
viernes, junio 17, 2011
Lou

lunes, septiembre 06, 2010
The Seven Addictions and Five Professions of Anita Berber




lunes, agosto 23, 2010
W. B. Yeats. La Rosa Secreta

lunes, agosto 09, 2010
Gabriele D’Annunzio. Le Vergini Delle Rocce

miércoles, julio 28, 2010
El Oscuro Objeto

domingo, julio 25, 2010
Tu vida en sociedad


viernes, junio 11, 2010
Tórtola Valencia



lunes, abril 13, 2009
Mabel Collins “Historia de una Maga Negra”

«Este libro ha sido titulado “Historia de una maga negra”, porque en él se narran las luchas y los errores de una extraña mujer que, habiendo sido maga negra, se esforzó, sin embargo, grande pero ciegamente, en pertenecer a la hermandad de
Estas son las palabras que encontramos en el prefacio a la novela de Mabel Collins, redactadas por la propia autora, además de revelar como indicación a los lectores que mientras lean la historia, acepten como un hecho la teoría de la reencarnación de las almas.
Aunque la fotografía que ilustra el libro pueda inducirnos a creer que nos encontramos ante una novela de la era de acuario, -gracias a esta reedición de 1976-, la realidad es que nos encontramos con la obra de uno de los más célebres miembros de
Si les interesa consultar más datos sobre la autora hay varias páginas en la web en las que se adjuntan sus artículos y se dibuja su interesantísima biografía, aunque siempre con las reservas de las que hay que armarse en relación a la verosimilitud de los datos que se pueden encontrar en la red, y sobre todo tratándose de temas relacionados con el ocultismo.
Sería difícil rastrear las influencias de las teorías teosóficas y su alejamiento de las mismas en esta novela, ya que la escritora no siempre estuvo de acuerdo con los postulados de la orden. Sí es cierto que las premisas de la obra, responden bastante minuciosamente a las realizadas por Mabel Collins en "Light On The Path" y que pueden consultar en el enlace: la renuncia a los deseos que no lleven a la superación del propio yo, a las sensaciones y a las pasiones, y el afán de perfeccionamiento del propio ser, hasta alzarse por encima de todo lo mundano. La búsqueda del poder inabarcable que ostentan las almas que lo desean ardientemente.
En “Historia de una maga negra” se traduce en un relato de los avatares de Fleta, princesa de un país y una época indistintos, que se aventura a escalar los peldaños de su obra espiritual acompañada de espíritus del pasado y almas con una misma estrella, y que comprende que sólo la negación de todo cuanto desea puede conducirla a su realización, a su florecimiento en la magia.
La novela es también una exploración de otros caminos de lo fantástico, viaje que siempre resulta vivificante y fuente de grandes impresiones, y nos obliga a recorrer territorios de la mente que van más allá de los límites expuestos por los sentidos o por los tópicos de la literatura fantástica. Una migración, durante unas cuantas páginas, de los seguros senderos que ya conocemos.
miércoles, marzo 18, 2009
Hans Christian Andersen: muerto sólo en apariencia
La única ambición de Andersen era la de convertirse en Digter, es decir, en escritor tenido en la más alta estima. A tal fin, escribió poemas, obras teatrales, novelas, libros de viajes y cuentos de hadas. Y como saben, fueron estos últimos – fruslerías, como él los llamaba- los que le permitieron alcanzar renombre mundial.
Se dice de Andersen que era un hombre alto y frágil, de cabello castaño, con unos pequeños ojos azules y una afilada nariz que dominaba todo su rostro. Sus brazos y sus piernas resultaban desproporcionadamente largos en comparación con su cuerpo, y sus pies eran gigantescos. Por la calle, los desconocidos se detenían y le señalaban con el dedo, llamándole ‘cigüeña’ y ‘farola’.
