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viernes, junio 17, 2011

Lou


En “Mirada retrospectiva. Compendios de algunos recuerdos de la vida”, mi querida amiga Lou Andreas-Salomé se maravillaba de que Rainer, su amante y poeta gran amigo de lirismos consiguiera esculpir los siguientes versos, desnudos de toda exaltación simbólica:
“Extíngueme los ojos: puedo verte
Tápame los oídos: puedo oírte
Y aun sin pie puedo ir hasta ti
Y aun sin boca puedo conjurarte
Arrancándome los brazos: te toco
Con el corazón como con una mano
Arráncame el corazón: latirá el cerebro
Y si al cerebro prendes también fuego
He de llevarte entonces en mi sangre”

Verdad es que la sibila rusa, y tal como se refleja en la magnífica película de Liliana Cavani Al di là del bene e del male que narra la convivencia entre Lou, Nietzsche y Paul Rée, era una mujer cuyo entendimiento filtraba y diseccionaba sus sentimientos de un modo realmente heroico, logrando que estos no desviaran ni un ápice la senda de su férrea voluntad. Los más arrebatados poemas musicales de Rilke, no podían sino irritarla, y los versos que les copiado más arriba fueron de los pocos que se grabaron en el corazón de la tigresa.
Hace un par de noches, en una conversación de vigilia con mi estimada Lou, me reprochaba a mí misma ante su sabio juicio, el hecho de no poder desligarme yo jamás de un simbolismo que está atado a mi forma de pensar desde que tengo conciencia de haber cogido papel y pluma para pergeñar unas líneas. Lo simbólico y el símbolo mismo están tan arraigados en mi ser, tras tantos años de convivir con su presencia a mi alrededor, que al escribir, al expresar libremente las modulaciones de mi alma, me es imposible contemplar la Verdad más allá de sus hermosos velos.
Ha corrido mucho el reloj, y sé que no puedo pretender ahora deshacerme de mi innata tendencia a la abstracción, de mi amor por las imágenes por encima de cualquier significación. El valor por si mismo de la representación para mí es totalmente valido, es la Belleza, que nos abre puertas a los que necesitamos ascender cada día a sus dominios oscuros. A buen seguro que mi mentor Mr. Wilde me comprende y asiente benevolente desde donde se halle, pero me apena que entre Lou y yo siempre existirá esa distancia, y que mi personalidad terca y marciana no podrá ser nunca de su gusto. Pese a todo, señorita, y aunque piense que es usted una tremenda fiera egoísta, yo sí la quiero.

lunes, septiembre 06, 2010

The Seven Addictions and Five Professions of Anita Berber


Anita es una vieja amiga, y lo es desde el primer momento en que vi una de sus fotografías: la curva de sus mejillas, su arisca nariz y sus negros ojos maliciosos me confirmaron al primer vistazo que ya nos conocíamos. Al encontrarme con su rostro pintado de blanco y la línea de su boca escarlata ya supe de la “Sacerdotisa de la Depravación”, de la “Mujer Fálica“, de “Astarté”, de la “Madonna de Dresde” y de la “Diosa Desnuda de Berlín”, todos sus avatares estaban ante mis ojos.


Durante la república de Weimar, la pelirroja Anita fue sin duda alguna la personalidad más decadente en un mundo sin límites morales o restricciones legales. Tras su espectáculo de las danzas de la lujuria aparecía en los nightclubs y casinos exhibiendo su cuerpo perfecto bajo un chal de marta, con un mono colgado de su cuello y un broche plateado repleto de cocaína. El escándalo estaba servido. Todos temían a la perversa starlet, quien podía ofrecerse sexualmente a cambio de dinero, robar o golpear a quien se le antojara. No contenta con seducir a las esposas de los caballeros más pudientes, les obligaba a entregarle a sus hijas vírgenes. La prensa amarilla se nutría de escándalos sobre la vida libertina de la Berber: su bisexualidad, sus orgías en hoteles, colección de mascotas exóticas, adicciones diversas y ataques de ira.


