jueves, mayo 25, 2006

Autómatas (II): El Trono de Salomón

Sobre el mítico “Trono de Salomón” existen diversas descripciones distintas y se cree que debió pasar por varias fases en su construcción. En lo que casi todas las narraciones coinciden es en el árbol de bronce con pájaros cantores, en los artificios mecánicos en forma de leones y grifos y en que poseía un sistema que conseguía que el trono se elevase, haciendo que el asiento tan pronto estuviera en el suelo como en el techo (dejando perplejos a los visitantes, que no debían saber ya donde mirar).

En la Biblia, en el primer libro de Reyes, ya se describe el trono:

“Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo.
Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los cuales estaban colocados dos leones. Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono semejante”.

Pero es en algunas leyendas árabes donde se dan más detalles de su estructura: Los escalones de mármol y oro estaban flanqueados por dos leones (también de oro) que cuando Salomón subía al trono alargaban sus patas y golpeaban el suelo con el rabo. El trono entero daba vueltas rápidas y estaba rodeado de palmeras, parras, águilas y pavos reales. La vegetación era de oro, incrustada con rubíes y esmeraldas. Los pájaros protegían a Salomón y dispersaban en el aire esencia de almizcle. Cuando se instalaba en el trono una paloma mecánica volaba hasta él y le alcanzaba la “Torah”, que usaba para dar sus veredictos.

Me imagino que los súbditos que se acercaban a ver a Salomón en busca de sus justas sentencias debían quedar atónitos ante tal despliegue de maravillas: el rey dando vueltas, los leones moviendo el rabo y rugiendo, el asiento arriba y abajo… Y el caso es que Salomón y el trono debían mantener una relación muy especial, porque algunas historias cuentan que cuando cierto faraón egipcio capturó el trono e intentó subir a él uno de los leones le dio un golpe en el muslo y cayó, quedándose lisiado para el resto de su vida. Y también dicen de Nabucodonosor que sufrió la misma suerte: se llevó el trono a Babilonia y al intentar subirse el león lo arrojó, quitándosele las ganas de volver a intentarlo.

Una de las funciones que tuvo el trono a lo largo de su particular historia fue la de impresionar a los invitados que llegaban a Bizancio de otros países, como relata Liutprando de Cremona en el año 948 en época ya de Constantino VII:

“En la parte anterior del trono del emperador había un árbol de bronce dorado cuyas ramas estaban llenas de pájaros de la misma materia, de diversas variedades que, según su especie, emitían voces diferentes. El trono del emperador (…) era enorme; no sé de bronce o de madera. Dos leones dorados similaban custodiarlo (…). A mi llegada los leones rugieron y los pájaros cantaron según correspondía a sus distintas especies, pero no sentí ningún temor ni ninguna maravilla, porque había sido informado de todo cuanto allí había. Tres veces cumplí el acto de adoración inclinándome al emperador; después alcé la cabeza y, en un momento, vi sentado junto al techo de la sala y vestido con otros trajes al hombre que acababa de ver en el trono apenas elevado sobre el suelo. Del modo que esto ocurrió apenas he logrado comprenderlo”.

Por el relato de Liutprando de Cremona (que estaba advertido de los prodigios del trono y que se cuidó bien de parecer impertérrito) deduzco que además de subir y bajar en el asiento el emperador aprovechaba para cambiarse de traje… Todo un alarde de magia.

Más artificios mecánicos: Autómatas: Apega

14 comentarios:

Rain dijo...

Qué extraordinario. palomas mecánicas y un trono que transformaba a la imagen en el instante.

Es como para alucinar y alucinar...

abakanada dijo...

Lo alucinante es que pasara a la historia por sus sentencias. Con tanto despliegue no sé cómo alguien podía prestarle atención al contenido.

Markitos dijo...

Jack Kirby cuando se ocupó de los lápices y guiones de La Pantera Negra en la década de los 70's, la primera aventura era la búsqueda del tesoro y el Trono del Rey Salomón.
Aunque se tomaba alguna licencia, su genio creaba un gran trono custodiado por diversos autómatas, y todo tipo de ingénios.
Cuando tenga un rato, te escaneo alguna página.

Aura dijo...

Oh, que bien. Gracias :)

Nicho dijo...

No sé si ahora (bueno, creo que sí lo sé), pero eso de ser rey en la Antigüedad tenía mucho de acróbata de circo. El poder como espectáculo circense.
Aura, tu erudición es asombrosa.

sergiovich dijo...

mola más solomon burke

dame pánico dijo...

manejar el poder exige un profundo conocimiento de la prestidigitación.
cuanto más caros los trucos más creible es la falsedad. igualito que hoy mismo.
estas rarezas me chiflan.

Pussy Galore dijo...

yo quiero un sillón así para ponerlo en frente de la tele :)

Crazy J! dijo...

Entre el trono y la mesa de Salomón el mobiliario de aquella época era mejor que el de Ikea.

Por cierto, tiene un regalito extra en el blog sobre su admirada Alyssa Milano ;-)

noemi dijo...

Hay quien sabe de marketing, sin duda. Y usa los recursos que puede para verse grandioso.

K. dijo...

Para ser tan sabio era un poco pretencioso, no? Aunque supongo que querría impresionar de entrada, para disponer desde el principio cierta predisposición de ánimo...

Illuminatus dijo...

Todo el mundo sabe que el mejor Salomón es el imaginado por Homer en el episodio de Historias de la Biblia de los Simpson. ¿Cómo olvidar algo como "Cortaré el pastel en dos y cada uno recibirá... ¡la muerte! ¡La tarta "pa" mí!"

J.Álvarez dijo...

...De donde se deduce que el verdaderamente sabio era el trono, y no Salomón. XD

El Mantícora dijo...

He corrido aquí luego de recibir su correo; finalmente me he quedado yo también como poco tiempo libre y hace rato que no visito su templo, detalle que me apena más de lo que me creerá. Confieso que el Trono de Solomon Davidson (tal el nombre que terminó dándole el genial Sir Richard Burton en su violenta traducción de las Mil Noches y Una Noche) es un tanto kitsch para mi gusto.. conocemos el gran interés que tenía el poderoso rey judío en la arquitectura, la ingeniería y el diseño en general: siempre me ha parecido que hay un gran contraste entre el diseño humilde (no así el propósito) del Templo de Jerusalén y este curioso y exagerado mueble.

Cuando la encuentre en el MSN (es decir, nunca) le referiré la historia de una silla legendaria, el Mueble Benedictino, aparentemente propiedad de un duende llamado Constipación.

Gracias por escribirme; reciba mil zalemas de parte del más maravillado de sus servidores.