Cuando estaba de buenas, Andersen podía mostrarse sencillo, sincero, cariñoso e ingenioso. Cuando estaba de malas, alimentaba su fama de ser un autor presumido, irritable, pretencioso y terriblemente excéntrico. Sus ataques de depresión y sus tendencias hipocondríacas eran el producto de sus muchas fobias. Le aterraba tanto la posibilidad de morir en un incendio que, cuando viajaba, llevaba siempre una bata en la maleta para el caso de que se viera obligado a huir a un lugar seguro. Aterrorizado ante la posibilidad de que le enterraran vivo, pidió a sus amigos que le cortaran una arteria antes de introducirle en un ataúd. Ante cualquier indisposición, solía dejar una nota encima de su mesilla de noche en la que decía: “Estoy muerto sólo en apariencia”.
lunes, marzo 16, 2009
Sociedades Secretas Femeninas
A modo de introducción, comentar que las reuniones secretas de mujeres casi siempre están relacionadas con el misterio del nacimiento y los cultos a la fertilidad. Y son varias las cofradías secretas femeninas que han llegado hasta nuestros días y cuyos ritos comportan un simbolismo entorno a la fecundidad.
En las reuniones femeninas que se dan entre los mordovianos se excluye expresamente a los hombres, a las jóvenes no casadas y a los niños, cuya presencia está estrictamente prohibida. La insignia de la cofradía es un caballo de palo y las mujeres que lo acompañan son denominadas “caballos”. De sus cuellos pende una bolsa llena de mijo y adornada con bandas: la bolsa representa el vientre del caballo. También se añaden unos saquitos pequeños que representan los testículos.
Cada año tiene lugar el banquete ritual de la sociedad, que se celebra en casa de una anciana. Al entrar, las jóvenes casadas son golpeadas tres veces con látigos por las mujeres mayores, que les gritan: “¡Poned un huevo!”, y entonces las jóvenes casadas ponen un huevo hervido que sale de entre sus pechos. El banquete, al que cada miembro de la cofradía debe contribuir con viandas, bebidas y dinero, se convierte rápidamente en una orgía. A la caída de la noche, la mitad de la cofradía visita a la otra mitad (ya que cada poblado está dividido en dos partes). Se trata de un cortejo carnavalesco: las ancianas borrachas cabalgan caballos de palo y cantan canciones eróticas. Cuando ambas partes de la cofradía se reúnen, el alboroto es indescriptible. Los hombres no se aventuran a aparecer por las calles. Si lo hacen son atacados por las mujeres, desnudados y brutalizados, y deben pagar una multa para recuperar la libertad.
Fuente: Mircea Eliade “Mitos, Sueños y Misterios”
martes, febrero 10, 2009
El Circo del Dr. Lao

¡Oh,
La penetración, es otra cosa. El verdadero descubrimiento. El descorrer del telón ficticio que nos vendaba los ojos.
La irrupción de lo numinoso en lo cotidiano no debe quedarse en un mero disfraz. Tal vez por este motivo no pueda compartir muchas fantasías. No capte el tono exacto de otras voces. El sentido se me representa claro y diáfano, pero me pierde la intensidad, la mía, por supuesto. Los mensajes pintados sobrevuelan en los disfraces que citaba hace un momento, pero apenas me tocan. Resta aquello que otorga a los mitos su carácter eterno: el éxtasis. La catarsis.
Tampoco me subleva la crítica, siendo como es una medicina engañosa, un sustituto de una embriaguez a la que no suplanta. Digamos que no puedo acomodarme a una negación sin lograr la sensación. Me resulta extremadamente pobre. Tal vez un consuelo para quienes se atreven a introducir un pie en el agua helada y así después poder contarlo. Expresar, relatar, no es honesto si uno no se deja la piel y los dientes en las letras…
¿Cómo puede un autor denunciar la supuesta ignorancia de un Abalone, o una población cualquiera sin contar con la suya propia? ¿De dónde procede la sonrisa? Describir la silueta de una sirena como si nunca hubiera sido un híbrido de un ave, ignorar aquella entidad que la asocia al presagio de una muerte funesta, no es sólo un descuido. Es más que eso. Se convierte en una semilla que en su crecimiento borra parte de la memoria de nuestros muertos.
