








“And it is for trouth reported, that where this signe dothe appere, there the Evill Spirite entreth not”
El signo a qué se refiere la cita recogida por George Cruikshank y relativo a un sermón contra la brujería, se trata, cómo muestra la ilustración, de la herradura. De su uso como amuleto contra el Diablo y allegados, trata la historia del sagaz santo Dunstan, quien probó con creces su ingenio enfrentándose en varias ocasiones a las intrigas del maligno.
Del avispado abad, que llegó a ser arzobispo de Canterbury, se cuenta que pasaba sus días en una estrecha celda en la que estudiaba, trabajaba y tocaba el arpa. Y dícese de estas habilidades que logró conseguir gran fama como músico, miniaturista y herrero (por esta última de sus cualidades se le conoce como patrón de los orfebres, celebrándose su festividad el 19 de mayo).
Según la leyenda vinculada al santo, fue en la minúscula celda y en el ejercicio de sus dotes artísticas con el arpa, cuando por primera vez se le apareció el Diablo, quien es amigo de tentar a los santos y devotos en sus momentos de relax y abandono. Pero en esta ocasión, se alejó sin provocar mayor incidente.
No ocurrió del mismo modo en la segunda ocasión en que se acercó el Príncipe Oscuro, en la que se atrevió a tentar al tenaz santo en mitad de sus tareas como herrador. San Dunstan dejó que el Diablo se le aproximase lo suficiente como para agarrarle por la nariz con las tenazas ardiendo.
Y no contento con comprobar que el religioso se las traía, acudió en una tercera ocasión, disfrazado y acompañado de un caballo para confundirle. Pero el terrible Dunstan, distinguiendo la astucia, terminó por herrar al Diablo en lugar de al caballo, provocándole tal dolor, que se dice que desde entonces y bajo promesa, no puede presentarse en casa alguna que ostente el signo elegido.
“Then do not fail, great architect
Assembled wisdom to protect
From Satan's visitation
With horse-shoe fortify each gate
Each lion's paw; and then the State
Is safe from ruination”
La diosa se encarnó en Marjorie Cameron. Es un lapso de tiempo que subsiste de su permanencia aquí. Aunque falso, es una de las pocas pistas que nos permiten indagar, con espíritu de cazador de mariposas, en las habitaciones de Marjorie. Reconozco que investigar, de por sí, es uno de los mayores placeres que encuentro al hallar viejas imágenes, postales caducas, con un color y aroma muy distintos a los que distingo en esta nueva Edad del Bronce. Es una debilidad por rescatar pétalos olvidados en los libros, en los míos… y también en la colección de un extraño.
Marjorie permanecerá como un enigma. Sin las fotografías de la infancia que mostraban a una chiquilla pelirroja ensimismada en el patio trasero, con la común iconografía infantil de flores diminutas, columpios y fuentes. En su caso el pozo familiar era la entrada al infierno. Había nacido en mitad de una tormenta de rayos. Y su abuela creía que era hija del diablo.
Pero fuere como fuere, pese a las poderosas visiones, Marjorie fue y sigue siendo, más un deseo que una mujer, aunque la vistieran de Escarlata. La aureola de mito la petrificó, como sucede con aquellos que pactan con el diablo para obtener la remanencia. Ella no podía sino sobrevivir en el éxtasis inmóvil. Hubiera dado todo por desintegrarse en un yo más poderoso que el suyo. En claudicar en una abstracción violenta para arrebatar a un soberano que no era suyo.
Si la diosa se encarnó en Marjorie no lo sabemos, no podemos remover las cenizas esperando que surja entre ellas una figurita danzante, que lo explique todo. Hay imágenes imprecisas, de nuevo deseos o fantasías, pero apenas un atisbo de veracidad. Los filtros de los fotogramas enmascaran los rostros, la transformación continua de lo que no existe nos distrae de lo que pudimos hallar.
Marjorie era un talismán, y como tal, sólo podemos ser espectadores de sus quiméricos brillos.
Sé que cuando vean este cortometraje a continuación se preguntaran si mi intención es volverlos locos. Y la respuesta es: probablemente sí. Es muy difícil volver a la vida normal después de esta sucesión de elementos alucinógenos: máscaras, rostros recortados contra fondos psicodélicos, calaveras, antorchas, espirales en movimiento… ¿Pero para qué están los blogs sino para compartir estas rarezas?
Los nueve minutos de “The Virgin Sacrifice” (que, por cierto, no aparece en IMDb) es todo lo que queda de una película perdida de 1969 de J. X. Williams, director del que poco se conoce. Un incendio acabó con la cinta, con los decorados e incluso se dice que causó algunas muertes… No sé porqué estas películas que hablan del Maligno siempre están malditas.
Lo poco (pero intenso) que permanece es esto: Una chica muda acude a un piso para alquilar una habitación. Las dos inquilinas de forma casual le explican que están practicando satanismo. Después de esta introducción hay un montaje fantasmagórico de elementos psicodélicos alrededor de lo que parece un ritual satánico, con gente desnuda bailando y, por supuesto, un sacrificio. Mi momento favorito, por cierto, ya lo verán, es el de los esqueletos nadando y bajando por la escalera. Maravilloso.
No se puede decir que se trate propiamente de un corto de terror, más bien sería un viaje lisérgico, lo que sucede es que la falta de contexto lo hace sumamente inquietante, eso junto con la música electrónica repetitiva compuesta por el propio Williams y el encadenamiento de primeros planos y detalles borrosos lo convierten en una auténtica pesadilla.
Compruébenlo ustedes mismos:
Escritora, pintora, escultora, historiadora y con conocimientos de ocultismo, Leilah Wendell tiene una única obsesión: la muerte en todas sus manifestaciones.
Ya desde niña dice tener una especial relación con el Ángel de las Tinieblas. Cuenta que su primer encuentro se produjo cuando tenía cuatro años. Azrael se le apareció y se sentó a su lado en la cama. Aunque su primera reacción fue de terror, él le puso una mano en el hombro para tranquilizarla. Desde entonces ha tenido una estrecha relación con esta figura.
Concretamente Leilah explica que sus encuentros con el Ángel de la Muerte eran mucho más frecuentes y a un nivel más físico durante el período que estuvo trabajando en una morgue. En la actualidad sus experiencias tienen un carácter prácticamente espiritual.
Fue en la época en la que trabajó en contacto con cadáveres cuando inició su particular iniciación en la necrofilia. Su primera experiencia fue con un cuerpo que llevaba fallecido un mes y medio. Según Leilah, la agarró con fuerza y no la dejaba marchar, hecho este que le ha sucedido repetidas veces. Y no sólo eso, también afirma haber vivido experiencias catalizadoras al visitar los cementerios: en distintas ocasiones los ataúdes comenzaron a sufrir sacudidas y vivió la reanimación parcial de algún cuerpo.
Las actividades alrededor de la muerte continúan en su particular Casa, “The Westgate”, que se encuentra en Nueva Orleáns. Es una fundación de carácter artístico dedicada a la muerte en todas sus manifestaciones que comparte con su marido, al parecer muy visitada por algunas viejas glorias del cine de terror como Barbara Steele y por miembros de bandas de Metal. Leilah cuenta que hubiese sido para ella un sueño que Ozzy Osbourne les honrara con su visita.
Les dejo un enlace a su página web y unas cuantas imágenes obra de la artista (incluyendo alguna idea práctica por si quieren cambiar la decoración de su hogar):


