
viernes, junio 17, 2011
Lou

miércoles, mayo 18, 2011
Fleurs de sang

“Venid, pájaros, venid”, canturreaba a las avecillas que merodeaban sobre mi escondrijo. Pero no se aventuraban. Acaso temían. Podrían robar las cuentas del collar desecho, o picotear el nacimiento del cabello en mis sienes. Podrían beber de mí. No. Tal vez morirían infladas de mi sangre espesa, teñido su blanco pecho de coral y amatista.
Regueros negros se arremolinaban en mis tobillos, y los dientes de león, inclinándose graciosamente, soplaban mis heridas, suavizando su dulzor punzante. “Venid lepóridos, venid”. Pero ni siquiera el asesino volvía, a rellenar con su arma blanca las heridas abiertas que todavía le aguardaban.
miércoles, abril 06, 2011
Begotten

viernes, octubre 15, 2010
La Dama del Antifaz

miércoles, julio 28, 2010
El Oscuro Objeto

miércoles, julio 21, 2010
Summer Dream

domingo, julio 04, 2010
Demodé
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domingo, junio 27, 2010
El Mundo Imaginario

martes, junio 08, 2010
Io Sono Anna Manni

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viernes, junio 04, 2010
Un Revulsivo

miércoles, marzo 11, 2009
Jerusalem Duerme
Hace poco que tuvimos al eminente Dr. con nosotros. Entre tantas otras conversaciones circulares entorno al Ser (y no desde el punto de vista ontológico) surgió el tema del Blog/Blogger entre otros tantos. Quizás, algo inquieta por un comentario que leí a Carlos sobre la crisis de los blogs, hice surgir mis razones y argumentos.
El porqué de sentarse y no recapacitar ante la silla y el aparato informático es una atractiva pregunta que no sé si debo plantearme. No creo que deba pensar en ello, aún cuando lo esté haciendo. Reconozco que en sí el formato me resulta seductor, así también la posibilidad de lanzar mis interrogantes y paradojas al abismo, como si -y es una metáfora traída por los pelos-, sacara la ropa limpia para tender al barro.
El cuaderno virtual es un fetiche, y acaba convirtiéndose en sana costumbre para quienes llevamos desde la infancia rellenando diarios con nuestras incongruencias. Los demás duermen. Esa es la excusa. En realidad, si alguien atrapa aquello que escribimos será como descifrar un mensaje lanzado a la nada. Casi un milagro. Por lo tanto, casi no importa lo que diga aquí. Y dentro de un rato mis entrañas me dictarán otra cosa que quizá no comprenda, pero voy dejando señales. Para mí tal vez. Para despertar.
Mientras, ser consciente del tiempo y recaer en ello una y otra vez, realmente me conforta.
Un saludo, si hay alguien.
lunes, febrero 16, 2009
¿Hay Música en los Sueños?
El pudor me desconcierta y tranquiliza al mismo tiempo, y me retiene el tiempo justo en el exterior. Ese lugar imaginario en el que no sé como pervivo.
Las horas nocturnas en vigilia me llevan a experimentar "sueños despiertos", actividades dirigidas a controlar mis delirios, pero sólo a medias lo consigo. Sé que anteayer me encontré sobrecogida sumergiéndome en los mecanismos del sueño contemplando unos pájaros. Y no eran los pájaros, ni los sonidos que emitían, ni la pesadez estudiada con que movían las alas. Fue un reflejo en la luz fluorescente sobre las baldosas azules, o un agujero cubierto de humedades no catalogadas. Un momento de indecisión y de nublada incertidumbre que los rubores después borraron.
No tomo asiento entre las criaturas míticas, ni siquiera entre los espectadores que se creen verdugos, ni estoy en el celuloide ni con la cerámica azul. Me escapo de mi función, y por tanto, la sensación se hace dueña, y el acto se disuelve.
martes, febrero 10, 2009
El Circo del Dr. Lao