Las “Danzas de la Depravación, el Horror y el Éxtasis” se estrenaron en Viena y consiguieron escandalizar a la viciosa sociedad de su época. Junto al bailarín Sebastian Droste inmortalizó fantasías erótico-esotéricas con títulos como “Suicidio”, “Cocaina”, "Morfina” o “La Noche de los Borgias”, números de danza expresionista en los que la bailarina desnuda o vestida con una imaginería grotesca, desarrollaba un turbador eroticismo, con el abrazo de la muerte siempre presente en sus coreografías. Como si de un ritual mágico se tratara, la diosa pálida se movía a cámara lenta al tempo de la música, cada uno de sus mínimos gestos expresaba una intención exacta, y su cara empolvada se convertía en una rígida máscara o en la expresión del espanto o sufrimiento más intensos, para después desfallecer en un arrebatamiento sensual. Se dice que quienes osaron interrumpir la celebración pagana e irritar a la divinidad, acabaron la noche con la cabeza abierta debido a un golpe con una botella de champaña o con los pantalones orinados por la Princesa, que no dudaba en interrumpir los aplausos para castigar a aquellos “lascivos que la aburrían”.


Como pueden comprobar, Anita, mi vieja amiga, era realmente maravillosa. Si desean profundizar en su vida y performances les recomiendo la espléndida biografía “The Seven Addictions and Five Professions of Anita Berber” de Mel Gordon, que retrata el ámbito publico y privado de la artista, además de hacer un delicioso repaso por las manifestaciones artísticas de la Alemania de los años 20.

lunes, agosto 23, 2010

W. B. Yeats. La Rosa Secreta


La abigarrada cubierta que nos abre la puerta a la colección de cuentos que componen “La Rosa Secreta” fue diseñada por Althea Gyles siguiendo las indicaciones que revelaba el autor e influida por la orden Rosacruz y la Golden Dawn, de la que Yeats formó parte. Simboliza la flor que el poeta debe descubrir y extraer narrando. La musa que gobierna las páginas del libro, y el conocimiento o sabiduría que encierra la mujer-rosa, y de la que Yeats se sintió servidor.
La portada se asimila, pues, a una entrada, desde cuya composición se hace referencia a serpientes enroscadas y danzas místicas circulares que conforman un entramado de espinos. Y los protagonistas que allí se internan se convierten asimismo en senderos, moviéndose desde el árbol de la Rosa hacia un destino oculto, que les une. La Rosa, diosa y guía, revela enseñanzas secretas al mismo tiempo que protege sus misterios, y los lectores y protagonistas del libro caminan por sus propias vivencias e intimidades, atados por lazos inexplicables e invocados por la poesía de iniciación, que introduce la obra.
Los detalles que acabo de describir, en cuanto al envoltorio, son también símbolo. Del mismo modo que el lector penetra en las sendas marcadas por Yeats, sus personajes, mediadores entre el mundo mortal y el otro, el que se intuye subyacente, están marcados por un sello que los distingue del resto y su sino les hace enfrentarse a revelaciones sobrenaturales y aciagos amores, a milagros fulminantes y a los seres elementales que la naturaleza guarda en sus entrañas.
Yeats, el mago creador, construye un universo simbólico que reúne en el discurrir de su prosa su interés por la alquimia, el hermetismo, el Neoplatonismo, las leyendas irlandesas y la estética de William Blake y los prerrafaelitas, además de las teorías de Walter Pater y el simbolismo francés. Este sincretismo fluye en la magia de sus palabras con un aroma místico que impregna sus narraciones, bañándolas en un halo de imprecisión e idealismo rituales.
Como alguien me escribió en un mail hace muy pocos días: “Larga vida a la Rosa Secreta”. En septiembre... novedades.

lunes, agosto 09, 2010

Gabriele D’Annunzio. Le Vergini Delle Rocce


“¿Las conocí en el tedio de un día cualquiera o fueron tal vez criaturas fruto de mi deseo y mi perplejidad?”

