Mi obsesión con las películas protagonizadas por ventrílocuos tiene su origen en mi infancia. Debía tener yo unos cinco o seis años y daban por televisión una película de terror en blanco y negro. Apenas recuerdo nada, pero algunas imágenes se me quedaron grabadas a fuego en la memoria: un muñeco ventrílocuo y un enano asesino que habitaba en el interior del reducido cuerpo del muñeco.
Un poco más mayor (no he crecido mucho desde entonces) este recuerdo me intrigaba. Pregunté, pero nadie sabía decirme, así que utilicé una de mis opciones favoritas para ver películas al azar: IMDb “búsqueda por palabra clave” (que tardes no habré pasado buscando películas en las que apareciesen espejos y castillos y comparaciones similares…)
Así que busqué todos los films con Dummys, incluso episodios de series de televisión. Un tema fascinante. Y entre todo lo que he visto, no pienso decir nada de mi recuerdo infantil, que es sagrado, pero sí comentarles esta pequeña maravilla que no veo reseñada casi por ningún sitio, y es una lástima, porque es una peliculita estupenda, y además de un director español, que no se diga.
Más que un film de terror, que en momentos lo es (fíjense en las cejas del muñeco), se podría decir que es una historia de cine negro con elementos de lo sobrenatural, muy influenciada por Hitchcock y en parte basada en una de las historias de Dead of Night del año 45.
La trama se centra en el laberinto de pasiones de los personajes y en la investigación policíaca sobre un crimen que sólo tiene dos testigos: el muñeco del ventrílocuo y el propio espectador, que se convierte en cómplice de la marioneta y de su dueño, y se posiciona de su parte, entrando con ellos tras las bambalinas, en el mundo de la hipnosis, de la magia y de los fenómenos inexplicables.
El hecho es que es una historia que cualquiera desearía que le explicaran: está uno viendo un espectáculo de ventriloquia y ¿qué es más deseable que se cometa un asesinato y que el muñeco en cuestión sea la clave de su resolución? Seguro que piensan igual que yo, y si no, lean estas sabias palabras de uno de los personajes secundarios, dirigiéndose al comisario que lleva la investigación:
“-Para mí Grog es el único testigo presencial, para usted es sólo un muñeco, ¿verdad?
-¿Qué quiere decir con eso?
-Entre el cielo y la tierra hay muchas cosas que no se pueden aprender en su Academia, que van mucho más allá de la razón. Grog era una parte espiritual de George, era concretamente su otro yo, y sufrió la tragedia con él. Él ha visto al asesino…
-¿Debemos tomar a un muñeco como testigo?
- Es posible. Creo que Grog es la figura clave, sin él no podrá resolver este caso”
En esta historia nada es lo que parece, nada es real, salvo la magia, y este es uno de sus encantos. Los personajes “normales” están atrapados por dobleces morales que convenientemente muestra el espejo, omnipresente en multitud de planos.
Moraleja: Muchos deberían tener un muñeco para decir todo aquello a lo que no se atreven.








