¡Oh,
La penetración, es otra cosa. El verdadero descubrimiento. El descorrer del telón ficticio que nos vendaba los ojos.
La irrupción de lo numinoso en lo cotidiano no debe quedarse en un mero disfraz. Tal vez por este motivo no pueda compartir muchas fantasías. No capte el tono exacto de otras voces. El sentido se me representa claro y diáfano, pero me pierde la intensidad, la mía, por supuesto. Los mensajes pintados sobrevuelan en los disfraces que citaba hace un momento, pero apenas me tocan. Resta aquello que otorga a los mitos su carácter eterno: el éxtasis. La catarsis.
Tampoco me subleva la crítica, siendo como es una medicina engañosa, un sustituto de una embriaguez a la que no suplanta. Digamos que no puedo acomodarme a una negación sin lograr la sensación. Me resulta extremadamente pobre. Tal vez un consuelo para quienes se atreven a introducir un pie en el agua helada y así después poder contarlo. Expresar, relatar, no es honesto si uno no se deja la piel y los dientes en las letras…
¿Cómo puede un autor denunciar la supuesta ignorancia de un Abalone, o una población cualquiera sin contar con la suya propia? ¿De dónde procede la sonrisa? Describir la silueta de una sirena como si nunca hubiera sido un híbrido de un ave, ignorar aquella entidad que la asocia al presagio de una muerte funesta, no es sólo un descuido. Es más que eso. Se convierte en una semilla que en su crecimiento borra parte de la memoria de nuestros muertos.
Y lo peor es que el terror desfallece. No nos asustan. No hay catarsis…
Y se preguntarán por qué les hablo de todo esto… Bueno, yo sé porqué lo digo.
miércoles, enero 21, 2009
La Jerarquía Astral
En el movimiento combinado de estirarme mientras me dejo caer de espaldas sobre la manta aparece una silueta al fondo, junto a la construcción. Acaso agita la mano, comunicándome desde su posible distancia algún tipo de complicidad. Aunque me sorprenda ligeramente, mi reacción apresurada es responder con un torpe estremecimiento de mis brazos. Tal vez ahora se asome a la ventana. Quien sabe si proviene de algún fotograma de la maldita obra de Dreyer que posee tanto poder para subyugar a los velados durmientes.
Me distrae una leve brisa que proviene de no sé qué ángulo de la imagen capturada. Vive sin necesidad de recurrir a mi presencia. Subvierte el orden establecido en el que debería de considerarme espectadora. Pero esta palabra es sólo un truco, entiendo, para no mirar. Discierno que si no espero puede suceder, y así surge naturalmente la existencia.
Del mismo modo me encuentro presa en el dormitorio de la casa, atada por la pesadez de un lecho que me impide incorporarme. Ahora el paisaje me pertenece, dada mi intrusión, y me otorgo el derecho de contemplarlo y recorrerlo desde el lado opuesto. Un arbolillo al fondo y un nuevo don adquirido, el de anticipar el flujo del acto. Conseguiré así que un leve movimiento de mi mano imprima en el aire las señales que transmitirán un impulso al desplazamiento de las masas de aire. Algún cuco se agitará entre la hojarasca y emitirá el débil sonido que me permita salir de aquel espacio.
Aunque me erijo en dueña del reino, comprendo que no puedo interferir, y la diferencia entre participar e interferir se hace aquí esencial. Si lo hiciera, sé que ellos podrían tomar represalias, y la paz me sosiega, me es confortable y necesaria. Tomo el camino, como si otra fuera la decisión, y al acoplarme a los surcos, me desligo de la antigüedad que quisiera perseguirme, alargando una nueva risa impenetrable.
lunes, diciembre 29, 2008
The Snake
“On Her Way to Work One Morning
Down the Path Along Side the Lake
A Tender Hearted Woman Saw a Poor Half Frozen Snake
His Pretty Colored Skin Had Been All Frosted With the Dew
"Poor Thing," She Cried, "I'll Take You in and I'll Take Care of You"
"Take Me in Oh Tender Woman
Take Me In, For Heaven's Sake
Take Me In, Tender Woman," Sighed the Snake”
No fue esta mañana una serpiente helada por el rocío sino un cielo que ni un artista disparatado habría podido rayar en rosa, quien me trajo un temor rápidamente espantado. El fin estaba ahí fuera, en cualquier parte, y sólo esperaba que alguien lo reconociera para revelarse.