De igual modo el que lee se encuentra preso del mismo hechizo. ¿Habitan Massimilla, Anatolia y Violante un jardín cerrado al que sólo accederemos a través del filtro impreciso de un espejismo de rocas llameantes, o se trata de simples muchachas entrevistas esquivando el tráfico que prometen con su silencio descubrimientos que mueren en la fuga? Cómo describe el propio escritor en el prólogo a la novela-poema, “tal vez sólo se comprende lo inefable a través del lenguaje de la sangre, elocuente, que se expresa en las venas de las más bellas manos desnudas”.
Con títulos anteriores como “Las Tres Princesas” o “La Trinidad”, la obra literaria, poema en prosa, deseo de escritura total, se descubre como un proyecto idealmente ambicioso. Un poema en el que los sucesos reales aparecen transfigurados en significados elevados y difusos. No se articula como una novela más, más bien se convierte en un relicario de silencio, soledad y pasado, en un ballet espiritual en el que las figuras de las Vírgenes se mueven en un fondo de paisaje que está en consonancia con el ardor y desolación de sus almas.
Le Vergini Delle Rocce” deviene fábula de un universo en continuo florecimiento y extinción que tiene como protagonistas a tres hermanas prisioneras del tiempo en una villa desatendida, donde el tedio se convierte en un sueño ilusorio, y del mismo modo en locura, y en un verdadero culto al presente inmóvil que se acaba confundiendo con el mito del pasado compartido. Las tres hermanas núbiles viven de correspondencias secretas, que expresan a través de vibraciones imperceptibles en su voz y en su mirada y que son consustanciales al paisaje. En la cadena de rocas puntiagudas ahora azules, ahora púrpuras, ahora rosáceas como el coral, se reflejan las jóvenes como en un espejo, mostrando las afinidades secretas de la naturaleza.
Es el legado del artista vidente, que revela en los detalles el poder de la divinidad a través de páginas repletas de magia, que se desarrollan con un ritmo ralentizado e hipnótico que congela los objetos, las formas y las figuras en claroscuros en relieve. Las Vírgenes se estilizan en proporciones ideales, casi alcanzando la categoría de alegorías, encarnaciones de sueños imposibles. Apariciones espectrales que sin embargo se hacen vívidas en la profunda sensualidad del detallismo de sus manos o sus cabellos.
Tal vez ellas esperan en su jardín secreto a aquel que se atreva a descubrirlas para después dejarlas escapar y desaparecer sin retener su fragancia.

miércoles, julio 28, 2010

El Oscuro Objeto


Así se titula el capítulo 18 de "Middlesex" tras haber pasado ya el meridiano de la novela. En él, una joven Calíope está a punto de descubrir un pequeño pene escondido entre los pliegues de su vulva y a descubrir también al objeto de deseo que marcará toda su adolescencia.
Verán, el encuentro sucede así. Nuestra protagonista, Calíope, lee en clase un fragmento de la “Ilíada” relativo a la diosa Afrodita:
“Era la una. El letargo de después de comer flotaba por el aula. Fuera, el cielo amenazaba lluvia. Llamaron a la puerta.
-Disculpe, Callie. ¿Podría parar un momento, por favor? -El señor Da Silva se volvió hacia la puerta-. Adelante.
Al igual que mis compañeras, alcé la vista. En el umbral había una chica pelirroja. Dos nubes se encontraron en lo alto, patinaron y, dejando escapar un resplandor, siguieron su camino. La luz cayó sobre el tejado de cristal del invernadero y, pasando entre los geranios suspendidos, realzó el fulgor rosado que ahora, como una especie de membrana, envolvía a la recién llegada. También es posible que el sol no tuviese nada que ver, sino que se tratase de cierta intensidad, de un fervor, de mi mirada”
A partir de esta revelación, Callie, la hermafrodita, muestra en el desarrollo de la narración un interés que define como “zoológico” hacia la nueva compañera de clase: sus explosiones de pecas, su forma de caminar arrastrando los pies, su desgana, sus labios finos, su mirada ausente… El encuentro lírico evoluciona hacia el despertar sexual, y la pelirroja se establece en la memoria sentimental de él/la protagonista hasta la edad adulta, evocando su recuerdo, imágenes de una belleza agridulce y fantasmal.
La pelirroja no llega a tener nombre. La conoceremos como el Oscuro Objeto, así la bautiza Callie años después de que perdieran el contacto. Ya convertido en Cal y destinado a a Madrid, ve en un bar “Ese Oscuro Objeto del deseo” y aunque no logra entender la mayor parte de los diálogos del film, le cautivan las escenas en que se ve a Fernando Rey con un pesado saco cargado al hombro: en el restaurante, en el parque, cogiendo un taxi, etc. Así interpreta Cal el recuerdo que le persigue, “como si llevara a cuestas un peso o una carga desconocida y misteriosa
Cuando ideé mi Tumblr como una caja de fotografías virtual en la que rescatar fulgores en los que quedara apresada una parte de mi Objeto, no dude en bautizarlo así. Creo que lo entenderán fácilmente.

