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viernes, junio 17, 2011

Lou


En “Mirada retrospectiva. Compendios de algunos recuerdos de la vida”, mi querida amiga Lou Andreas-Salomé se maravillaba de que Rainer, su amante y poeta gran amigo de lirismos consiguiera esculpir los siguientes versos, desnudos de toda exaltación simbólica:
“Extíngueme los ojos: puedo verte
Tápame los oídos: puedo oírte
Y aun sin pie puedo ir hasta ti
Y aun sin boca puedo conjurarte
Arrancándome los brazos: te toco
Con el corazón como con una mano
Arráncame el corazón: latirá el cerebro
Y si al cerebro prendes también fuego
He de llevarte entonces en mi sangre”

Verdad es que la sibila rusa, y tal como se refleja en la magnífica película de Liliana Cavani Al di là del bene e del male que narra la convivencia entre Lou, Nietzsche y Paul Rée, era una mujer cuyo entendimiento filtraba y diseccionaba sus sentimientos de un modo realmente heroico, logrando que estos no desviaran ni un ápice la senda de su férrea voluntad. Los más arrebatados poemas musicales de Rilke, no podían sino irritarla, y los versos que les copiado más arriba fueron de los pocos que se grabaron en el corazón de la tigresa.
Hace un par de noches, en una conversación de vigilia con mi estimada Lou, me reprochaba a mí misma ante su sabio juicio, el hecho de no poder desligarme yo jamás de un simbolismo que está atado a mi forma de pensar desde que tengo conciencia de haber cogido papel y pluma para pergeñar unas líneas. Lo simbólico y el símbolo mismo están tan arraigados en mi ser, tras tantos años de convivir con su presencia a mi alrededor, que al escribir, al expresar libremente las modulaciones de mi alma, me es imposible contemplar la Verdad más allá de sus hermosos velos.
Ha corrido mucho el reloj, y sé que no puedo pretender ahora deshacerme de mi innata tendencia a la abstracción, de mi amor por las imágenes por encima de cualquier significación. El valor por si mismo de la representación para mí es totalmente valido, es la Belleza, que nos abre puertas a los que necesitamos ascender cada día a sus dominios oscuros. A buen seguro que mi mentor Mr. Wilde me comprende y asiente benevolente desde donde se halle, pero me apena que entre Lou y yo siempre existirá esa distancia, y que mi personalidad terca y marciana no podrá ser nunca de su gusto. Pese a todo, señorita, y aunque piense que es usted una tremenda fiera egoísta, yo sí la quiero.

miércoles, mayo 18, 2011

Fleurs de sang


Los dientes de león refulgían mordientes entre las hierbas altas. La maleza forjaba a mi alrededor un refugio de pólenes y motas de polvo danzarinas. El sol todo lo devoraba, insaciable y despótico. Y la sangre podía así fluir libre de temores, encharcando la tierra ávida de su abundancia y negrura. Algunos sapos chapoteaban en sus oscuridades, en tanto mis ojos iban del amarillo de las flores dañinas al rojo intenso del fluido vital que se extendía en burlones riachuelos por el prado.
“Venid, pájaros, venid”, canturreaba a las avecillas que merodeaban sobre mi escondrijo. Pero no se aventuraban. Acaso temían. Podrían robar las cuentas del collar desecho, o picotear el nacimiento del cabello en mis sienes. Podrían beber de mí. No. Tal vez morirían infladas de mi sangre espesa, teñido su blanco pecho de coral y amatista.
Regueros negros se arremolinaban en mis tobillos, y los dientes de león, inclinándose graciosamente, soplaban mis heridas, suavizando su dulzor punzante. “Venid lepóridos, venid”. Pero ni siquiera el asesino volvía, a rellenar con su arma blanca las heridas abiertas que todavía le aguardaban.