Y lo peor es que el terror desfallece. No nos asustan. No hay catarsis…
Y se preguntarán por qué les hablo de todo esto… Bueno, yo sé porqué lo digo.
martes, enero 06, 2009
Agustín Pérez Zaragoza “Galería Fúnebre de Espectros y Sombras Ensangrentadas”

Jirones de espectros que se confunden con el movimiento de las cortinas, cabezas decapitadas aún burbujeantes de sangre fresca, gemidos y chirridos metálicos bajo la colcha. El pueblo no se alimenta sólo de Pan y Circo, o de
Agustín Pérez Zaragoza, escritor de oficio nómada, cuyos intereses se movían a la par que los vaivenes de la sociedad que le fue impuesta, no ignoraba los atractivos de tal espectáculo, y siendo un maestro de la impostura, no tardó en hacerse un nombre a partir de la violencia de masacres y sangrías que fue recuperando de diversas fuentes literarias, francesas e italianas en su mayoría. Y cómo lo mismo redactaba un tratado contra los jesuitas, como un compendio filosófico moral o un manual de cocina, no le fue difícil desarrollar esta nueva disciplina al truhán. Y se dedicó a esta literatura con harto entusiasmo, por tal motivo se le conoce como uno de los escasos representantes de la novela gótica en nuestro país, gracias a la asimilación de las novelas de Ann Radcliffe y otros (por cierto, que el mismo alude a la novelista como Rosdeliff, en un alarde de sus amplios conocimientos culturales).
Del Romanticismo puro y más hiperbólico en el tratamiento de sus ‘topos’ surge como ‘rara avis’ la “Galería Fúnebre de Espectros y Sombras Ensangrentadas” en la primera mitad del siglo XIX, y se convierte en uno de los libros más leídos de su época. Sus relatos truculentos que incluyen amenazadoras cabezas decapitadas, venenos y horcas son consumidos con afición por una población ávida de sensaciones extremas. Los bocados tremebundos de Pérez Zaragoza se convierten en la distracción predilecta de las multitudes, que ven en esta recopilación cómo un discurrimiento sobre la vida y las virtudes de los hombres.
Ésta es la intención que el autor deja clara en su prólogo a la obra. Y además Pérez Zaragoza decide ampararse en la figura de la reina regente, María Cristina de Borbón, al permitirse el dedicarle la edición. En el mencionado prólogo que sirve para presentar excusas, justifica el recurrir a episodios tan sangrientos y funestos de la historia como medio para prevenir de los pecados a las almas sensibles. Se figura el escritor a una joven, inquieta en el lecho nocturno, que tras la lectura de la obra cree ver espíritus en lugar de sombras y que, aterrorizada, acaba despertando a gritos a los miembros de su familia.
Por la “Galería Fúnebre” pasa la procesión más infame de criminales, los que cometieron los crímenes más abyectos e inexcusables. Los delitos más horrendos minuciosamente relatados, para que el lector no pierda detalle de las violaciones y homicidios:
“El carruaje avanzaba lentamente, y esta lentitud le asemejaba a un convoy fúnebre. Miladi fue la primera que percibió por entre la espesura de las sombras pasar detrás del tronco de un árbol un hombre agachado, que, con unas pistolas y un trabuco bajo del brazo, parecía ponerse de acuerdo con otro escondido detrás de un árbol. Entonces ya no pudo menos de estremecerse Miladi, y, hallando una mano de Clarisa, la apretó temblando, aunque involuntariamente. “¿Qué tenéis, madre mía?, exclamó al momento, ¿habéis visto los asesinos?...”