domingo, julio 25, 2010

Tu vida en sociedad

El libro que nos ocupa, se publicitaba en los periódicos en abril de 1974 como una guía moderna y práctica de la vida social. El librito glosaba, a modo de diccionario, el protocolo considerado más adecuado ante situaciones tan variadas como propinas, vestuario, conciertos, bailes, etc. Todo ello amenizado con ilustraciones, entendemos que ejecutadas por mano de la escritora que firmaba la obra: María Marco.
En el prólogo a la edición se hace hincapié en que independientemente de las modas acerca de la urbanidad, hay una serie de comportamientos que demuestran el ‘savoir faire’ del individuo y la guía ante la que nos hallamos se precia en ser una ayuda para la amplia clase media en su desenvolvimiento dentro del ámbito social.
Como pueden suponer, hoy en día “Tu vida en sociedad” resulta desfasada, demodé, y tal vez por eso y cómo indicaba ya la autora en su momento, es posible que sólo sirva para provocar la risa en sus descendientes.
Aquí un botón:

GAFAS

Que las gafas se emplean para ver mejor es una explicación obvia, pero es necesario confirmarlo porque algunos las consideran como un adorno para la cara y exhiben monturas vistosas y de pésimo gusto. Los lentes clásicos serán siempre y en todos los tiempos los más elegantes.
Las gafas hay que llevarlas en su sitio, en el caballete de la nariz; mirar a una persona por encima de los lentes es signo de escasa educación y nada puede justificarlo. Y las señoras que teman perder sus preciosísimas gafas que no recurran a los feos y antiestéticos collares de cadenita; procuren, simplemente, no ser tan distraídas.
Las señoras miopes que utilicen impertinentes deben recordar que no han de emplearlos para mirar de arriba abajo a las personas. Aunque no les pase por la imaginación la más mínima intención de ofender, la persona a quien se examina de esta forma resulta intimidada y no piensa en la miopía, sino que con justicia se resiente de lo que le parece un gesto de altivez.

viernes, junio 11, 2010

Tórtola Valencia

“Mis danzas son pedazos de belleza arrancada a la muerte”

No sería necesario añadir más comentarios a esta sentencia de la guapa andaluza. La cita, ya de por sí resulta definitoria: representativa del aura que emanaba la bailarina de danzas exóticas, pero también del clima decadente que perfumaba la Europa de las primeras décadas del siglo XX.

Tórtola Valencia es un icono de una época, una discípula de Isadora Duncan que nos hace remontarnos a noches interminables en tugurios o music halls, noches peligrosas en las que bebíamos champaña barato y nos rodeábamos de falsos fastos y oropeles. Una época que nunca existió, como todas aquellas vivencias hermosas que al recordarlas nos parecen irreales.


Les hablo acerca de la “Bella Tórtola” ahora, evocándola como compañera de correrías de Luis Antonio de Hoyos y Vinent y para que se aventuren en la lectura de “Aromas de nardo indiano que mata y de ovonia que enloquece” colección de cuentos de tinte erótico y fantástico que presentamos en librerías el pasado mes de abril a través de la nueva colección editorial “La Rosa Secreta”, de la cual, escojo los volúmenes e ideo el diseño. No escondo pues, que con esta entrada pretendo hacer propaganda a la colección de relatos del marqués de Vinent, pero no es sólo eso, también me mueve la reflexión sobre aquellos días gloriosos que he vivido como lectora, y el amor a la personita de la bailarina.

Me fascina la mezcolanza que la diva representa de folclore y exotismo, de gracia castiza y de saberes ocultos. Esta mi damita, de inventado pasado, de presencia turbadora, no conocía dueño, ni ascendentes. Adquirió la mayor parte de sus vastos conocimientos por sí misma, ya que era una incansable lectora, y de sí, también provenían sus danzas inventadas: la danza de la serpiente, la danza del incienso (qué nombres tan evocadores, ¿no creen?) resultado de sus incursiones en las danzas africanas, árabes o indias. Los poetas la amaban, sus amantes se rendían a sus pies, pero sólo una mujer catorce años menor que ella, Angelita, consiguió retenerla a su lado hasta el fin de sus días.


