lunes, enero 07, 2008

L’Albero di Natale

Llega el momento de hablar de Ello. De la experiencia visual más intensa con la que me he encontrado en mis años iniciáticos en el fabuloso mundo de colores y formas imposibles proyectados. La pantalla como boca que me devora. Mi colección de amuletos gráficos.

Hablar del poder intrínseco de una imagen. De una serie de fotogramas. La magia de efluvios visuales que metamorfosean y esculpen mi ánima a través de la violencia de sus ondas. El misterio del edén perdido al descubierto en resplandores.

Les diré algo. Las imágenes que verán a continuación, ese plano fijo perpetrado por Ciprì et Maresco, son viñetas que no podrán olvidar. ¿Poseen imágenes perpetuas, grabadas a fuego en su memoria? En mi colección personal de capturas temporales puedo volver a sentir esas piedras preciosas que conformarán mi eternidad. Y “l’Albero di Natale” es una puerta, un ídolo realmente adictivo al que he invocado cientos de veces. Como otros fetiches.

Soledad Miranda, la niña de Operazione Paura dentro de un caleidoscopio, el columpio en el que se meció “Baby Doll”, un muñeco de ojos extraviados olvidado en un escalón. Cuelga tu sombrero, apaga la lámpara de Bogart, prueba los elixires de alimentos de plástico de todas las mesas. El petirrojo de Walt Disney. Nieve de algodón y casas de dulce más reales que la fantasía. ¿Guardan las instantáneas?

Jamás he entendido el arte como forma de evasión. ¿Un sustituto de la vida? Como si fuera posible… Negarse la propia identidad es el suicidio cobarde. Como decía Wilde “He puesto el genio en mi vida y sólo el talento en mis obras”. Porque el producto no debe sustituirnos. La experiencia sensual de las artes debe ser un descubrimiento más, no el puente. Y podemos extasiarnos sumergidos en la taza de té y trascender con la espiral amontonada de basura en un rincón cualquiera.

Aspiro a adornar los árboles todo el año. Y no con luces como tarea repetitiva. Colguemos de ellos ojos de plástico o farolillos chinos de papel. Hacerlo de otra forma es absurdo:


8 comentarios:

el brujo don carlos dijo...

Ô_Ô
No... no tengo palabras.

sublibrarian of the year dijo...

Creo que es lo más bonito que he leído sobre este vendaval que nos recoge a todos.

Gracias.

fran le kinky dijo...

ahi ahi, yendo a mas con los post psicodelicos!

por cierto, visto su ultimo twiter, creo que voy a hacer uno! @:)

Higronauta dijo...

Bello ejercicio de estilo, que, una vez más, me ha dado pie a la reflexión. Creo que voy a hacer un listado de toda esa imaginería personal a ver que surge...

Lostdriver dijo...

Devastador, hipnótico y bello a un tiempo. Qué genialidad...

Aura dijo...

Me habría encantado que alguien comentara l'Albero di Natale, sus impresiones... Aunque reconozco que es una tarea digna de titanes.
Un saludo a todos.

Nicho dijo...

Saludos Aura, usted sí que es peleona. Un placer, como siempre, me obliga a esforzarme. Le contaré mis impresiones fragmentarias. El arte para mí está relacionado, de una u otra manera, con la idea de "deicidio", de asesinato de la realidad dada. Pero la pega que tiene el arte está en que es repetible, nunca es único (se puede mirar un cuadro doscientes veces) ni irreversible y por eso me crea cierto malestar. Llega uno a saciarse de arte. Por eso es buena la idea de Wilde de llevar el arte a la vida. Huir de la "odiosa premeditación de la novela", del argumento artificial. Pero quizá sea muy fatigosa. Estar escribiendo perpetuamente.

Cuando soñamos se produce la más perfecta forma del deicidio, el arte en acción irrepetible.
Disculpen ustedes. De nada.

Aura dijo...

Estar creando continuamente, en cualquier minucia de la vida...
Un placer, Nicho.