
viernes, junio 17, 2011
Lou

martes, abril 12, 2011
Mais ne nous délivrez pas du mal (1971)




lunes, enero 03, 2011
Miss Pandora






domingo, noviembre 07, 2010
Alraune (1928)




lunes, septiembre 06, 2010
The Seven Addictions and Five Professions of Anita Berber




sábado, junio 19, 2010
Marlene y “The Savage”


viernes, junio 11, 2010
Tórtola Valencia



miércoles, diciembre 24, 2008
lunes, diciembre 08, 2008
Algunas Postales de David Hamilton
lunes, noviembre 10, 2008
El Mambo de Brigitte
El primer truco apreciable es hacerla descender a un sótano oscuro desde la languidez de la “soir blue” de Saint-Tropez. La bella procede a bajar los escalones, con balanceos de desidia y de caprichos frugales. Toda ella es un tormento, remembranza de las olas que la exhibían mojada a pleno sol, con el pelo revuelto.
Indiferente a que la miren, o deseosa. Su mirada no desafía, sino que permanece subterránea, como el fondo que la dibuja. Inasequible, actuando sumisa, como un autómata, aunque el fuego la consuma, aunque el brote de fiebre se excite a punto de revelarse. Juliete parece acoger aires de timidez mientras se muerde el pulgar, acaso nerviosa, pero cualquier movimiento puede accionar su fatalidad.
El segundo truco son acaso sus pies descalzos, la vulnerabilidad que suponen, y esos planos generales que la encuadran en medio de un espacio que se antoja asfixiante, húmedo y sin ventilación. Una jovencita sin acompañante masculino que se adentra en la oscuridad del bar, huyendo, sin conciencia de su perturbador poder. Rodeada de extraños que la enmarcan desde todos los ángulos. Brigitte empieza a bailar.

Y de repente grita, y al momento se ha olvidado tal vez incluso de porqué está allí. Sólo existe la llamada insistente de las percusiones, el calor de la música que gobierna su grácil cuerpo. La chiquilla se agita y se retuerce, poniendo en evidencia la maravilla naciente de cada parte de su cuerpo. El florecimiento del ímpetu de su juventud. Esquivando cualquier obstáculo que la aparte de
El tercer truco es adorar sus piernas sobre un suelo ajedrezado, detener cada movimiento en la rapidez del frenesí. Capturar la inefabilidad de la corriente de efluvios que desprende su danza. La misma danza que sesgó el cuello de San Juan Bautista. La que lleva en sí la ruina de los deseos que no se subliman. La lujuria de los hombres detenidos, como estatuas, rodea a la diosa rubia imponiendo su propia violencia, mezclándose con la furia del mambo.
Crece la intensidad del ritmo, del desenfreno, y las caderas se mecen en movimientos sincopados, hasta que el arma aparece reflejada en el espejo y los designios de la providencia se muestran con toda la claridad de su magnitud. Como en los juegos crueles de la vida es el todo o nada, es la caza o la renuncia a uno mismo. Brigitte con ojos húmedos, con las mejillas coloradas, no se rinde a la servidumbre del trampero, y con una sutil sonrisa finaliza su desafío, que nos hiere como un látigo.
Pasamos a otra escena.
martes, abril 15, 2008
Baby Doll
Puedo ver esta fotografía desde aquí siempre que escribo, en la estantería blanca que hay encima del escritorio. Mis atenciones hacia ella se han vuelto inestables, me acompaña la inclinación y la pose solicita, pero los contornos se desdibujan y nuestras miradas no se han vuelto a cruzar desde hace meses. Sin embargo hubo una época en que su proximidad me agitaba y
Porque era la Carroll Baker de Babydoll, y no otra, pese a la belleza, o lo que sea que consista la estética desde la objetividad. Baby Doll era un punto de conexión con una idea que pude tener un día, con esa criatura que conocía sin saber, porque había nacido desarrollándose a partir de mis pistilos, el ser regado de pecados propios que se me escapaba entre los dedos al intentar asir una proyección valida. Esa mujer-niña hecha de carne inaccesible que en tantas ocasiones perseguí, una combinación de encajes abandonada, un churrete de saliva cicatrizado.
Este fotograma de “Baby Doll” ampliado me miraba desde la pared cuando no le prestaba atención. Ella a lo suyo, indiferente a todo menos a su santuario marchito. Mediante un túnel de estructuras romboidales nos volcábamos la una en la otra, descalzas e irascibles, buscándonos los mohines.
Y de su estancia a la mía se arrastraban legajos y cintas, y oía el cosquilleo de mi carcajada difuminado por el tañido de las campanas, por su propio espionaje.
Puedes coger sus zapatos y lanzarlos río abajo, y alcanzarle un vestido de tirantes e invitarla a un dulce. Y lo demás se tornará accesorio. Sólo retenerla, el tiempo suficiente -nunca suficiente-, empujar su astucia, agarrarle el dedo y llevártelo a la boca.
lunes, febrero 25, 2008
Actriz Fetiche. Mi Brigitte.
De entre las dos Bs Gainsbourg siempre preferí a
Pero tampoco se trata de cubrir una falsa rivalidad. A mí siempre me gustó Bardot. Mi Brigitte. Con sus poses de bailarina y aquella caballera que parecía un nido de pájaros, invariablemente despeinada. Aquella ninfa que recogía animalillos del suelo con el mismo capricho con el que después se subía a las mesas para bailar un mambo.
Brigitte siempre se mostró, tal cual. Siendo esfinge u odalisca, niña perezosa o Bonnie Parker. Una joven descalza que recoger del camino sin saber a ciencia cierta cuando podría volver a salir corriendo. Con su naricilla pecosa, sus piernas inquietas y aquella lúcida mirada extraviada, ardorosa y retadora:
“I have been very happy, very rich, very beautiful, much adulated, very famous and very unhappy”