Su presentación tal vez provocaría la risa en quienes no temen el asomo de caos que existe en la intensidad de los colores o en el disfraz, pero la mueca se congelaría. ¿Imaginan un ejército de conejos mecánicos?, o tal vez… alguna escena parecida ha acudido a su memoria. Es lo mismo. En la distancia las sacerdotisas parece tigresas del amor, y la ceremonia resultaría seductora. No se asusten, pues.
Al arrellanarme en el sillón y sentir la intuición del fin, me he sumergido para invocar las gemas de colores, para llamarlas a mis manos, tal y como el mago muestra. De este modo, puedo hundirme cada vez más alto, renovarme cuando me llegue la asfixia, caminar hacia atrás a través de mí misma. He encontrado las piedras preciosas, la fortuna olvidada, y la galería engañosa de eternidades nubladas de humo. Y he vuelto a presentir que el mal cosificado y somatizado no me dará tregua, mientras conserve estas joyas de fuego.
miércoles, diciembre 24, 2008
martes, diciembre 23, 2008
Poison Ivy
De ningún modo puedo reprocharle haber sido así y habérselo permitido… incluso ahora. Como si no supiera del corte de sus dientes. No es posible erigirse en verdugo ante un gato montés. Soy consciente de ello, y tal vez lo era entonces, pero había demasiado brillo alrededor, en aquel pico desigual, para intentar descifrar cualquier cosa, el gesto más nimio, de mí o de Ivy.
El poder de obrar se ralentiza y las decisiones se cambian los cuerpos si uno sostiene el peso del mundo sobre los hombros. Sólo hay aleteos feroces sobre los cristales, y una admiración de la belleza contemplativa, en escasísimas ocasiones activa.
He dejado crecer la hiedra. La mala hierba. Ha entrado en mi casa, y ha agasajado a mis padres, incluso dio de beber a mis animales. Nadie la había dejado llamar a la puerta. Se asustaban de sus colores llameantes, del terciopelo de su piel moteada. Se ha apropiado de la música, tiñéndola de un verde ponzoñoso, y se ha enroscado en los cuadros, rompiendo las bocas y los ojos de los retratados en los lienzos.
Casi nadie escuchaba a Ivy. Su boquita de corazón parloteaba y parloteaba salpicando de cristales el aire. Poseía con el llanto abrasador del nepentes, con sus danzas macabras; al cantar, su aliento se arrastraba desde algún lejano rosetón perfumado, y al lanzarse desde la negrura del cielo, atravesaba la flor sacrosanta de una estocada escarlata.
No quise arropar a Ivy. Ni enjugar sus heridas con benjuí. Me consolaba su contorno despidiéndose en el aire. Sus muecas desde histéricos fantasmas imaginarios. Se anudaban en mi garganta, enroscados, sus brotes sanguinarios, cosquilleando desde el eco del teatro de sombras.
Nada ha perdurado. Crece. Llena de plagas los campos, pica de viruela a los infantes. Ha raptado alguna emoción del cajón de los cubiertos de plata y anda desvariando, blandiendo el arma de barro, que se le deshace en las manos. No habla. Jamás asiente. Mordisquea sus propias hojas… Veo a Ivy despuntando desde el campo de trigo. No se acerca.
Con las otras hierbas.
lunes, diciembre 15, 2008
Exposition de Fleurs
Se me antoja haberla robado. ¿Cómo pudiste hacerlo? No la robé, si acaso la compré… Entonces crees que pagar un dinero te da derecho a su pertenencia. Sabes de sobras que no es así, que no es tuya porque ni siquiera es un recuerdo.
¿Pero como robar ‘strana cosa’ que ya ha sido robada? Non voglio di possederla. Ni siquiera asomarme. Pero. El hecho que sea intocable la convierte en cómplice. Tal vez no lo compartas, pero ya fue mía, mucho antes de encontrarla. Anterior a mi memoria imaginada. Yo cree aquel lugar. Estaba compuesto de miedos y nostalgias. Por eso, tal vez por eso, encontrarlo me entristece, y al mismo tiempo compone un enigma irresoluble en mi ansiedad.
Poseo aquellos días. Vuelven. Presiento cómo era esconderse bajo las matas verdinegras, aunque jamás lo hiciera, aunque las avistara desde lejos. Sus misterios siguen siendo mi familia, el hogar remoto de la caída. Cuando nadie me reconocía, entonces me sobraba el tiempo para escaparme, para no ser nadie y sentirme.