“No, respondió Miladi, disimulando lo mejor que pudo su turbación. Es que las ruedas han hecho un movimiento, y no he podido evitar el susto.” Durante esta fingida contestación, Clarisa vio también sobre un arbolillo cargado de nieve la refracción de la sombra de un hombre que parecía tomar sus disposiciones; y por una delicadeza filial, Clarisa, temiendo también afectar a su madre, la imitó en el disimulo; sin embargo no pudo menos de decir a Miladi que deberían sin duda llegar ya al punto peligroso que había indicado el maestro de postas. El mesón quedaba ya unos cien pasos atrás, y no se veía más al través de los árboles que una luz que parecía en sus movimientos de inteligencia con el crimen. En fin, el peligro no es sino muy cierto. Los criados que iban en el pescante y trasera del coche, espantados a la repentina aparición de esta cuadrilla de malvados que simultáneamente van cayendo sobre ellos, empiezan a gritar y descargan sus pistolas contra ellos. Al punto se oye el silbato avisando a la otra banda de retaguardia, para que acuda al mismo tiempo. Los postillones caen a trabucazos al suelo, los criados son heridos igualmente, y todos quedan al momento en tierra con un diluvio de balas que descargan sobre ellos tantos asesinos en tropel, y, después, con los puñales acabaron de degollarlos, despreciando sus suplicas y clamores…
¡A vosotras, ángeles celestes, es a quienes yo debo ahora consagrar toda la energía y toda la sensibilidad de mi pluma, para pintar vuestra triste y horrorosa situación, vuestras mortales angustias y vuestros penetrantes gritos y clamores en medio de este teatro de carnicería y de dolor!!!! ¿Qué lector no quisiera poder obrar un milagro en vuestro favor y sacaros de ese abismo? Mas ya son inútiles sus votos, y es preciso llorar vuestra pérdida: está jurada, y Dios sólo puede evitarla.
Clarisa, desmelenada, desatinada y sofocada por su dolor, había enlazado sus brazos a la cintura de su tierna madre, y con los ojos elevados al cielo no le pedía más que el favor de morir antes que esta madre adorada. Miladi, por su parte, reuniendo todas sus fuerzas para tratar de salvar aún a su hija en medio de este desastre, la cubría con su cuerpo, y con el seno apoyado sobre el de ella no permitía la entrada al acero de los homicidas.
El bárbaro Bristol fue quien, con la mayor ferocidad e inhumana acción, sumergió un largo puñal en el vacío de la ilustre viajera, y arrancando de sus brazos desfallecidos a la infeliz Clarisa enteramente accidentada, la mandó llevar a la cueva o cementerio, lugar de despojos y sepultura de las innumerables victimas del bosque. Un hachón clavado en tierra era lo que alumbraba aquella horrible mansión: allí es donde se halla ya sumergida la beldad más interesante…, y su lecho, el sitio donde se encuentra aquella inocente criatura expirante, no es más que un cúmulo infectado de cadáveres mutilados y denegridos por la muerte… Mas cesa, lector mío, de afligirte: Clarisa nada tiene ya que temer, Clarisa duerme en el sueño eterno, en el sueño de los ángeles. Dios la ha dado alas, y, saliendo de las bóvedas tenebrosas de esta cueva de asesinos, se halla ya entre las divinidades del martirio; para colmo de su felicidad, ha vuelto a ver a su adorada madre para estrecharla otra vez en sus brazos y no separarse jamás.
Bristol, al ver tales atractivos, sintió en corazón delincuente un impulso criminal causado por la hermosura de Clarisa: trata de volverla a la vida, y es en vano le adviertan los demás forajidos que no se debía dejar existir a ninguno, que ésta era la orden que él mismo había dado. Bristol insiste en el designio de hacer salir a Clarisa de aquel sueño eterno, que cree no ser más que un fuerte accidente… Después añadió otros crímenes… Mas, ¿para que horrorizar más a nuestros lectores? Este monstruo tuvo la barbarie de abrazar a la misma muerte…, pero el alma inocente de Clarisa subió virgen a los cielos, por mas que su cadáver fuese profanado por los más horrorosos reptiles...”
domingo, diciembre 14, 2008
SEXpionnage
domingo, noviembre 30, 2008
El Misterioso Forastero: Henry More Smith
Me resulta inusualmente apropiado acabar de apurar la taza de caldo con jerez mientras proyecto la siguiente visión: Junto con el carcelero penetro en la celda en total oscuridad y gracias a la ayuda de los rayos lunares distingo la presencia imprevista de la figura de la mujer que visita a su marido en su miserable confinamiento. Henry More Smith camina en los escasos metros de que dispone, moviéndose con afectación y aparentando gran angustia. La mujer parece inmóvil, y debería estarlo, ya que se trata de un muñeco, de una efigie realizada a tamaño natural con trozos de las ropas del encarcelado. Es una impostura, pero la extrañeza de lo insólito no perjudica el efecto, así al contrario, prolonga su magia y crea una imagen eternizada del encuentro.