miércoles, abril 06, 2011

Begotten


No. No estoy muerta. De algún modo vivo, aspirando el aroma de las flores extraviadas: de aquellas imágenes que han sido y son mi inspiración. Fotogramas de luz sobreexpuesta o de un blanco y negro de alto contraste, sin tonos medios.
Aún soy consciente de que hay algo oculto tras las colinas, esperando que encuentre el atuendo apropiado y así poder aventurarme en su búsqueda. Y, de hecho, creo que cada recuerdo vívido, latente, me acerca a ese misterio presentido de la carne y la sombra de los huesos. Tan lejos, tan cerca. También me empujan a la caza aquellas fotografías que deslumbran a causa de la intensidad de su pureza. De ellas recibo guiños y mohines a cambio de mi pasividad. Pero no me disgusto. Sonrío.
No hablo mucho. Pero sí miro.

viernes, octubre 15, 2010

La Dama del Antifaz


Faltan algunas páginas en el libro, en su lugar, en lugar de la página 60 aparece la 45 y en lugar de la 61, la 28, como si este juego hubiese sido destinado a entretener el frío de mis manos. Y debo decir que no he escatimado recursos en adornar las lagunas literarias que ocasionaron las páginas ausentes, aunque mi primer impulso fuera abandonar la novela.
No hay mucho que reseñar de las últimas jornadas. No compro nada. No me caso con nadie. Espectadora de retratos y de series sobre adolescentes. Hago collages con las páginas de las revistas. Busco en el nuevo esmalte de uñas ese nombre evocador que me transportará en un instante al color imposible, al escenario de los disparates. A veces, y lo digo con desesperanza, sólo es un número, por ejemplo, este verde pálido, ahogado, es el 32, y necesito, como mínimo, un lazo en el cabello, para lograr sacar algo de ahí.
Mis manos necesitan mantecas de almendras y unos guantes tan ajustados, que el sastre tenga que tomar las medidas cosiendo sobre mis manos. Fantasías que sólo compartiría con Robert de Montesquiou. Compondré para él un libro sobre las hortensias azules, touché, y sobre las magdalenas amargas de limón. Es el arte de aparentar.

miércoles, julio 28, 2010

El Oscuro Objeto


Así se titula el capítulo 18 de "Middlesex" tras haber pasado ya el meridiano de la novela. En él, una joven Calíope está a punto de descubrir un pequeño pene escondido entre los pliegues de su vulva y a descubrir también al objeto de deseo que marcará toda su adolescencia.
Verán, el encuentro sucede así. Nuestra protagonista, Calíope, lee en clase un fragmento de la “Ilíada” relativo a la diosa Afrodita:
“Era la una. El letargo de después de comer flotaba por el aula. Fuera, el cielo amenazaba lluvia. Llamaron a la puerta.
-Disculpe, Callie. ¿Podría parar un momento, por favor? -El señor Da Silva se volvió hacia la puerta-. Adelante.
Al igual que mis compañeras, alcé la vista. En el umbral había una chica pelirroja. Dos nubes se encontraron en lo alto, patinaron y, dejando escapar un resplandor, siguieron su camino. La luz cayó sobre el tejado de cristal del invernadero y, pasando entre los geranios suspendidos, realzó el fulgor rosado que ahora, como una especie de membrana, envolvía a la recién llegada. También es posible que el sol no tuviese nada que ver, sino que se tratase de cierta intensidad, de un fervor, de mi mirada”
A partir de esta revelación, Callie, la hermafrodita, muestra en el desarrollo de la narración un interés que define como “zoológico” hacia la nueva compañera de clase: sus explosiones de pecas, su forma de caminar arrastrando los pies, su desgana, sus labios finos, su mirada ausente… El encuentro lírico evoluciona hacia el despertar sexual, y la pelirroja se establece en la memoria sentimental de él/la protagonista hasta la edad adulta, evocando su recuerdo, imágenes de una belleza agridulce y fantasmal.
La pelirroja no llega a tener nombre. La conoceremos como el Oscuro Objeto, así la bautiza Callie años después de que perdieran el contacto. Ya convertido en Cal y destinado a a Madrid, ve en un bar “Ese Oscuro Objeto del deseo” y aunque no logra entender la mayor parte de los diálogos del film, le cautivan las escenas en que se ve a Fernando Rey con un pesado saco cargado al hombro: en el restaurante, en el parque, cogiendo un taxi, etc. Así interpreta Cal el recuerdo que le persigue, “como si llevara a cuestas un peso o una carga desconocida y misteriosa
Cuando ideé mi Tumblr como una caja de fotografías virtual en la que rescatar fulgores en los que quedara apresada una parte de mi Objeto, no dude en bautizarlo así. Creo que lo entenderán fácilmente.