Si me vieron mis ojos entonces, otros ojos, no me habrían llamado por mi nombre. Mi pelo no era negro, ni mis ojos oscuros, era una pequeña salvaje desaliñada, de un rubio descolorido y ojos que arañaban. Reía. Y me enfrentaba a aquella sabiduría inducida, a aquel resplandor que aún nos ciega y aturde.
La amenaza de la naturaleza cultivada me embebía, y si pudiera explicar y dejar de relatar a través de sensaciones lo haría. Pero no sería tan cierto.
Exposition de Fleurs (Keukenhof, Holanda)
martes, diciembre 02, 2008
Zenabel o los Sueños Amarillos
Sí, los sueños se alimentan. Hijos de nuestros sigilos y bravuras secretas, como criaturas ávidas de saberes ocultos, monstruos de mil bocas, rastrean en los rincones menos obvios y explotan los coloridos de la feria más trivial.
A menudo los sorprendo vestidos con guantes oscuros, ajenos a mi feminidad y desentrañando crímenes a partir de pistas ilógicas y a través de reflejos de vidrieras encarnadas. Es cuando descubro el ‘giallo’ en su estructura menos obvia y puedo después diseccionarlo como a un precioso insecto, con alas de esmeralda.
Sueño, sí, con tramas laberínticas, con sucesos oscuros entrevistos en un palco dorado, con símbolos infantiles y detalles que se agigantan ante mis otros ojos. Y esta peculiaridad me hace preguntarme por el origen de la fantasía y sobre cómo puede el arte introducirse en el inconsciente a través del ojo y fijarse en sus juegos y rompecabezas. El mapa de esta instancia me es inasequible, pero me es mostrado cual un enigma más que pudiera encontrar desarrollado por otro.
Sería fácil cargar la culpa de esta pequeña disfunción al bolso amarillo de una de las mujeres más adorables de la historia del cine. En el año 1964 se estrenaban “Marnie” y “Sei donne per l'assassino” como un preludio de la sinfonía estético-sangrienta que iba a marcar toda una juventud de sueños en gran angular. Las víctimas o los receptores de tal avalancha de sensaciones, no imaginaron en su niñez que las estrategias de los asesinatos se infiltrarían en sus esquemas más profundos, en sus habitaciones internas, en sus propios sótanos.
Y sin embargo, las jóvenes siguen cayendo. Y unos zapatos ocupan el escaparate del sueño. Dilucido crímenes y raptos y me asomo a persecuciones vertiginosas ajena a lo que podría ser el dolor, que aquí no existe. Sólo hay colores brillantes, y un puzzle… un puzzle para quienes no temen perderse.
miércoles, noviembre 12, 2008
La Musa Desconocida
Porque la intención que no logramos comprender es el anzuelo más poderoso. Porque una sonrisa aislada se convierte en el arma silenciosa que nos coloca al borde de una altura imprevista. Y la respuesta más simple: porque una bella muerta de la que poseemos el retrato se erige sin duda en la dueña de nuestros desvelos e inspiración.
Por todo ello la “Desconocida del Sena”, rodeada de las brumas de un segundo nacimiento, se ha convertido en el alma gemela de los amantes de lo oculto. La cara sin nombre, sin públicas vivencias, capaz de invocar la paz y el olvido de las almas enfermas, con la facilidad que otorga el no decepcionar jamás el Ideal.
Descúbranse como los descubridores de la ahogada adolescente, como el asistente médico que quedó prendado de su belleza y a quien le fue imposible no inmortalizar su efigie. Hay varias historias que escriben la leyenda. Una mujer sin nombre aparecía reproducida en los muros de los hogares a partir de 1900, y una legión de artistas se la adjudicaban, pujando por reproducciones de la mascara original para apropiarse del enigma. Para trazar su propia debilidad, desvelándose en fantasías moribundas.
Desapruebo quien pretenda apropiarse de la paternidad o comprensión de la parisiense. Ignoro el porqué del exhibicionismo de la máscara fúnebre. Quien contemple el retrato de un difunto debe conservarlo en un lugar que dignifique a ambos y su muda comunicación. Tal vez de ahí se desenrollen nuevos hilos.
Mientras, cuento los centenares, millares, de reproducciones de ‘los muertos’. Veo hacia donde van, en procesión interminable hacia la consecución de su propio retrato en luto. Y me pregunto por qué todos llevan la máscara del mito anterior en lugar de la suya.