Lo que acabo de relatar sucedió el primero de mayo del año 1814. Un joven de 22 años presumiblemente inglés y que llevaba poco más de un año en America había sido encarcelado provisionalmente en la ciudad de New Brunswick, Canadá. Los que convivieron con él durante el largo año que estuvo en prisión le describían como un muchacho educado y decente con intervalos de locura, capaz de los más asombrosos prodigios.
Walter Bates, el Sheriff que llevó su caso, tras su relación con el enigmático personaje se dedicó a escribir una especie de diario en el que recopilaba el día a día con aquel ser tan particular. De esta recopilación surgiría “The Misterious Stranger”, la novela que me llevó a conocer al mago Henry More Smith, tras encontrar por casualidad un artículo sobre el personaje.
Bates dijo de Smith que en el tiempo que estuvo en prisión ejecutó obras propias de un genio en las situaciones menos favorables: en total oscuridad, esposado, con el cuerpo atrapado en cadenas y con una sentencia de muerte pesando sobre su cabeza. Los hierros no podían con él. Explicaba el Sheriff que aunque cada jornada aumentaban el grosor de las cadenas que le sujetaban cuello y torso, al día siguiente aparecían rotas en pedazos o sesgadas, sin que pudiesen dar explicación a aquellos prodigios. Se deshacía de las esposas porque se trataba de ropas incomodas, según sus declaraciones; sus manos siempre se conservaban calientes, aún en el duro invierno, y aunque no tenía oficio conocido podía ejecutar cualquier mecanismo o artilugio, incluso coser o pintar. También se descubrió su capacidad para crear fuego de la nada. El prisionero siempre estaba de buen humor, no mostraba recuerdos u opiniones y aceptaba la privación de su libertad de un modo tan ingenuo que asombraba a los representantes de la ley, además que no parecía interesarle su situación lo más mínimo.
En alguna ocasión se enfrentó a su encierro, gimiendo día y noche, y bramando como un salvaje. Bates transcribió sus gritos una noche especialmente larga en que el preso insistía una y otra vez con las mismas frases:
“Oh, thou cruel devils! Thou murderers! Man-slayers! Thou tormentors of man! How I burn to be revended! Help! Help! Lord help me to be avenged of those devils! Help me, that I may tear up this place! That I may turn it upside down! That there may not be one stick of it left! My hair shall not be shorn, nor my mails cut, till I grow as Strong as Sampson; then will I be avenged of all my enemies! Help! Help!”
Pero volvamos a la magia. La esposa de Smith no sólo se presentó el primero de mayo, el 29 del mismo mes, al entrar en la celda, se descubrió otra figura semejante a su mujer, sentada a la cabecera de su cama y con el Nuevo Testamento en las manos, como si le leyera. La muñeca se había confeccionado con jirones de ropa y paja, pero con tan simples materiales mostraba una expresión intensa en los rasgos. Smith, cómodamente reclinado, la escuchaba con toda su atención.
Salimos de la estancia respetuosamente para no volver hasta unos meses después. Abrimos la puerta, de nuevo en total oscuridad y distinguimos diez figuras en la penumbra. Hombres, mujeres y niños, cada uno vestido con una moda distinta, siguiendo las diferentes estaciones y según su oficio o actividad. Todos caracterizados de forma muy expresiva con trozos de ropa y paja, y pintados con sangre. Destacaba sobre todos ellos el que denominaba “Tambourine Man”, vestido con traje oscuro, como un Maestro de Música. Aunque era difícil descubrir los mecanismos por los que se movían, el maestro de la pandereta empezaba a tocar su instrumento y acompañado por la voz o el silbido de Smith el resto de ‘la familia’ empezaba a danzar. Había una joven rodeada de jóvenes galanes, y un militar llamado Napoleón que vestía de Arlequín y se enfrentaba a un viejo irlandés.
El espectáculo de Smith no dejó indiferente a sus carceleros y pronto la noticia de aquel genio se extendió por doquier. Vinieron viajeros de todo el mundo para apreciar su obra y con el dinero que le enviaban, ‘la familia’ llegó a contar con 24 figuras, la mitad de éstas bailando y el resto tocando instrumentos.
