentación empleada), y tal vez la más arriesgada: su portada. Si bien estos riesgos, gracias al eclecticismo del que hacemos gala, en nuestro caso no nos conducen casi nunca a resultados poco satisfactorios. En mayor o menor medida nos encontramos con álbumes que valen mucho la pena, y nuestra intuición nos lleva a buen puerto en gran número de ocasiones. Puede ocurrir, sin embargo, que las expectativas creadas entorno al diseño y el grafismo del material escudriñado, se desvanezcan tras unos segundos de su escucha o no se correspondan con lo que esperábamos. No fue este el caso de este “Enigmatic”, firmado por un tal Niemen.


Y es que en la cubierta de esta grabación, de tonos anaranjados, uno puede ver a un señor barbudo parapetado tras su gran teclado sobre el que yacen unos cirios de diversos tamaños, pudiendo indicar tal vez que estamos frente a un disco en el que un órgano catedralicio será el principal protagonista. En su contraportada, el sospechado carácter litúrgico y espiritual de la música es acrecentado por una imagen más ampliada del intérprete en la que comprobamos cómo éste permanece solitario con su teclado, profusamente rodeado de muchas más velas, que parecen ser el único público de sus melodías. Además, por la extensa duración de cada uno de los cuatro temas que lo integran podemos suponer que se trata de una larga suite a la manera de otros discos de rock progresivo.


Ciertamente, este elepé responde a todas estas conjeturas. Si bien los teclados dominan gran parte de su totalidad, nos hallamos con toda una banda de rock a la que incluso se añaden unos saxos. Pero la magia y el leit-motiv gira sobretodo entorno a las interpretaciones vocales, que destilan una pasión y una belleza sumamente poéticas. Para que se hagan una idea, su sonido recuerda bastante a los Procol Harum del “A whiter shade of pale”. “Enigmatic”, del 1969 es el cuarto trabajo de Czeslaw Niemen, un compositor polaco que en la década de los 60 fue muy popular en su país por introducir la estética psicodélica y los patrones anglosajones en su música.




El carácter ceremonioso de esta obra, cantada casi íntegramente en polaco, ya que contiene por primera vez en un disco de rock, recitados en griego católico, sumergen al oyente en un profundo estado de paz y espiritualidad. Poco a poco nos vemos asimismo asimilados al interior de esa portada, en la que el músico nos conduce por los senderos de su pasión interior y nos regala sus desgarradoras confesiones. Sólo lamento el no poder superar la barrera del idioma, que seguramente enriquecería totalmente su audición. Y quizá teniendo en consideración este salvable obstáculo, a pesar del mismo se explique también uno de los principales poderes de “Enigmatic”: la universalidad de su música.


¿Han encendido ya sus velas?...

Lost Driver

lunes, marzo 23, 2009

Collection Privée de Monsieur X


Monsieur X fue un singular coleccionista. En el Paris de entreguerras se entregó por entero a su afición al voyeurismo retratando cientos de mujeres desnudas.

Un primer vistazo a las fotografías que se conservan de la colección de Monsieur X nos revela que las chicas que posaron ante la cámara anónima no eran modelos artísticas, raptadas del estudio de un pintor aficionado, ni de fotografía, según lo que podemos entender por estos conceptos. Se trata, posiblemente, de hipotéticos encuentros con mujeres que consintieron desnudarse delante del objetivo, llegando a alcanzar un raro grado de complicidad con el autor. Nombres como Fanfan, Gaby, Gypsi, Jojo, Mimi, Nenette o Nono también nos confirman que estas muchachas que se exponían a la cámara con la actitud de exhibirse, y divertirse, sin mostrar ningún pudor, con toda probabilidad también vendían su cuerpo. Una vista desde el balcón de un hotel a una plaza del barrio de Pigalle nos confirma la evidencia de que Monsieur X, quien en algunas ocasiones se hacía acompañar de un amigo anónimo, acostumbraba a frecuentar el mundo de la prostitución parisina en aquellos años.



Pocas pistas más nos quedan sobre el extraño personaje. Se conoce que los originales de su extensa colección fotográfica incluían en su reverso un indescifrable código de números y letras, que traducen una meticulosa labor de clasificación. También se sabe que un Monsieur X octogenario, sintiéndose viejo, decidió vender algunas copias de su producción fotográfica (lanzó los originales al Sena) a un librero parisino al que escogió por su discreción y afición al erotismo. Sólo había una cláusula en su contrato de venta: su identidad no debía ser jamás revelada. Pero legó su devoción de toda una vida a quienes supo entenderían su secreto.




miércoles, marzo 18, 2009

Hans Christian Andersen: muerto sólo en apariencia

La única ambición de Andersen era la de convertirse en Digter, es decir, en escritor tenido en la más alta estima. A tal fin, escribió poemas, obras teatrales, novelas, libros de viajes y cuentos de hadas. Y como saben, fueron estos últimos – fruslerías, como él los llamaba- los que le permitieron alcanzar renombre mundial.

