miércoles, noviembre 23, 2005

Suicide

¿De donde sale este caos punk arropado con electrónica de otra galaxia y los alaridos de un Elvis venido del infierno?

La historia de amor de estos dos monstruos de la música (Alan Vega/Martin Rev) surge en el local neoyorquino “The Project of Living Artists”, un peculiar antro abierto día y noche donde se reunían yonquis, saltimbanquis, artistas y fauna diversa en el que cualquiera podía desarrollar sus inquietudes artísticas. Por aquel entonces Vega se hacía llamar Alan Photo y exponía allí sus montajes escultóricos hechos a base de crucifijos realizados con material de desecho, fluorescentes, televisores, electrodomésticos que se averiaban y neones parpadeantes. Cuando Martin Rev comenzó a frecuentar la sala de forma asidua y dio muestras de su carácter reservado y poco locuaz, Alan se interesó por él enseguida. Rev tocaba en una orquesta de free jazz bastante atípica que se llamaba Reverend B. Y ahí empezó todo, el germen de lo que después sería el estridente tenebrismo de esas pequeñas joyas musicales que rozan la locura enjugada en lágrimas.
El primer concierto que dieron como Suicide (anteriormente habían tocado como trío) fue en 1971, en el Ungano’s, delante de unas 20 personas que, por lo que he leído (gracias a “La Madrugada Eterna” de Paco Peiro, estupendo libro sobre el ambient), entraron en un estado de histerismo al oír a la banda. No es de extrañar si imaginamos los aullidos románticos de Vega acompañados de un teclado japonés con una caja de ritmos de los años 50 y diez cajas de efectos. Vega cantando y balbuceando, invocando a su gran ídolo –fetiche- Elvis, mientras Rev hacía series de notas que se reflejaban en innumerables ecos.
Y en 1972 la experiencia en directo fue aún más extrema, en el Mercer Arts Center. El público quería literalmente agredir al grupo. Frente al glam y efectismo de los New York Dolls que tocaban al mismo tiempo en el edificio, Suicide vestían de un negro sobrio. Su puesta en escena era expresionista, con un Vega desarrollando al máximo sus maneras teatrales, flagelándose con una cadena de bicicleta y haciéndose cortes en la cara, siguiendo como podía a su compañero que se había ensimismado en una sola nota que repetía una y otra vez.
No fue hasta 1977 que no sacaron su primer disco. Hasta entonces malvivían en la calle alimentándose de sobras de restaurantes. Pero 1977 es un prodigio, una maravilla de otro planeta, y la crítica así lo valoró pese a la producción pobrísima del álbum y extremadamente rara: se grabó en cuatro horas, en mono y se forzó al estéreo, etc. Los gritos fantasmales de Vega se enfrentan rabiosos con las teclas de Martin en cascadas de ecos y ruiditos.
Y de 1980, del segundo album: “Alan Vega-Martin Rev”, son las dos canciones que os dejo aquí. El primer hit del disco sobre diamantes y champagne, y una misa hipnótica incluída en esta obra maestra del delirio, esta vez con una producción mucho más cuidada y armónica, con toques exóticos y de electrónica de videojuego.
“Dream, baby dream” y a soñar…

Para escuchar:
Diamonds, Fur Coat, Champagne
Dream Baby Dream

*Imágenes de Urban Image TV

5 comentarios:

Caído dijo...

Estoy deseando que me pases su primer disco, a ver a ver, por lo que cuentas me recuerda a lo que pasaba en los primeros conciertos de mi querida Diamanda.

FAC dijo...

Lo que más me fastidia de los 70 es haber tenido 6 años o menos.

Cuando escucho Cars de Gary Numan o a los New York Dolls, escuchando See No Evil, Ghost Rider o cualquier otra cosa escrita esos felices años, no puedo evitar un ramalazo pedante, desearía haber bebido café frío con Lydia Lunch en Tribeca o algo así, al final uno piensa que se perdió lo mejor.

Nicho dijo...

Sí, los 70 fueron años... que coqueteraron con Los contornos del abismo (J. Benito Fernández)

Javi dijo...

Me reconozco en fuera de juego por esta vez... aunque eso tú ya lo sabías...

Un abrazo.

J.Álvarez dijo...

Yo tuve la suerte de ver a estos monstruos en Benicassim... y flipé, aunque sabía lo que me podía encontrar... me encontré más kaos y radicalidad de la q esperaba. Me perdí a Suede para verlos (Suede tocaban a la vez en el escenario grande), y no me arrepentí ni por un sólo segundo. Un conciertazo extremo e inolvidable. Los conocí gracias a mi amigo Álvaro, que fue quien me introdujo al Krautrock y al rock progresivo, etc... y se lo agradeceré siempre. Hasta pronto, amiga melómana! :D