Henry More Smith fue perdonado de sus delitos y se le dio la libertad, pero esta resolución no le produjo ningún efecto. Marchó de New Brunswick con la orden de no volver, y por este motivo la historia escrita acaba justo aquí. Aunque ni nosotros ni el Sheriff podamos darle la espalda.
lunes, noviembre 03, 2008
El Sueño de Polífilo

LUCHA DE AMOR EN SUEÑOS DE POLÍFILO,
DONDE SE ENSEÑA QUE TODO LO HUMANO
NO ES SINO SUEÑO Y DE PASO SE
EVOCAN DE UN MODO EN
VERDAD ELEGANTE
MUCHAS COSAS
DIGNÍSIMAS
El Sueño de Polífilo es una de las obras bibliófilas más bellas del Renacimiento. Tan sólo celebrando sus xilografías el devoto seguidor podría extenderse en peroratas interminables sobre la infinidad de detalles en apariencia irrelevantes que logran que se pierda durante horas en la amable consecución de un pie o en el diseño graciosísimo de un motivo de decoración floral.
La delicadeza y el exceso de la obra subyugan a partes iguales. Su delirio y sofisticación. Quien resuelve penetrar en los laberintos de “El Sueño” debe abandonar su patria y sus recuerdos, por muy bienamados que le sean. Abrirse a los Otros Mundos, como hacemos cada vez que nos encontramos ante una puerta que nos reclama que la abramos, sea en la prosa de Lewis Carroll, en la obra fílmica de Jean Cocteau o cualesquiera otros reinos de la fantasía de los que sea -o sean- devotos.
Este ensueño no se lee, ni se ojea, diría más bien que se saborea, siente y goza des del punto de vista más sensualista. Asombra la fisicidad de la obra, la inmediatez de sensaciones y vivencias, como si de la mano de Polífilo fuéramos sorteando nuestras propios engaños en busca de lo más sagrado de nuestro misterio… en busca de Polia.
Alegoría del amor, obra de iniciación alquímica, relato erótico, tratado erudito o compendio de saberes de lo más variopinto. El Sueño se presenta placentero y colmado de dichas y escarmientos.
Para los que quieran probar su sabor dejo unas cuantas líneas:
“Sentados aquí juntos entre las olorosas y primaverales rosas y flores, tenía yo mis ojos muy abiertos y clavados fijamente con gran amor en esta imagen celestial, con todos mis sentidos ocupados en aquella forma tan bella, rara y divina; y me volvían, aunque más agradables, los ardientes y torturadores impulsos, en los que mi alma se derretía de dulzura, hallándome como loco y completamente ansioso y extrañado de por qué razón la preciosa carne de la gordezuela muñeca de la mano de ella, cuando yo la tocaba se convertía en purísima leche y desaparecía de ella el licor purpúreo durante algunos momentos; también me admiraba el arte con que la maestra naturaleza había esparcido en este hermoso cuerpo todo el perfume de Arabia y había fijado la parte más bella del cielo, es decir, la esplendorosa Heraclea, en su frente estelar, cubierta de rizos de oro.
Luego, dirigiendo la mirada a los hermosos y pequeños pies, admiré aquellos zapatos rojos, muy tensos sobre el marfileño empeine, con los bordes en forma de luna y una abertura sinuosa, estrechamente atados con ganchitos de oro y cordones de seda azul, instrumentos aptísimos para quitar la vida y martirizar más el inflamado corazón. Enseguida volvía mi mirada lasciva a la recta garganta rodeada de perlas orientales, no distinguiendo bien la blancura de una y otras; y descendía al brillante pecho y delicioso seno, donde sobresalían dos redondos frutos que hinchaban obstinadamente el vestido, tales como sin duda no los recogió Hércules en el jardín de las Hespérides ni los vio Pomona en su cesto. Estos, blanquísimos, estaban colocados en el rosado pecho como la nieve en la estación de Orión en su ocaso, bajo el cuerpo de pez del plácido monstruo de Pan. Entre ellos miraba con voluptuosidad un delicioso vallecito donde se hallaba la delicada sepultura de mi alma, como no la tuvo Mausolo con todas sus riquezas. Ocupado en esto y con el desgarrado corazón consciente de que los ojos, arrastrándolo a cualquiera de aquellas partes lindísimas, le hacían morir, no podía yo refrenar los suspiros amorosos y ardientes ni reprimirlos tan secretamente que no pudieran oírse.