La Tórtola como personaje me atrae irresistiblemente, pero la Tórtola tras la seda y las joyas, aún me interesa más. Esa fémina salvaje que iba armada con pistola para defenderse de los hombres. La coleccionista de arte precolombino que consiguió reunir unas doscientas piezas de dicho estilo en su casa, curiosas ofrendas funerarias a los dioses, procedentes de los templos y rituales. Musa de ojos verdes y afición a la morfina. ¿Qué fue de ti?

lunes, abril 13, 2009

Mabel Collins “Historia de una Maga Negra”


«Este libro ha sido titulado “Historia de una maga negra”, porque en él se narran las luchas y los errores de una extraña mujer que, habiendo sido maga negra, se esforzó, sin embargo, grande pero ciegamente, en pertenecer a la hermandad de la Magia Blanca estudiando y practicando el bien en lugar del mal. Fleta, la heroína de esa lucha, quien en su inmediata encarnación anterior adquirió por si misma poderes egoístas, convirtiose en una maga negra, empleando prácticas ocultas en provecho propio, para fines egoístas. La veremos en el primer capítulo esforzándose en atraer hacia ella, por medio de sus artes, al compañero de muchas de sus pasadas vidas… Y lo hace porque así le atrae a la vez bajo la influencia de Iván, quien, perteneciendo a la Blanca Hermandad, había tendido hacia ella su mano llena de profunda compasión. Su objetivo al comenzar su gran obra ocultista es salvar a los demás, especialmente a aquellos a quienes injuriara en otros tiempos. ¡Pero por qué terribles experiencias atraviesa ella y los que la rodean, en sus tentativas! La veremos caer en sus antiguas prácticas negras y en el uso de sus antiguos poderes, como veremos a Horacio arrastrado por sus sentidos y sus pasiones. Fleta olvida que la flor del Loto no puede florecer sino en el propio espíritu; pero lector, no juzgues a Fleta; no juzgues sus relaciones con la Blanca Hermandad, mientras no hayas presenciado el término de su agitada vida, en tanto no hayas oído el eco de la voz de Iván, cuando dice últimamente: “Entra.” »


Estas son las palabras que encontramos en el prefacio a la novela de Mabel Collins, redactadas por la propia autora, además de revelar como indicación a los lectores que mientras lean la historia, acepten como un hecho la teoría de la reencarnación de las almas.

Aunque la fotografía que ilustra el libro pueda inducirnos a creer que nos encontramos ante una novela de la era de acuario, -gracias a esta reedición de 1976-, la realidad es que nos encontramos con la obra de uno de los más célebres miembros de la Sociedad Teosófica, alumna de Helena Blavatsky, y que llegó a redactar más de cuarenta novelas en las que desarrollaba los ideales espiritualistas y ocultistas en los que la sociedad fundamentaba sus teorías.



Si les interesa consultar más datos sobre la autora hay varias páginas en la web en las que se adjuntan sus artículos y se dibuja su interesantísima biografía, aunque siempre con las reservas de las que hay que armarse en relación a la verosimilitud de los datos que se pueden encontrar en la red, y sobre todo tratándose de temas relacionados con el ocultismo.

Sería difícil rastrear las influencias de las teorías teosóficas y su alejamiento de las mismas en esta novela, ya que la escritora no siempre estuvo de acuerdo con los postulados de la orden. Sí es cierto que las premisas de la obra, responden bastante minuciosamente a las realizadas por Mabel Collins en "Light On The Path" y que pueden consultar en el enlace: la renuncia a los deseos que no lleven a la superación del propio yo, a las sensaciones y a las pasiones, y el afán de perfeccionamiento del propio ser, hasta alzarse por encima de todo lo mundano. La búsqueda del poder inabarcable que ostentan las almas que lo desean ardientemente.

En “Historia de una maga negra” se traduce en un relato de los avatares de Fleta, princesa de un país y una época indistintos, que se aventura a escalar los peldaños de su obra espiritual acompañada de espíritus del pasado y almas con una misma estrella, y que comprende que sólo la negación de todo cuanto desea puede conducirla a su realización, a su florecimiento en la magia.

La novela es también una exploración de otros caminos de lo fantástico, viaje que siempre resulta vivificante y fuente de grandes impresiones, y nos obliga a recorrer territorios de la mente que van más allá de los límites expuestos por los sentidos o por los tópicos de la literatura fantástica. Una migración, durante unas cuantas páginas, de los seguros senderos que ya conocemos.

miércoles, marzo 18, 2009

Hans Christian Andersen: muerto sólo en apariencia

La única ambición de Andersen era la de convertirse en Digter, es decir, en escritor tenido en la más alta estima. A tal fin, escribió poemas, obras teatrales, novelas, libros de viajes y cuentos de hadas. Y como saben, fueron estos últimos – fruslerías, como él los llamaba- los que le permitieron alcanzar renombre mundial.

Se dice de Andersen que era un hombre alto y frágil, de cabello castaño, con unos pequeños ojos azules y una afilada nariz que dominaba todo su rostro. Sus brazos y sus piernas resultaban desproporcionadamente largos en comparación con su cuerpo, y sus pies eran gigantescos. Por la calle, los desconocidos se detenían y le señalaban con el dedo, llamándole ‘cigüeña’ y ‘farola’.