miércoles, julio 21, 2010

Summer Dream


Il dolce far niente... El verano es temporada de incubación, de madurar quimeras y extenderlas cual redes invisibles contra la noche estival. Estas horas de la noche son los únicos momentos del día que recobran su pátina de realidad, ya que durante las horas diurnas el tiempo se detiene y, en letargo, consumimos píldoras de sueños.
La larga estación no nos deja espacio para la acción, pero sí para grandes descubrimientos. Esas píldoras de sueños nos entregan filmografías variopintas, de cine mudo, del cine precioso de arma blanca y de cine de muñecos (estas han sido mis elecciones). También transitan bellas muchachas en flor en mi panorama veraniego. Damas ligeras de ropa. Starlets y piernas recortadas de revistas. Incisivos ligeramente separados. Cabezas cortadas de muñecas.
De las casas vecinas también parece haberse adueñado la calma. Por todas partes late un silencio engañoso, a la espera de que llegue el momento preciso. Mientras, dormitamos, espiamos las idas y venidas del tipo de al lado o tomamos un nuevo comprimido vía oral que nos salvará de los restos de la tarde. Un nuevo hallazgo para comentar cuando los muertos regresen.
Pese al tono melancólico del escrito, no me pesa el tiempo: me deleita reflexionar sobre mi lector ideal, del que algún día les hablaré, o sobre la espuma de los días, los encuentros que nunca fueron o el parloteo de los árboles.
Pronto más.

domingo, julio 04, 2010

Demodé


No soporto las multitudes. La confusión de voces me fatiga. Por estos motivos rehúyo salir y amueblo mis paredes con imágenes queridas. Ahora adopto un jarrón, tal vez más tarde me interese desempolvar plumas verdinegras de gallo. Ce sont mes amis. No comparto el interés de mis convecinos por los viajes, tal vez porque viajo continuamente. No existe paraíso más dichoso que mi espacio diseñado para el viaje, que mis amados objetos.
Lo más divertido es que mi obra nunca termina. Mi gran sueño sería hacerme con un émulo de Charlie McCarthy, con quien poder conversar sobre materias elevadas. Mientras tanto, no me importaría conseguir un maniquí al que disfrazar de Cleopatra. Tengo pocas amigas. Desde niña siempre he querido poseer uno de esos espejos de los cuentos infantiles, a los que uno se asoma con reverencia y puede ocurrir cualquier cosa tras escudriñar su superficie borrosa (tiene que ser borrosa). Y relojes, muchos relojes dando la hora desde cientos de rincones, con sus mecanismos animados y sus pájaros parlantes.
Jaulas conteniendo caprichos de lo más diverso y frascos de cristal de todos los colores, para volverme loca con la danza de sus reflejos. Una orquesta de monos autómatas. Un techo adornado de farolillos chinos. Ojos recortados de revistas en las paredes. Máscaras y más mascaras. Muñecos malditos.
Así... estoy en paz.

domingo, junio 27, 2010

El Mundo Imaginario


Hace unos días, a resultas de iniciarme en la introducción de un libro de bolsillo, encontré la siguiente dedicatoria: “El presente libro está dedicado ante todo a aquellos que tal vez reconocerán un trozo de su propia vida en los seres sobre los que escribo, con los que me he encontrado y en cuya proximidad he vivido cierto tiempo. A aquellos que recuerdan nuestras expediciones comunes contra la angustia omnipresente que iba creciendo dentro de su personalidad, germinando a partir de las grietas de las contradicciones insolubles y de la amenaza de un mundo transformado en algo hostil. A aquellos que me han enseñado a comprender sus evasiones a los refugios que proporcionan las ensoñaciones y con los que tuve la posibilidad de vivir tanto los titubeos como el esplendor de los retornos”.
El hecho que el libro en cuestión esté dedicado a los enfermos de personalidad esquizoide o esquizofrénicos carece de importancia. Podría haber encontrado el mensaje de igual modo en una caja de cereales y le habría conferido la misma admiración. Se trata del mensaje, no del mensajero. Se trata de ir enlazando las pistas que he ido recogiendo, una vez han sido lanzadas al aire por los hados. En una tragedia griega, tal vez serían los personajes del coro los que impondrían comentarios sobre los reveses de mi fatal sino, pero en estos años, priman las señales de los letreros luminosos, de las notas garabateadas en libros de segunda mano y sobre todo, los mensajes secretos que algunos artistas grabaron en sus obras inmortales.
Como Eva Syristova, la autora del libro antes mencionado y de su poderosa dedicatoria, quería dedicar estas líneas escritas al azar también a “aquellos” y a vosotros, los que compartís ensoñaciones. Gracias.