Por esta circunstancia, ella, excitada y sacudida inmediatamente por el contagioso amor, volvía hacía mí sus miradas dulcísimas que eran envidia del sol, y yo sentía extenderse por mi cuerpo un incendio irritado que se difundía con gran comezón por mis partes bajas e íntimas y luego por todas mis venas. La contemplación continuada de sus nobles e insignes bellezas, hacía que se acumulara en mí una meliflua suavidad y un dulce placer; pero algunas veces, atacado por un apetito desordenado e insaciable y gravemente oprimido por una fogosa e inoportuna excitación, rogándole secretamente con tiernas palabras llenas de peticiones suavísimas y vehementes, deseaba en silencio sus besos sabrosos, húmedos y dulcísimos y su lengua jugosa y vibrante como una víbora, imaginando sentir la extrema dulzura de sus labios sabrosos y pequeños, respiradero de olorosas brisas y de perfume de almizcle de fresquísimo aliento, e imaginaba entrar en el tesoro escondido de Venus y que allí, como un ladrón, inspirado por Mercurio, robaba las preciosísimas joyas de la naturaleza”.
lunes, octubre 20, 2008
Vida Licenciosa de Pietro Aretino
Se atribuye a Paulo Giovio el siguiente epitafio dedicado al poeta tras su muerte:
“Yace aquí el Aretino, poeta toscano,
De todos habló mal, salvo de Cristo
Dando como razón: no le conozco”
De este modo se puso un punto y aparte a las últimas consideraciones sobre el artista más escandaloso de la época. “El Aretino”, llamado así por ser natural de Arezzo, se convertía en leyenda. Personaje tipo o modelo de un tipo de vida disipada y fastuosa que asombraba a sus coetáneos del mismo modo que provocaba críticas feroces, tal y como después sucedería a Lord Byron, William Beckford y tantos otros ejemplos… dándose el caso de que la vida del artista llegaba a ensombrecer su propia obra. El martirio y la gloria de los estetas irredentos.
Y no quiero con esto reivindicar el purismo de la obra de arte, ajena a las vicisitudes del genio. Si algo me maravilla es rescatar las estampas olvidadas de aquellos que vivieron de espaldas a la común mediocridad bienpensante de su tiempo. Los que arriesgaron su fama y su fortuna en pro de algún ideal descabellado.
Pietro Bacci, se hacía llamar “il Divino” y a causa de una asumida admiración hacia su propia persona, se hacía rodear en su casa principesca de bustos de mármol que reproducían fielmente su imagen. Llevaba una existencia licenciosa, envuelto en las riquezas más variadas e inimaginables, ropajes de lo más lujoso, piedras preciosas y objetos diversos, traídos en obsequio desde los más exóticos lugares. Su casa estaba atestada de artistas, mujeres, invitados y sirvientes, formando una verdadera corte de adoradores alrededor de aquella personalidad enérgica e imprevisible.
Se dice que el disoluto general Giovanni de Médicis lo consideraba su confidente y le relataba sus orgías, y que a partir de que muriera, Aretino vivió en Venecia rodeado de todos los lujos posibles. Rodeado de las “aretinas”, las mujeres más bellas, disolutas y obscenas de la ciudad.

A raíz de estas vivencias escribió algunas de sus obras más controvertidas, los “Sonetos Lujuriosos” que debían ilustrar dieciséis escenas diseñadas por Giulio Romano y los “Ragionamenti”, un verdadero manual de prostitución redactado como si se tratase de las memorias de una vieja cortesana, Nanna, que adiestra a una joven inexperta en las lides del comercio carnal. Reflejaba en esta obra la situación que se vivía en ciudades como
El citado pintor fue el encargado de legarnos la efigie del artista en algún retrato. El sanguíneo, el ardiente y sofisticado Aretino. La leyenda cuenta que murió riendo cuando se le reventó una vena del cuello al escuchar a una de sus prostitutas contar un chiste obsceno. Se trate o no de una verdad histórica, es el lazo perfecto para cerrar este breve repaso a la vida del pertinaz y libertino poeta.