Cuando estaba de buenas, Andersen podía mostrarse sencillo, sincero, cariñoso e ingenioso. Cuando estaba de malas, alimentaba su fama de ser un autor presumido, irritable, pretencioso y terriblemente excéntrico. Sus ataques de depresión y sus tendencias hipocondríacas eran el producto de sus muchas fobias. Le aterraba tanto la posibilidad de morir en un incendio que, cuando viajaba, llevaba siempre una bata en la maleta para el caso de que se viera obligado a huir a un lugar seguro. Aterrorizado ante la posibilidad de que le enterraran vivo, pidió a sus amigos que le cortaran una arteria antes de introducirle en un ataúd. Ante cualquier indisposición, solía dejar una nota encima de su mesilla de noche en la que decía: “Estoy muerto sólo en apariencia”.


lunes, marzo 16, 2009

Sociedades Secretas Femeninas


A modo de introducción, comentar que las reuniones secretas de mujeres casi siempre están relacionadas con el misterio del nacimiento y los cultos a la fertilidad. Y son varias las cofradías secretas femeninas que han llegado hasta nuestros días y cuyos ritos comportan un simbolismo entorno a la fecundidad.

En las reuniones femeninas que se dan entre los mordovianos se excluye expresamente a los hombres, a las jóvenes no casadas y a los niños, cuya presencia está estrictamente prohibida. La insignia de la cofradía es un caballo de palo y las mujeres que lo acompañan son denominadas “caballos”. De sus cuellos pende una bolsa llena de mijo y adornada con bandas: la bolsa representa el vientre del caballo. También se añaden unos saquitos pequeños que representan los testículos.

Cada año tiene lugar el banquete ritual de la sociedad, que se celebra en casa de una anciana. Al entrar, las jóvenes casadas son golpeadas tres veces con látigos por las mujeres mayores, que les gritan: “¡Poned un huevo!”, y entonces las jóvenes casadas ponen un huevo hervido que sale de entre sus pechos. El banquete, al que cada miembro de la cofradía debe contribuir con viandas, bebidas y dinero, se convierte rápidamente en una orgía. A la caída de la noche, la mitad de la cofradía visita a la otra mitad (ya que cada poblado está dividido en dos partes). Se trata de un cortejo carnavalesco: las ancianas borrachas cabalgan caballos de palo y cantan canciones eróticas. Cuando ambas partes de la cofradía se reúnen, el alboroto es indescriptible. Los hombres no se aventuran a aparecer por las calles. Si lo hacen son atacados por las mujeres, desnudados y brutalizados, y deben pagar una multa para recuperar la libertad.


Fuente: Mircea EliadeMitos, Sueños y Misterios

martes, febrero 10, 2009

El Circo del Dr. Lao

¡Oh, la Fantasía! ¿Podemos acaso compartirla? ¿Se conocerán algún día entre ellos los seres nacidos de padres desconocidos, de países tan remotos? En parte es posible, gracias a las mitologías, a esos catálogos de ciudades soñadas y criaturas dotadas de poderes inauditos. Pero eso, es sólo el inicio. Trasponer simbologías y lograr que los nuevos héroes hereden los valores de sus antepasados culturales es sólo un alto en el camino. El resto de la vereda nos queda libre para experimentar e inquirir.

La penetración, es otra cosa. El verdadero descubrimiento. El descorrer del telón ficticio que nos vendaba los ojos.

La irrupción de lo numinoso en lo cotidiano no debe quedarse en un mero disfraz. Tal vez por este motivo no pueda compartir muchas fantasías. No capte el tono exacto de otras voces. El sentido se me representa claro y diáfano, pero me pierde la intensidad, la mía, por supuesto. Los mensajes pintados sobrevuelan en los disfraces que citaba hace un momento, pero apenas me tocan. Resta aquello que otorga a los mitos su carácter eterno: el éxtasis. La catarsis.