* La imagen sobre estas líneas corresponde a “The Rubaiyat of Omar Khayyam“, ilustrado por Ronald Balfour.

martes, junio 08, 2010

Io Sono Anna Manni


El arte de la pintura es repugnante. Me agota, me subyuga, me exaspera. No puedo mirar, pero debo. La curiosidad es mucho más poderosa que ese atisbo de voluntad que conservo. Me refiero a la voluntad puramente física, por supuesto.


Durante siglos, esas imágenes han acumulado poder y más poder, ecos de las miradas que han quedado cautivas en sus entrañas. A través de sus hendiduras se ha abierto la puerta, la única puerta, esa que hemos encontrado tantas veces de improviso, en un rincón de la maleza, o en una mirada ida. Porque la locura es la clave y si no quieren llamarlo locura, llámenlo descontrol o caos… o abismo.


Lo que tengo por cierto es que contemplar obras de arte detenidamente como pasatiempo conduce a una enfermedad, indefinida, de más amplias consecuencias que el Síndrome en sí. Yo la padezco. Estoy atrapada en pigmentos que semejan carnaciones, en jirones de piel confeccionados de manchas blancuzcas y verdes, en plantas que no son plantas pero podrían serlo, podrían ser cualquier cosa que quisieran, formas que se retuercen y me llevan al paroxismo. Sí, se ríen, llenan de voces mi cabeza, o su silencio, me enerva, deliberadamente. Esos artefactos, son un mal remedio para quien necesita de consuelo, el mal que inoculan no tendrá jamás cura, mas al contrario, arrastran una larga convalecencia, de la que sólo se sale en breves intervalos, para coger aire. Para no entender la realidad -ese concepto tan equívoco, ¿no es así?-.


Creo que fue en una novela de Joan Perucho (mi memoria me falla), en que se hacía referencia a una especie de leyenda, de la que no he vuelto a tener noticias. Se decía que muchas de las personas que habían poseído algún grabado original de Piranesi, habían acabado volviéndose locas. No puedo comprobar la veracidad de la leyenda, ni siquiera recuerdo la fuente, pero el recuerdo de esta historia, o en su defecto, su invención por mi mente atribulada, me confirma el mal del que Dario nos cuenta en esa película, que tributa al maestro Hitchcock, ¿por qué sino Scottie seguiría a la rubia Judy Barton al museo?

Ambos perversos van más allá y asocian el mal de la contemplación de la “bellezza” a “Ese Oscuro Objeto”… pero, creo que ese es otro asunto, que obviamente y dada mi condición femenina no puedo acabar de comprender.

viernes, junio 04, 2010

Un Revulsivo


Debe estar a punto de ocurrir un crimen. Por aquí cerca. Siempre sucede de ese modo en los thrillers. La vida del protagonista se desliza en una placidez cristalina hasta que aparece un cadáver. Un charco de sangre. La querida escarlata que lleva consigo tantos rompecabezas…
Hay un perfecto mecanismo liberador en los crímenes que uno contempla, que uno desmenuza, que uno anticipa. No recuerdo en qué lugar leí que Agatha Christie utilizaba en sus novelas técnicas literarias similares a las que usan los hipnotizadores. ¡Qué juegos tan encantadores cultivaba la dama inglesa! Tal vez de aquí a unas horas, en la escalera, encontraré tirado un cuerpo. ¡En qué de avatares me veré envuelta! Apasionante, ¿no es así?
Por el momento, el té de la tarde y la mermelada me sirven de sustituto. También los cuentos ilustrados. El Diccionario y el viejo gramófono. ¡Qué inseparables compañeros!
Mientras, ustedes… conocen alguna de las pistas que necesito, y callan. Siempre lo hacen. Eso me entristece. A no ser que también tengan algún cadáver en el armario. En ese caso les disculpo. Vamos a la par.

miércoles, marzo 11, 2009

Jerusalem Duerme

Hace poco que tuvimos al eminente Dr. con nosotros. Entre tantas otras conversaciones circulares entorno al Ser (y no desde el punto de vista ontológico) surgió el tema del Blog/Blogger entre otros tantos. Quizás, algo inquieta por un comentario que leí a Carlos sobre la crisis de los blogs, hice surgir mis razones y argumentos.

