
viernes, junio 17, 2011
Lou

martes, abril 12, 2011
Mais ne nous délivrez pas du mal (1971)




domingo, noviembre 07, 2010
Alraune (1928)




martes, agosto 17, 2010
Usher





jueves, julio 08, 2010
The Love Garden (1971)
martes, junio 15, 2010
Malpertuis (1971)
martes, junio 08, 2010
Io Sono Anna Manni

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miércoles, febrero 04, 2009
domingo, enero 25, 2009
Un Angelo Per Satana (1966)
Una sola mujer, con sus pómulos cadavéricos y sus ojos enormes, puede abocar a un pequeño pueblo a la destrucción. Su sola presencia, acercar un pie demasiado a un lugareño, besar al enamorado de su doncella, enloquecer al mozo más fornido de la aldea y obligarle a quemar su casa con la familia entera encerrada en su interior. El poder de una cabellera negra y un contoneo de cintura. La lujuria, diosa de caprichos impacientes, unida a la ira y al deseo de venganza, son las armas más enérgicas que puede esgrimir una bella joven.
En los cuentos de horror gótico las pasiones desatadas son siempre el motor del terror. Lo terrible es entender que los deseos insatisfechos de una mujer endiablada, y poseída por el deleite carnal, pueden ser la causa de la muerte de niños inocentes o del suicidio de un honrado profesor que, de la noche a la mañana, pierde a su prometida y se hunde en el vicio. Es el horror de los pecados capitales, la supremacía de la bestialidad en un ámbito rural aparentemente apacible… No es de extrañar que en el transcurso de estas historias aparezcan personajes animalizados o de capacidad intelectual inferior involucrados en el argumento. Son el otro lado de las heroínas delicadas vestidas en terciopelo que dominan a su antojo a los varones, y doblegan su voluntad a través del placer y del miedo al abismo.
En “Un Angelo Per Satana”, Barbara Steel aparece espléndida como encarnación de la fatal Némesis que destruye con sus besos. Madura y sensual, estudiante inocente, cruel o ensimismada, interpreta a la perfección uno de esos dobles papeles tan habituales en sus películas de terror. Junto al habitual del spaghetti western, el brasileño Antonio De Teffè (o Anthony Steffen), quien llega a un pequeño pueblo para restaurar una estatua antigua que tiene un parecido asombroso con la heredera de los Montebruno,
Una curiosidad de esta Vénus d'Ille, es quizás su amplio reparto. El realizador Camillo Mastrocinque no se ha limitado a contar su historia con cuatro o cinco personajes, sino que recorre varias historias paralelas para acabar abrazándolas a todas con los hilos de la muerte. Otro elemento a destacar, es el juego de apariencias que atraviesa la película, y que en un momento dado se aparta de los tópicos del horror gótico para adentrarse en territorios más detectivescos que dan una vuelta de tuerca a las previsiones del espectador.
De todas formas el arma sigue siendo Barbara, resplandeciendo en un blanco y negro contrastado que embellece aún más su perfidia.
martes, enero 13, 2009
Dante’s Inferno. Francesco Bertolini, Adolfo Padovan y Giuseppe de Liguoro.1911
Dado que traspasar la lírica del poeta florentino a la pantalla demoníaca resultaría tarea infructuosa, el grupo de artistas italianos que pergeñaron la película, optaron por la premisa puramente epatante de plasmar con cuantos medios que tenían a su alcance el incesante flujo de imágenes asombrosas y alucinantes que provoca la lectura de la “Divina Comedia”, a través del prisma influyente que legaban los grabados que ideara al respecto Gustave Doré.
Tenemos pues una sucesión de imágenes sorprendentes, dotadas de una creatividad visual inusitada en la época de no ser de los experimentos fílmicos de Méliès. Verdaderos ‘tableaux vivants’, fotografías desarrolladas en movimientos casi imperceptibles que caminan con alma propia en el proyector. Desde los fabulosos decorados pintados al vestuario prodigioso, claroscuros de rocas puntiagudas entre carnes consumidas que se retuercen en llamas de blancura, monstruos de imprevista factura e ilusiones variadas.
Recorriendo los círculos infernales de “L’Inferno ”, uno queda aturdido ante el derroche de ingenio de su imaginería visual, a partir de proyecciones, superposiciones de imágenes y curiosos artificios. Poblándose los senderos de inclasificables seres mitológicos, caprichos de la imaginación y criaturas fruto del sueño de nuestro sueño, habitantes de mundos de maravilla y monstruos de Bestiarios medievales.
Tal vez mi secuencia favorita de la película sea la aparición, en larga procesión, de los Hipócritas, cargados con capas de plomo que por fuera semejan de oro, y que les hacen caminar muy lentamente. Se trata de un fragmento de verdadero ensueño, en el que nos encontramos frente a la eternidad de unas almas en pena, que no sabemos si nos serán inofensivas, y la inmediatez de la tortura de unos hombres que han perdido sus privilegios. Una especie de acertijo comprensible sólo al inconsciente.