Tampoco me subleva la crítica, siendo como es una medicina engañosa, un sustituto de una embriaguez a la que no suplanta. Digamos que no puedo acomodarme a una negación sin lograr la sensación. Me resulta extremadamente pobre. Tal vez un consuelo para quienes se atreven a introducir un pie en el agua helada y así después poder contarlo. Expresar, relatar, no es honesto si uno no se deja la piel y los dientes en las letras…

¿Cómo puede un autor denunciar la supuesta ignorancia de un Abalone, o una población cualquiera sin contar con la suya propia? ¿De dónde procede la sonrisa? Describir la silueta de una sirena como si nunca hubiera sido un híbrido de un ave, ignorar aquella entidad que la asocia al presagio de una muerte funesta, no es sólo un descuido. Es más que eso. Se convierte en una semilla que en su crecimiento borra parte de la memoria de nuestros muertos.

Y lo peor es que el terror desfallece. No nos asustan. No hay catarsis…

Y se preguntarán por qué les hablo de todo esto… Bueno, yo sé porqué lo digo.


martes, enero 06, 2009

Agustín Pérez Zaragoza “Galería Fúnebre de Espectros y Sombras Ensangrentadas”

Jirones de espectros que se confunden con el movimiento de las cortinas, cabezas decapitadas aún burbujeantes de sangre fresca, gemidos y chirridos metálicos bajo la colcha. El pueblo no se alimenta sólo de Pan y Circo, o de la Verdad del Vino. Desde siempre los crímenes más escabrosos y los relatos sobre la bestialidad del ser humano han congregado a la familia alrededor de la mesa, o frente al televisor, para captar con todo lujo de detalles sanguinarios la demencia y furor de los otros.

Agustín Pérez Zaragoza, escritor de oficio nómada, cuyos intereses se movían a la par que los vaivenes de la sociedad que le fue impuesta, no ignoraba los atractivos de tal espectáculo, y siendo un maestro de la impostura, no tardó en hacerse un nombre a partir de la violencia de masacres y sangrías que fue recuperando de diversas fuentes literarias, francesas e italianas en su mayoría. Y cómo lo mismo redactaba un tratado contra los jesuitas, como un compendio filosófico moral o un manual de cocina, no le fue difícil desarrollar esta nueva disciplina al truhán. Y se dedicó a esta literatura con harto entusiasmo, por tal motivo se le conoce como uno de los escasos representantes de la novela gótica en nuestro país, gracias a la asimilación de las novelas de Ann Radcliffe y otros (por cierto, que el mismo alude a la novelista como Rosdeliff, en un alarde de sus amplios conocimientos culturales).

Del Romanticismo puro y más hiperbólico en el tratamiento de sus ‘topos’ surge como ‘rara avis’ la “Galería Fúnebre de Espectros y Sombras Ensangrentadas” en la primera mitad del siglo XIX, y se convierte en uno de los libros más leídos de su época. Sus relatos truculentos que incluyen amenazadoras cabezas decapitadas, venenos y horcas son consumidos con afición por una población ávida de sensaciones extremas. Los bocados tremebundos de Pérez Zaragoza se convierten en la distracción predilecta de las multitudes, que ven en esta recopilación cómo un discurrimiento sobre la vida y las virtudes de los hombres.

Ésta es la intención que el autor deja clara en su prólogo a la obra. Y además Pérez Zaragoza decide ampararse en la figura de la reina regente, María Cristina de Borbón, al permitirse el dedicarle la edición. En el mencionado prólogo que sirve para presentar excusas, justifica el recurrir a episodios tan sangrientos y funestos de la historia como medio para prevenir de los pecados a las almas sensibles. Se figura el escritor a una joven, inquieta en el lecho nocturno, que tras la lectura de la obra cree ver espíritus en lugar de sombras y que, aterrorizada, acaba despertando a gritos a los miembros de su familia.



Por la “Galería Fúnebre” pasa la procesión más infame de criminales, los que cometieron los crímenes más abyectos e inexcusables. Los delitos más horrendos minuciosamente relatados, para que el lector no pierda detalle de las violaciones y homicidios:


“El carruaje avanzaba lentamente, y esta lentitud le asemejaba a un convoy fúnebre. Miladi fue la primera que percibió por entre la espesura de las sombras pasar detrás del tronco de un árbol un hombre agachado, que, con unas pistolas y un trabuco bajo del brazo, parecía ponerse de acuerdo con otro escondido detrás de un árbol. Entonces ya no pudo menos de estremecerse Miladi, y, hallando una mano de Clarisa, la apretó temblando, aunque involuntariamente. “¿Qué tenéis, madre mía?, exclamó al momento, ¿habéis visto los asesinos?...”

