
Esta imagen fue ideada por el simbolista Fernand Khnopff para ilustrar el frontispicio de una de las obras más célebres de Joséphin Péladan: “Istar”.
Como diosa de la fertilidad, efigie de una Afrodita plena y harmoniosa, la divinidad no cumple con sus promesas, ‘au contraire’, diríamos más bien que las corrompe, como cualquier heroína que se precie del decadentismo tiene el deber de conseguir, se trate de una Salomé o de la más bella ‘donna angelicata’.
Además de emblema de la fecundidad, en esta obra el artista no quiso dejar de lado la aureola de luto que deja tras de sí Astarté al abandonar el mundo de los muertos. Por tal motivo, la deidad de muestra se convirtió a finales siglo XIX y, en concreto, tras la publicación de la obra en 1888, en símbolo del ideal andrógino que seduciría a los finiseculares. Por tal motivo, los ecos sobre la composición de Khnopff acapararon no pocas páginas de los aficionados a los diseños que se mostraban en el Salón Rosa Cruz.
Fue el mismo Sâr Péladan quien describió el frontispicio como “el desnudo emocional, que es la expresión de un modelo separado de su entorno”. Desarrollando la idea explícita de abandono en la emoción suprema, del desmayo del éxtasis. La mujer, fiera, o criatura que se nos muestra nos relega a nuestra limitada capacidad de impresión, mientras ella escapa y se desvela, como flor de misterio. Su belleza combina el reflejo del hermafrodita, con la santidad y el poder de la aniquilación. Por eso, un tallo fálico florece serpenteando hacia su sexo, mientras con su crecimiento arrastra el fantasma del esposo sacrificado.
Tal y como declaró Jean Delville:
“Khnopff ha creado un tipo de mujer idea. ¿Son realmente mujeres? ¿No serían en todo caso feminidades imaginarias? Provienen del mismo tiempo que el Ídolo,








