“En el número de octubre de 1977 de The American Journal of Psychiatry, Harvey A. Rosenstock y Kenneth R. Vincent publicaron el caso de una mujer de 49 años que se creía un lobo y que cada vez con más frecuencia mostraba un comportamiento propio de tal animal. Contaba que, bajo la normal apariencia de una mujer que llevaba veinte años de feliz matrimonio, sentía la irresistible necesidad de satisfacer unos terribles apetitos bestiales. Sus fantasías eróticas frecuentemente giraban en torno a mantener relaciones con otras mujeres en perversas orgías. El lobo era una figura constante en sus fantasías, podía sentir su mirada hipnótica que la atraía con fuerza y su aliento caliente sobre el cuello por las noches. Tal era su obsesión, que después de un tiempo empezó a “sentirse como un animal con garras”. No pudiendo reprimir sus pulsiones, pronto fue dominada por la pasión del lobo. Desnuda y a cuatro patas había llegado a insinuarse sexualmente a su propia madre. La siguiente tarde, después de hacer el amor con su marido, sufrió un violento ataque de dos horas de duración durante las cuales gruñó y desgarró las ropas de la cama con sus uñas. Explicaba después que el demonio “había entrado en ella y la había hecho convertirse en un animal”. Recibió tratamiento farmacológico y psicoterapia. Durante las tres primeras semanas siguió sufriendo ataques, en los que decía que por las noches se convertía en un lobo con garras, colmillos y todo el cuerpo cubierto de pelo. Decía que seguiría rondando por la tierra después de la muerte, sentía necesidad de matar y un fuerte deseo sexual. Veía la cara de un lobo en vez de la suya cuando se miraba a un espejo, y hacía ruidos animales. Después de un período de mejoría recayó durante la luna llena. Decía que debía rondar por los cementerios para encontrarse con “un hombre alto y oscuro”. Tras nueve semanas de internamiento fue dada de alta con tratamiento farmacológico”. Extraído de “Seres Extraordinarios. Anomalías, Deformidades y Rarezas Humanas”, de Manuel Moros.
Aullidos anteriores:
Hombres Lobo (II): Jean Grenier. El Niño Licántropo
Hombres Lobo. Peter Stubbe

En 1589, en Bedburg, cerca de Colonia, unos campesinos consiguieron arrinconar al hombre lobo que llevaba un tiempo masacrando la región. De repente el hombre se levantó y enseguida lo reconocieron ya que era uno de sus amables vecinos: era Peter Stubbe.