
lunes, julio 12, 2010
Los escarceos amorosos del Diablo

domingo, noviembre 30, 2008
El Misterioso Forastero: Henry More Smith
Me resulta inusualmente apropiado acabar de apurar la taza de caldo con jerez mientras proyecto la siguiente visión: Junto con el carcelero penetro en la celda en total oscuridad y gracias a la ayuda de los rayos lunares distingo la presencia imprevista de la figura de la mujer que visita a su marido en su miserable confinamiento. Henry More Smith camina en los escasos metros de que dispone, moviéndose con afectación y aparentando gran angustia. La mujer parece inmóvil, y debería estarlo, ya que se trata de un muñeco, de una efigie realizada a tamaño natural con trozos de las ropas del encarcelado. Es una impostura, pero la extrañeza de lo insólito no perjudica el efecto, así al contrario, prolonga su magia y crea una imagen eternizada del encuentro.
Lo que acabo de relatar sucedió el primero de mayo del año 1814. Un joven de 22 años presumiblemente inglés y que llevaba poco más de un año en America había sido encarcelado provisionalmente en la ciudad de New Brunswick, Canadá. Los que convivieron con él durante el largo año que estuvo en prisión le describían como un muchacho educado y decente con intervalos de locura, capaz de los más asombrosos prodigios.
Walter Bates, el Sheriff que llevó su caso, tras su relación con el enigmático personaje se dedicó a escribir una especie de diario en el que recopilaba el día a día con aquel ser tan particular. De esta recopilación surgiría “The Misterious Stranger”, la novela que me llevó a conocer al mago Henry More Smith, tras encontrar por casualidad un artículo sobre el personaje.
Bates dijo de Smith que en el tiempo que estuvo en prisión ejecutó obras propias de un genio en las situaciones menos favorables: en total oscuridad, esposado, con el cuerpo atrapado en cadenas y con una sentencia de muerte pesando sobre su cabeza. Los hierros no podían con él. Explicaba el Sheriff que aunque cada jornada aumentaban el grosor de las cadenas que le sujetaban cuello y torso, al día siguiente aparecían rotas en pedazos o sesgadas, sin que pudiesen dar explicación a aquellos prodigios. Se deshacía de las esposas porque se trataba de ropas incomodas, según sus declaraciones; sus manos siempre se conservaban calientes, aún en el duro invierno, y aunque no tenía oficio conocido podía ejecutar cualquier mecanismo o artilugio, incluso coser o pintar. También se descubrió su capacidad para crear fuego de la nada. El prisionero siempre estaba de buen humor, no mostraba recuerdos u opiniones y aceptaba la privación de su libertad de un modo tan ingenuo que asombraba a los representantes de la ley, además que no parecía interesarle su situación lo más mínimo.
En alguna ocasión se enfrentó a su encierro, gimiendo día y noche, y bramando como un salvaje. Bates transcribió sus gritos una noche especialmente larga en que el preso insistía una y otra vez con las mismas frases:
“Oh, thou cruel devils! Thou murderers! Man-slayers! Thou tormentors of man! How I burn to be revended! Help! Help! Lord help me to be avenged of those devils! Help me, that I may tear up this place! That I may turn it upside down! That there may not be one stick of it left! My hair shall not be shorn, nor my mails cut, till I grow as Strong as Sampson; then will I be avenged of all my enemies! Help! Help!”
Pero volvamos a la magia. La esposa de Smith no sólo se presentó el primero de mayo, el 29 del mismo mes, al entrar en la celda, se descubrió otra figura semejante a su mujer, sentada a la cabecera de su cama y con el Nuevo Testamento en las manos, como si le leyera. La muñeca se había confeccionado con jirones de ropa y paja, pero con tan simples materiales mostraba una expresión intensa en los rasgos. Smith, cómodamente reclinado, la escuchaba con toda su atención.
Salimos de la estancia respetuosamente para no volver hasta unos meses después. Abrimos la puerta, de nuevo en total oscuridad y distinguimos diez figuras en la penumbra. Hombres, mujeres y niños, cada uno vestido con una moda distinta, siguiendo las diferentes estaciones y según su oficio o actividad. Todos caracterizados de forma muy expresiva con trozos de ropa y paja, y pintados con sangre. Destacaba sobre todos ellos el que denominaba “Tambourine Man”, vestido con traje oscuro, como un Maestro de Música. Aunque era difícil descubrir los mecanismos por los que se movían, el maestro de la pandereta empezaba a tocar su instrumento y acompañado por la voz o el silbido de Smith el resto de ‘la familia’ empezaba a danzar. Había una joven rodeada de jóvenes galanes, y un militar llamado Napoleón que vestía de Arlequín y se enfrentaba a un viejo irlandés.
El espectáculo de Smith no dejó indiferente a sus carceleros y pronto la noticia de aquel genio se extendió por doquier. Vinieron viajeros de todo el mundo para apreciar su obra y con el dinero que le enviaban, ‘la familia’ llegó a contar con 24 figuras, la mitad de éstas bailando y el resto tocando instrumentos.
Henry More Smith fue perdonado de sus delitos y se le dio la libertad, pero esta resolución no le produjo ningún efecto. Marchó de New Brunswick con la orden de no volver, y por este motivo la historia escrita acaba justo aquí. Aunque ni nosotros ni el Sheriff podamos darle la espalda.
jueves, octubre 09, 2008
La Mano de Gloria

Sobre la repisa de la chimenea por la que desaparecen, raudas, las Brujas, puede verse en ocasiones la “Mano de Gloria”, signo de los que poseen el poder de causar la inmovilidad de los demás a su antojo. La figura estática de la mano, normalmente se acompaña, en casa de los Hechiceros, de la denominada “Cándela Mágica, muy útil para encontrar tesoros enterrados. Pero esa, es otra historia.
