
Este episodio de “Alfred Hitchcok Presenta”, basado en un relato de Ray Bradbury, es una muestra magnífica sobre las posibilidades dramáticas de las historias sobre ‘dummys’. “Y así murió Riabouchinska” desarrolla en sus 25 minutos de rigor, el nacimiento y ocaso de una criatura animada, tomando el mito de Pigmalión como punto de partida y transformándolo en una historia de amor de hálitos románticos.

En un decorado de vodevil se desencadena la tragedia amorosa, cuya pareja protagonista es un amante a lo “Werther” y una muñeca deliciosamente vestida, gemela de la amada desaparecida. Si algo nos demuestran las series de TV mejor que la gran pantalla con respecto a los muñecos, por ejemplo, en las deliciosas incursiones en el tema de La Dimensión Desconocida: “Caesar and Me” o “The Dummy” es en primer lugar que ellos son los que mandan y en segundo lugar que la explicación fantástica es posible, y aún más, que habitualmente es la correcta.
La singularidad del capítulo ideado por el genio del suspense es una trama repleta de guiños, pistas y chistes a costa del mundo de la farándula y de la fiebre por el dinero, pero el foco se aparta de las bambalinas, acercándose a las locuras del artista y a su poder visionario, dirigiéndonos al epicentro del pathos de Fabian y sus obsesiones hacia el receptáculo de su pasión. Y como en multitud de ocasiones nos ha señalado el medio artístico, el asesino es el artista, es el corazón, frente a su entorno mezquino, incluyendo al antihéroe que ejecuta el detective Krovitch (un jovencísimo Charles Bronson). No es raro, por tanto, que no nos despeguemos de Fabian, y que seamos incapaces de apartar los ojos de su presencia acaparadora ni de su partenaire en el escenario, cuyas acciones fatales nos mueven a la compasión y al espanto, siguiendo la estela de la tragedia griega.

Estamos acostumbrados a los muñecos diabólicos, a la maldición que pesa sobre sus miembros articulados, pero en pocas ocasiones encontraremos como aquí, a una muñeca-dama con espíritu de aristócrata rusa, suplente de mujer y con la facultad de morir cuando deja de amar a quien le ha dado vida.