Persisten también en la impresión de mi memoria postales de delicadezas preciosistas, como el descenso en un suave vuelo de los amantes Paolo y Francesca da Rimini, quienes parecen desencajarse de algún lienzo barroco, o la contemplación del alma corpórea de Beatrice en un prado, coronada de una aureola de movimiento incesante que nos hace adivinar ha sido conformada por una hélice, o el encanto de las bestias salvajes, conseguidas a partir de autómatas, cuya artificiosidad hace las delicias de los amantes de los efectos de lo inesperado.
Onorate l’Altissimo Poeta…
martes, diciembre 23, 2008
Poison Ivy
De ningún modo puedo reprocharle haber sido así y habérselo permitido… incluso ahora. Como si no supiera del corte de sus dientes. No es posible erigirse en verdugo ante un gato montés. Soy consciente de ello, y tal vez lo era entonces, pero había demasiado brillo alrededor, en aquel pico desigual, para intentar descifrar cualquier cosa, el gesto más nimio, de mí o de Ivy.
El poder de obrar se ralentiza y las decisiones se cambian los cuerpos si uno sostiene el peso del mundo sobre los hombros. Sólo hay aleteos feroces sobre los cristales, y una admiración de la belleza contemplativa, en escasísimas ocasiones activa.
He dejado crecer la hiedra. La mala hierba. Ha entrado en mi casa, y ha agasajado a mis padres, incluso dio de beber a mis animales. Nadie la había dejado llamar a la puerta. Se asustaban de sus colores llameantes, del terciopelo de su piel moteada. Se ha apropiado de la música, tiñéndola de un verde ponzoñoso, y se ha enroscado en los cuadros, rompiendo las bocas y los ojos de los retratados en los lienzos.
Casi nadie escuchaba a Ivy. Su boquita de corazón parloteaba y parloteaba salpicando de cristales el aire. Poseía con el llanto abrasador del nepentes, con sus danzas macabras; al cantar, su aliento se arrastraba desde algún lejano rosetón perfumado, y al lanzarse desde la negrura del cielo, atravesaba la flor sacrosanta de una estocada escarlata.
No quise arropar a Ivy. Ni enjugar sus heridas con benjuí. Me consolaba su contorno despidiéndose en el aire. Sus muecas desde histéricos fantasmas imaginarios. Se anudaban en mi garganta, enroscados, sus brotes sanguinarios, cosquilleando desde el eco del teatro de sombras.
Nada ha perdurado. Crece. Llena de plagas los campos, pica de viruela a los infantes. Ha raptado alguna emoción del cajón de los cubiertos de plata y anda desvariando, blandiendo el arma de barro, que se le deshace en las manos. No habla. Jamás asiente. Mordisquea sus propias hojas… Veo a Ivy despuntando desde el campo de trigo. No se acerca.
Con las otras hierbas.
martes, diciembre 02, 2008
Zenabel o los Sueños Amarillos
Sí, los sueños se alimentan. Hijos de nuestros sigilos y bravuras secretas, como criaturas ávidas de saberes ocultos, monstruos de mil bocas, rastrean en los rincones menos obvios y explotan los coloridos de la feria más trivial.
A menudo los sorprendo vestidos con guantes oscuros, ajenos a mi feminidad y desentrañando crímenes a partir de pistas ilógicas y a través de reflejos de vidrieras encarnadas. Es cuando descubro el ‘giallo’ en su estructura menos obvia y puedo después diseccionarlo como a un precioso insecto, con alas de esmeralda.
Sueño, sí, con tramas laberínticas, con sucesos oscuros entrevistos en un palco dorado, con símbolos infantiles y detalles que se agigantan ante mis otros ojos. Y esta peculiaridad me hace preguntarme por el origen de la fantasía y sobre cómo puede el arte introducirse en el inconsciente a través del ojo y fijarse en sus juegos y rompecabezas. El mapa de esta instancia me es inasequible, pero me es mostrado cual un enigma más que pudiera encontrar desarrollado por otro.
Sería fácil cargar la culpa de esta pequeña disfunción al bolso amarillo de una de las mujeres más adorables de la historia del cine. En el año 1964 se estrenaban “Marnie” y “Sei donne per l'assassino” como un preludio de la sinfonía estético-sangrienta que iba a marcar toda una juventud de sueños en gran angular. Las víctimas o los receptores de tal avalancha de sensaciones, no imaginaron en su niñez que las estrategias de los asesinatos se infiltrarían en sus esquemas más profundos, en sus habitaciones internas, en sus propios sótanos.
Y sin embargo, las jóvenes siguen cayendo. Y unos zapatos ocupan el escaparate del sueño. Dilucido crímenes y raptos y me asomo a persecuciones vertiginosas ajena a lo que podría ser el dolor, que aquí no existe. Sólo hay colores brillantes, y un puzzle… un puzzle para quienes no temen perderse.