La “Mano de Gloria” se trata pues de un sortilegio o maleficio consistente en provocar la inmovilidad a quien se le muestra el miembro seco, utilizado por Brujos de toda índole, sobre todo para realizar hurtos o actos de pillaje. Y encontramos una detallada descripción de cómo confeccionar el hechizo en “Secrets Merveilleux de la Magie Naturelle et Cabalistique du Petit Albert ”, (un manual con muy prácticos consejos que les recomiendo revisar):
“Confieso que jamás he puesto a prueba el secreto de
Les comunico esta macabra receta, en todo caso, por si poseen en su casa una mano amputada de ahorcado y actualmente no le dan ningún uso. No den nada por perdido.
jueves, abril 10, 2008
La Visione del Sabba (1988)
Si les comento que esta producción italiana de Marco Bellocchio es de 1988 enseguida presumirán que posee muchas de las virtudes y defectos que el final de esta década acarrea y no andarán muy lejos de la verdad. No van a encontrar en esta cinta elegancia formal y mesura, pero sí excesos visuales, y en este caso, un exceso bastante atractivo.
“La Visione del Sabba” consiste básicamente en lo que el título indica: en visiones, en romper la frágil línea que separa lo real de lo que no lo es. Se trata de escoger, de perseguir, y para ello Bellocchio se sirve de la metáfora de posesión diabólica de una mujer, por un lado, y por otro, de una exaltación de los placeres paganos.
Quien padece este cruce de caminos es David (Daniel Ezralow) un recién licenciado psiquiatra que al conocer a Magdalena (Béatrice Dalle, sí, la de “Betty Blue”) comienza a experimentar una serie de delirios visuales que tienen en común la presencia de la bella muchacha: Magdalena acosada en un proceso judicial medieval de brujería, torturada, asistiendo junto a otras jóvenes a un Sabbath… David decide entrar en su mundo y participar de los placeres culpables que le alejan de su trabajo y su pareja.
Como la película apunta en varias ocasiones, hay un paralelismo entre la brujería y la seducción amorosa, siendo frecuentes las alusiones a la caza e intercambiándose continuamente los papeles entre víctima y verdugo. En un principio la historia se desarrolla entorno al misterio de una mujer hermosísima que ha sido acusada de asesinato y está encerrada en un centro psiquiátrico porque afirma ser una bruja del siglo XVII que lleva esperando varios siglos al hombre capaz de desvirgarla.
Ese es el punto de partida para adentrarnos en el enigma de Magdalena, hasta que entendemos que es un súcubo que quiere devorarnos y redimirnos. Una tentación a la muerte y a la carne, indistintamente. Una mujer que no sangra, ni derrama lágrimas, pero que vibra de pasión. La mujer como medio de conocimiento en el que perderse…
lunes, enero 28, 2008
Dos Brujos y un Muerto
La estampa que pueden ver arriba está extraída del frontispicio de
Los dos caballeros venerables que aparecen representados ejecutando un acto de nigromancia, son el célebre doctor John Dee (astrólogo de la reina Isabel, alquimista, matemático y geógrafo), y Edward Kelly, extraño personaje al que se acusó de trapacería, pero que era indudablemente un médium y que ejerció cierta influencia sobre John Dee. En el círculo en que se han ubicado leemos las palabras EO, Raphael, Rael, Miraton, Tamiel, Rex, adornadas con cruces y áncoras, lo que indica que la invocación del difunto se practicaba de forma muy parecida a la del Diablo, cambiando tan sólo el nombre del Maligno por el de la persona fallecida.
Parece ser que esta aventurilla macabra tuvo lugar hacia finales de 1582, al principio de las relaciones entre los dos magos, cuando ambos se encontraban en Londres, y por el resultado mostrado, fue un episodio ciertamente exitoso.
En la imagen es Kelly quien lleva la iniciativa, sosteniendo la varita y el libro para invocar al difunto, mientras Dee se contenta con sujetar la antorcha para dar luz, y medio retrocede espantado agarrándose el pecho. No es para menos, a la izquierda vemos al muerto, que, al parecer se acaba de levantar de su tumba, envuelto en un sudario y con una actitud entre divertida y expectante.
A saber en que acabó todo aquello.
miércoles, julio 18, 2007
Libros Malditos: El Grimorio de San Cipriano
El Grimorio de San Cipriano se incluye dentro de esta tradición y tiene una peculiaridad, que está atribuido (una autoría legendaria, por supuesto) a San Cipriano de Antioquia, (siglo III d.c.) el santo mago por excelencia. Patrón de las artes mágicas, de los hechiceros y las brujas.
Así que tenemos a un santo, que en sus inicios fue un mago pagano que al parecer aprendió las artes mágicas del mismísimo Diablo. A los 30 años se convirtió al cristianismo. Y pasó de mago satánico a obispo y después santo. Una carrera meteórica.
Del Grimorio existen varias versiones, algunas se dedican sólo a la magia negra, y otras, en las más cristianizadas, se unen además de las acciones mágicas, oraciones, novenas a santos y exorcismos. Un bonito contraste.
Pero la parte del libro que lo ha hecho más famoso y que ha provocado que muchos se hayan arruinado para conseguir un ejemplar, que hayan enfermado o caído en la locura es la parte que se dedica al desencanto de tesoros.
Así que ya saben, si quieren enriquecerse de forma rápida les doy algunas pistas para pactar con los espíritus infernales:
Se traza un círculo en el suelo con una rama de avellano, se leen unas frases en latín y se trae un carnero negro. No se espanten si aparecen numerosos fantasmas, porque es el Diablo que tratará de asustarles para que no se lleven el tesoro. No huyan porque si son valientes será suyo...
Mucha suerte.