El porqué de sentarse y no recapacitar ante la silla y el aparato informático es una atractiva pregunta que no sé si debo plantearme. No creo que deba pensar en ello, aún cuando lo esté haciendo. Reconozco que en sí el formato me resulta seductor, así también la posibilidad de lanzar mis interrogantes y paradojas al abismo, como si -y es una metáfora traída por los pelos-, sacara la ropa limpia para tender al barro.

El cuaderno virtual es un fetiche, y acaba convirtiéndose en sana costumbre para quienes llevamos desde la infancia rellenando diarios con nuestras incongruencias. Los demás duermen. Esa es la excusa. En realidad, si alguien atrapa aquello que escribimos será como descifrar un mensaje lanzado a la nada. Casi un milagro. Por lo tanto, casi no importa lo que diga aquí. Y dentro de un rato mis entrañas me dictarán otra cosa que quizá no comprenda, pero voy dejando señales. Para mí tal vez. Para despertar.

Mientras, ser consciente del tiempo y recaer en ello una y otra vez, realmente me conforta.

Un saludo, si hay alguien.



lunes, febrero 16, 2009

¿Hay Música en los Sueños?


Descubro la timidez que aún puede serme arrancada. Un vestigio de un no sé qué desconocido que me pone en contacto con esa parte de mí que ignoro. La misma inexactitud e instinto que hace resucitar a los personajes cinematográficos en las escaleras.

El pudor me desconcierta y tranquiliza al mismo tiempo, y me retiene el tiempo justo en el exterior. Ese lugar imaginario en el que no sé como pervivo.

Las horas nocturnas en vigilia me llevan a experimentar "sueños despiertos", actividades dirigidas a controlar mis delirios, pero sólo a medias lo consigo. Sé que anteayer me encontré sobrecogida sumergiéndome en los mecanismos del sueño contemplando unos pájaros. Y no eran los pájaros, ni los sonidos que emitían, ni la pesadez estudiada con que movían las alas. Fue un reflejo en la luz fluorescente sobre las baldosas azules, o un agujero cubierto de humedades no catalogadas. Un momento de indecisión y de nublada incertidumbre que los rubores después borraron.

No tomo asiento entre las criaturas míticas, ni siquiera entre los espectadores que se creen verdugos, ni estoy en el celuloide ni con la cerámica azul. Me escapo de mi función, y por tanto, la sensación se hace dueña, y el acto se disuelve.

martes, febrero 10, 2009

El Circo del Dr. Lao

¡Oh, la Fantasía! ¿Podemos acaso compartirla? ¿Se conocerán algún día entre ellos los seres nacidos de padres desconocidos, de países tan remotos? En parte es posible, gracias a las mitologías, a esos catálogos de ciudades soñadas y criaturas dotadas de poderes inauditos. Pero eso, es sólo el inicio. Trasponer simbologías y lograr que los nuevos héroes hereden los valores de sus antepasados culturales es sólo un alto en el camino. El resto de la vereda nos queda libre para experimentar e inquirir.

La penetración, es otra cosa. El verdadero descubrimiento. El descorrer del telón ficticio que nos vendaba los ojos.

La irrupción de lo numinoso en lo cotidiano no debe quedarse en un mero disfraz. Tal vez por este motivo no pueda compartir muchas fantasías. No capte el tono exacto de otras voces. El sentido se me representa claro y diáfano, pero me pierde la intensidad, la mía, por supuesto. Los mensajes pintados sobrevuelan en los disfraces que citaba hace un momento, pero apenas me tocan. Resta aquello que otorga a los mitos su carácter eterno: el éxtasis. La catarsis.