Se dice de Andersen que era un hombre alto y frágil, de cabello castaño, con unos pequeños ojos azules y una afilada nariz que dominaba todo su rostro. Sus brazos y sus piernas resultaban desproporcionadamente largos en comparación con su cuerpo, y sus pies eran gigantescos. Por la calle, los desconocidos se detenían y le señalaban con el dedo, llamándole ‘cigüeña’ y ‘farola’.

Cuando estaba de buenas, Andersen podía mostrarse sencillo, sincero, cariñoso e ingenioso. Cuando estaba de malas, alimentaba su fama de ser un autor presumido, irritable, pretencioso y terriblemente excéntrico. Sus ataques de depresión y sus tendencias hipocondríacas eran el producto de sus muchas fobias. Le aterraba tanto la posibilidad de morir en un incendio que, cuando viajaba, llevaba siempre una bata en la maleta para el caso de que se viera obligado a huir a un lugar seguro. Aterrorizado ante la posibilidad de que le enterraran vivo, pidió a sus amigos que le cortaran una arteria antes de introducirle en un ataúd. Ante cualquier indisposición, solía dejar una nota encima de su mesilla de noche en la que decía: “Estoy muerto sólo en apariencia”.


lunes, marzo 16, 2009

Sociedades Secretas Femeninas


A modo de introducción, comentar que las reuniones secretas de mujeres casi siempre están relacionadas con el misterio del nacimiento y los cultos a la fertilidad. Y son varias las cofradías secretas femeninas que han llegado hasta nuestros días y cuyos ritos comportan un simbolismo entorno a la fecundidad.

En las reuniones femeninas que se dan entre los mordovianos se excluye expresamente a los hombres, a las jóvenes no casadas y a los niños, cuya presencia está estrictamente prohibida. La insignia de la cofradía es un caballo de palo y las mujeres que lo acompañan son denominadas “caballos”. De sus cuellos pende una bolsa llena de mijo y adornada con bandas: la bolsa representa el vientre del caballo. También se añaden unos saquitos pequeños que representan los testículos.

Cada año tiene lugar el banquete ritual de la sociedad, que se celebra en casa de una anciana. Al entrar, las jóvenes casadas son golpeadas tres veces con látigos por las mujeres mayores, que les gritan: “¡Poned un huevo!”, y entonces las jóvenes casadas ponen un huevo hervido que sale de entre sus pechos. El banquete, al que cada miembro de la cofradía debe contribuir con viandas, bebidas y dinero, se convierte rápidamente en una orgía. A la caída de la noche, la mitad de la cofradía visita a la otra mitad (ya que cada poblado está dividido en dos partes). Se trata de un cortejo carnavalesco: las ancianas borrachas cabalgan caballos de palo y cantan canciones eróticas. Cuando ambas partes de la cofradía se reúnen, el alboroto es indescriptible. Los hombres no se aventuran a aparecer por las calles. Si lo hacen son atacados por las mujeres, desnudados y brutalizados, y deben pagar una multa para recuperar la libertad.


Fuente: Mircea Eliade “Mitos, Sueños y Misterios”

miércoles, marzo 11, 2009

Jerusalem Duerme

Hace poco que tuvimos al eminente Dr. con nosotros. Entre tantas otras conversaciones circulares entorno al Ser (y no desde el punto de vista ontológico) surgió el tema del Blog/Blogger entre otros tantos. Quizás, algo inquieta por un comentario que leí a Carlos sobre la crisis de los blogs, hice surgir mis razones y argumentos.

El porqué de sentarse y no recapacitar ante la silla y el aparato informático es una atractiva pregunta que no sé si debo plantearme. No creo que deba pensar en ello, aún cuando lo esté haciendo. Reconozco que en sí el formato me resulta seductor, así también la posibilidad de lanzar mis interrogantes y paradojas al abismo, como si -y es una metáfora traída por los pelos-, sacara la ropa limpia para tender al barro.

El cuaderno virtual es un fetiche, y acaba convirtiéndose en sana costumbre para quienes llevamos desde la infancia rellenando diarios con nuestras incongruencias. Los demás duermen. Esa es la excusa. En realidad, si alguien atrapa aquello que escribimos será como descifrar un mensaje lanzado a la nada. Casi un milagro. Por lo tanto, casi no importa lo que diga aquí. Y dentro de un rato mis entrañas me dictarán otra cosa que quizá no comprenda, pero voy dejando señales. Para mí tal vez. Para despertar.

Mientras, ser consciente del tiempo y recaer en ello una y otra vez, realmente me conforta.

Un saludo, si hay alguien.