Mientras ella se suicidaba una y otra vez, aludiendo a que siempre que se enamoraba pensaba que sería para siempre, el resto del mundo intentaba atrapar su reflejo en portadas plastificadas, tratando de comprender el enigma de la mujer-bebé, aquella nudista solicita que balbuceaba mientras se mordía el pulgar saliendo de la bañera. Tal vez Cocteau fue uno de los pocos que respetó el mito, mostrándola y ocultando al mismo tiempo su desafío en una breve escena de El Testamento de Orfeo:
Sólo
lunes, enero 14, 2008
Rolls-Royce Baby (1975)
Rolls-Royce Baby es Lina Romay. Esta premisa ya queda clara desde el principio, cuando se nos dice que la protagonista se llama Lisa Romay y que es una conocida actriz y modelo para revistas de desnudos.
Lina acapara la pantalla desde el principio y es que la película no es otra cosa que una excusa para glorificar su belleza y su erotismo. Lina desnuda con calcetines y tacones, Lina masturbándose, Lina en batas transparentes, primeros planos suyos, cada centímetro de su cuerpo adorado… “Rolls-Royce Baby” es una oda a una musa, y es curioso que no fuese Jesús Franco quien firmase esta producción, sino el realizador suizo, colaborador del propio Franco o de Margheriti, Erwin C. Dietrich.
El argumento es muy simple: miss Romay, una actriz de fama que lleva una existencia ociosa dedicada a procurarse placeres corporales, sale cada día en Rolls-Royce acompañada de su chofer en busca de autostopistas a quienes subir en su vehículo. Hombres y mujeres desfilan por los asientos de su Rolls intentando calmar la fiebre sexual de nuestra dama-dandy. Hay un pequeño flashback, en el que se muestra a Lina más joven y aún actriz amateur. En esta escena es ella quien hace autostop, un par de camioneros la recogen y después de practicar todo tipo de pericias sexuales, los señores demuestran muy pocos modales y la abandonan desnuda en mitad de la carretera.
Ignoro si esta secuencia pretende mostrar algún tipo de trauma de la protagonista o si tal vez es el contrario, que una Romay famosa y rica se divierte ayudando a los que no tienen tanta suerte como ella. Creo que eso es lo de menos. En “Rolls-Royce Baby” apenas hay diálogo, y las escenas de sexo se alargan indefinidamente mostrando el cuerpo de Lina tras el primer plano de una planta o de una cortina. En esos momentos el mobiliario, el objeto escogido, forma parte del sustrato erótico y se funde con el cuerpo de Lina y su placer. Durante minutos su rostro acapara la pantalla, con un especial énfasis en su boca, en sus dientes. Hay un erotismo muy personal centrado en sus expresiones faciales, toda una poesía del detalle.
Tal vez este es el triunfo de la película dentro del género, el crear una puesta en escena que nos habla, un automóvil, una flor, una brocha, que no sólo son juguetes sexuales, sino que participan de la excitación y la disfrutan. Y esa languidez que hace detenerse el tiempo y nos muestra que cada segundo de la carne es precioso.