Tampoco me subleva la crítica, siendo como es una medicina engañosa, un sustituto de una embriaguez a la que no suplanta. Digamos que no puedo acomodarme a una negación sin lograr la sensación. Me resulta extremadamente pobre. Tal vez un consuelo para quienes se atreven a introducir un pie en el agua helada y así después poder contarlo. Expresar, relatar, no es honesto si uno no se deja la piel y los dientes en las letras…

¿Cómo puede un autor denunciar la supuesta ignorancia de un Abalone, o una población cualquiera sin contar con la suya propia? ¿De dónde procede la sonrisa? Describir la silueta de una sirena como si nunca hubiera sido un híbrido de un ave, ignorar aquella entidad que la asocia al presagio de una muerte funesta, no es sólo un descuido. Es más que eso. Se convierte en una semilla que en su crecimiento borra parte de la memoria de nuestros muertos.

Y lo peor es que el terror desfallece. No nos asustan. No hay catarsis…

Y se preguntarán por qué les hablo de todo esto… Bueno, yo sé porqué lo digo.


miércoles, enero 21, 2009

La Jerarquía Astral


En el movimiento combinado de estirarme mientras me dejo caer de espaldas sobre la manta aparece una silueta al fondo, junto a la construcción. Acaso agita la mano, comunicándome desde su posible distancia algún tipo de complicidad. Aunque me sorprenda ligeramente, mi reacción apresurada es responder con un torpe estremecimiento de mis brazos. Tal vez ahora se asome a la ventana. Quien sabe si proviene de algún fotograma de la maldita obra de Dreyer que posee tanto poder para subyugar a los velados durmientes.

Me distrae una leve brisa que proviene de no sé qué ángulo de la imagen capturada. Vive sin necesidad de recurrir a mi presencia. Subvierte el orden establecido en el que debería de considerarme espectadora. Pero esta palabra es sólo un truco, entiendo, para no mirar. Discierno que si no espero puede suceder, y así surge naturalmente la existencia.

Del mismo modo me encuentro presa en el dormitorio de la casa, atada por la pesadez de un lecho que me impide incorporarme. Ahora el paisaje me pertenece, dada mi intrusión, y me otorgo el derecho de contemplarlo y recorrerlo desde el lado opuesto. Un arbolillo al fondo y un nuevo don adquirido, el de anticipar el flujo del acto. Conseguiré así que un leve movimiento de mi mano imprima en el aire las señales que transmitirán un impulso al desplazamiento de las masas de aire. Algún cuco se agitará entre la hojarasca y emitirá el débil sonido que me permita salir de aquel espacio.

Aunque me erijo en dueña del reino, comprendo que no puedo interferir, y la diferencia entre participar e interferir se hace aquí esencial. Si lo hiciera, sé que ellos podrían tomar represalias, y la paz me sosiega, me es confortable y necesaria. Tomo el camino, como si otra fuera la decisión, y al acoplarme a los surcos, me desligo de la antigüedad que quisiera perseguirme, alargando una nueva risa impenetrable.


lunes, diciembre 29, 2008

The Snake


“On Her Way to Work One Morning
Down the Path Along Side the Lake
A Tender Hearted Woman Saw a Poor Half Frozen Snake
His Pretty Colored Skin Had Been All Frosted With the Dew
"Poor Thing," She Cried, "I'll Take You in and I'll Take Care of You"
"Take Me in Oh Tender Woman
Take Me In, For Heaven's Sake
Take Me In, Tender Woman," Sighed the Snake”

Al Wilson


No fue esta mañana una serpiente helada por el rocío sino un cielo que ni un artista disparatado habría podido rayar en rosa, quien me trajo un temor rápidamente espantado. El fin estaba ahí fuera, en cualquier parte, y sólo esperaba que alguien lo reconociera para revelarse.

Su presentación tal vez provocaría la risa en quienes no temen el asomo de caos que existe en la intensidad de los colores o en el disfraz, pero la mueca se congelaría. ¿Imaginan un ejército de conejos mecánicos?, o tal vez… alguna escena parecida ha acudido a su memoria. Es lo mismo. En la distancia las sacerdotisas parece tigresas del amor, y la ceremonia resultaría seductora. No se asusten, pues.

Al arrellanarme en el sillón y sentir la intuición del fin, me he sumergido para invocar las gemas de colores, para llamarlas a mis manos, tal y como el mago muestra. De este modo, puedo hundirme cada vez más alto, renovarme cuando me llegue la asfixia, caminar hacia atrás a través de mí misma. He encontrado las piedras preciosas, la fortuna olvidada, y la galería engañosa de eternidades nubladas de humo. Y he vuelto a presentir que el mal cosificado y somatizado no me dará tregua, mientras conserve estas joyas de fuego.


martes, diciembre 23, 2008

Poison Ivy


De ningún modo puedo reprocharle haber sido así y habérselo permitido… incluso ahora. Como si no supiera del corte de sus dientes. No es posible erigirse en verdugo ante un gato montés. Soy consciente de ello, y tal vez lo era entonces, pero había demasiado brillo alrededor, en aquel pico desigual, para intentar descifrar cualquier cosa, el gesto más nimio, de mí o de Ivy.

El poder de obrar se ralentiza y las decisiones se cambian los cuerpos si uno sostiene el peso del mundo sobre los hombros. Sólo hay aleteos feroces sobre los cristales, y una admiración de la belleza contemplativa, en escasísimas ocasiones activa.

He dejado crecer la hiedra. La mala hierba. Ha entrado en mi casa, y ha agasajado a mis padres, incluso dio de beber a mis animales. Nadie la había dejado llamar a la puerta. Se asustaban de sus colores llameantes, del terciopelo de su piel moteada. Se ha apropiado de la música, tiñéndola de un verde ponzoñoso, y se ha enroscado en los cuadros, rompiendo las bocas y los ojos de los retratados en los lienzos.



Casi nadie escuchaba a Ivy. Su boquita de corazón parloteaba y parloteaba salpicando de cristales el aire. Poseía con el llanto abrasador del nepentes, con sus danzas macabras; al cantar, su aliento se arrastraba desde algún lejano rosetón perfumado, y al lanzarse desde la negrura del cielo, atravesaba la flor sacrosanta de una estocada escarlata.

No quise arropar a Ivy. Ni enjugar sus heridas con benjuí. Me consolaba su contorno despidiéndose en el aire. Sus muecas desde histéricos fantasmas imaginarios. Se anudaban en mi garganta, enroscados, sus brotes sanguinarios, cosquilleando desde el eco del teatro de sombras.

Nada ha perdurado. Crece. Llena de plagas los campos, pica de viruela a los infantes. Ha raptado alguna emoción del cajón de los cubiertos de plata y anda desvariando, blandiendo el arma de barro, que se le deshace en las manos. No habla. Jamás asiente. Mordisquea sus propias hojas… Veo a Ivy despuntando desde el campo de trigo. No se acerca.

Con las otras hierbas.



lunes, diciembre 15, 2008

Exposition de Fleurs

Se me antoja haberla robado. ¿Cómo pudiste hacerlo? No la robé, si acaso la compré… Entonces crees que pagar un dinero te da derecho a su pertenencia. Sabes de sobras que no es así, que no es tuya porque ni siquiera es un recuerdo.


¿Pero como robar ‘strana cosa’ que ya ha sido robada? Non voglio di possederla. Ni siquiera asomarme. Pero. El hecho que sea intocable la convierte en cómplice. Tal vez no lo compartas, pero ya fue mía, mucho antes de encontrarla. Anterior a mi memoria imaginada. Yo cree aquel lugar. Estaba compuesto de miedos y nostalgias. Por eso, tal vez por eso, encontrarlo me entristece, y al mismo tiempo compone un enigma irresoluble en mi ansiedad.


Poseo aquellos días. Vuelven. Presiento cómo era esconderse bajo las matas verdinegras, aunque jamás lo hiciera, aunque las avistara desde lejos. Sus misterios siguen siendo mi familia, el hogar remoto de la caída. Cuando nadie me reconocía, entonces me sobraba el tiempo para escaparme, para no ser nadie y sentirme.


Si me vieron mis ojos entonces, otros ojos, no me habrían llamado por mi nombre. Mi pelo no era negro, ni mis ojos oscuros, era una pequeña salvaje desaliñada, de un rubio descolorido y ojos que arañaban. Reía. Y me enfrentaba a aquella sabiduría inducida, a aquel resplandor que aún nos ciega y aturde.


La amenaza de la naturaleza cultivada me embebía, y si pudiera explicar y dejar de relatar a través de sensaciones lo haría. Pero no sería tan cierto.


Exposition de Fleurs (Keukenhof, Holanda)

martes, diciembre 02, 2008

Zenabel o los Sueños Amarillos

Sí, los sueños se alimentan. Hijos de nuestros sigilos y bravuras secretas, como criaturas ávidas de saberes ocultos, monstruos de mil bocas, rastrean en los rincones menos obvios y explotan los coloridos de la feria más trivial.

A menudo los sorprendo vestidos con guantes oscuros, ajenos a mi feminidad y desentrañando crímenes a partir de pistas ilógicas y a través de reflejos de vidrieras encarnadas. Es cuando descubro el ‘giallo’ en su estructura menos obvia y puedo después diseccionarlo como a un precioso insecto, con alas de esmeralda.

Sueño, sí, con tramas laberínticas, con sucesos oscuros entrevistos en un palco dorado, con símbolos infantiles y detalles que se agigantan ante mis otros ojos. Y esta peculiaridad me hace preguntarme por el origen de la fantasía y sobre cómo puede el arte introducirse en el inconsciente a través del ojo y fijarse en sus juegos y rompecabezas. El mapa de esta instancia me es inasequible, pero me es mostrado cual un enigma más que pudiera encontrar desarrollado por otro.


Sería fácil cargar la culpa de esta pequeña disfunción al bolso amarillo de una de las mujeres más adorables de la historia del cine. En el año 1964 se estrenaban “Marnie” y “Sei donne per l'assassino” como un preludio de la sinfonía estético-sangrienta que iba a marcar toda una juventud de sueños en gran angular. Las víctimas o los receptores de tal avalancha de sensaciones, no imaginaron en su niñez que las estrategias de los asesinatos se infiltrarían en sus esquemas más profundos, en sus habitaciones internas, en sus propios sótanos.

Y sin embargo, las jóvenes siguen cayendo. Y unos zapatos ocupan el escaparate del sueño. Dilucido crímenes y raptos y me asomo a persecuciones vertiginosas ajena a lo que podría ser el dolor, que aquí no existe. Sólo hay colores brillantes, y un puzzle… un puzzle para quienes no temen perderse.



miércoles, noviembre 12, 2008

La Musa Desconocida

Porque la intención que no logramos comprender es el anzuelo más poderoso. Porque una sonrisa aislada se convierte en el arma silenciosa que nos coloca al borde de una altura imprevista. Y la respuesta más simple: porque una bella muerta de la que poseemos el retrato se erige sin duda en la dueña de nuestros desvelos e inspiración.


Por todo ello la “Desconocida del Sena”, rodeada de las brumas de un segundo nacimiento, se ha convertido en el alma gemela de los amantes de lo oculto. La cara sin nombre, sin públicas vivencias, capaz de invocar la paz y el olvido de las almas enfermas, con la facilidad que otorga el no decepcionar jamás el Ideal.


Descúbranse como los descubridores de la ahogada adolescente, como el asistente médico que quedó prendado de su belleza y a quien le fue imposible no inmortalizar su efigie. Hay varias historias que escriben la leyenda. Una mujer sin nombre aparecía reproducida en los muros de los hogares a partir de 1900, y una legión de artistas se la adjudicaban, pujando por reproducciones de la mascara original para apropiarse del enigma. Para trazar su propia debilidad, desvelándose en fantasías moribundas.


Desapruebo quien pretenda apropiarse de la paternidad o comprensión de la parisiense. Ignoro el porqué del exhibicionismo de la máscara fúnebre. Quien contemple el retrato de un difunto debe conservarlo en un lugar que dignifique a ambos y su muda comunicación. Tal vez de ahí se desenrollen nuevos hilos.


Mientras, cuento los centenares, millares, de reproducciones de ‘los muertos’. Veo hacia donde van, en procesión interminable hacia la consecución de su propio retrato en luto. Y me pregunto por qué todos llevan la máscara del mito anterior en lugar de la suya.