“No, respondió Miladi, disimulando lo mejor que pudo su turbación. Es que las ruedas han hecho un movimiento, y no he podido evitar el susto.” Durante esta fingida contestación, Clarisa vio también sobre un arbolillo cargado de nieve la refracción de la sombra de un hombre que parecía tomar sus disposiciones; y por una delicadeza filial, Clarisa, temiendo también afectar a su madre, la imitó en el disimulo; sin embargo no pudo menos de decir a Miladi que deberían sin duda llegar ya al punto peligroso que había indicado el maestro de postas. El mesón quedaba ya unos cien pasos atrás, y no se veía más al través de los árboles que una luz que parecía en sus movimientos de inteligencia con el crimen. En fin, el peligro no es sino muy cierto. Los criados que iban en el pescante y trasera del coche, espantados a la repentina aparición de esta cuadrilla de malvados que simultáneamente van cayendo sobre ellos, empiezan a gritar y descargan sus pistolas contra ellos. Al punto se oye el silbato avisando a la otra banda de retaguardia, para que acuda al mismo tiempo. Los postillones caen a trabucazos al suelo, los criados son heridos igualmente, y todos quedan al momento en tierra con un diluvio de balas que descargan sobre ellos tantos asesinos en tropel, y, después, con los puñales acabaron de degollarlos, despreciando sus suplicas y clamores…

¡A vosotras, ángeles celestes, es a quienes yo debo ahora consagrar toda la energía y toda la sensibilidad de mi pluma, para pintar vuestra triste y horrorosa situación, vuestras mortales angustias y vuestros penetrantes gritos y clamores en medio de este teatro de carnicería y de dolor!!!! ¿Qué lector no quisiera poder obrar un milagro en vuestro favor y sacaros de ese abismo? Mas ya son inútiles sus votos, y es preciso llorar vuestra pérdida: está jurada, y Dios sólo puede evitarla.

Clarisa, desmelenada, desatinada y sofocada por su dolor, había enlazado sus brazos a la cintura de su tierna madre, y con los ojos elevados al cielo no le pedía más que el favor de morir antes que esta madre adorada. Miladi, por su parte, reuniendo todas sus fuerzas para tratar de salvar aún a su hija en medio de este desastre, la cubría con su cuerpo, y con el seno apoyado sobre el de ella no permitía la entrada al acero de los homicidas.

El bárbaro Bristol fue quien, con la mayor ferocidad e inhumana acción, sumergió un largo puñal en el vacío de la ilustre viajera, y arrancando de sus brazos desfallecidos a la infeliz Clarisa enteramente accidentada, la mandó llevar a la cueva o cementerio, lugar de despojos y sepultura de las innumerables victimas del bosque. Un hachón clavado en tierra era lo que alumbraba aquella horrible mansión: allí es donde se halla ya sumergida la beldad más interesante…, y su lecho, el sitio donde se encuentra aquella inocente criatura expirante, no es más que un cúmulo infectado de cadáveres mutilados y denegridos por la muerte… Mas cesa, lector mío, de afligirte: Clarisa nada tiene ya que temer, Clarisa duerme en el sueño eterno, en el sueño de los ángeles. Dios la ha dado alas, y, saliendo de las bóvedas tenebrosas de esta cueva de asesinos, se halla ya entre las divinidades del martirio; para colmo de su felicidad, ha vuelto a ver a su adorada madre para estrecharla otra vez en sus brazos y no separarse jamás.

Bristol, al ver tales atractivos, sintió en corazón delincuente un impulso criminal causado por la hermosura de Clarisa: trata de volverla a la vida, y es en vano le adviertan los demás forajidos que no se debía dejar existir a ninguno, que ésta era la orden que él mismo había dado. Bristol insiste en el designio de hacer salir a Clarisa de aquel sueño eterno, que cree no ser más que un fuerte accidente… Después añadió otros crímenes… Mas, ¿para que horrorizar más a nuestros lectores? Este monstruo tuvo la barbarie de abrazar a la misma muerte…, pero el alma inocente de Clarisa subió virgen a los cielos, por mas que su cadáver fuese profanado por los más horrorosos reptiles...”


domingo, diciembre 14, 2008

domingo, noviembre 30, 2008

El Misterioso Forastero: Henry More Smith

Me resulta inusualmente apropiado acabar de apurar la taza de caldo con jerez mientras proyecto la siguiente visión: Junto con el carcelero penetro en la celda en total oscuridad y gracias a la ayuda de los rayos lunares distingo la presencia imprevista de la figura de la mujer que visita a su marido en su miserable confinamiento. Henry More Smith camina en los escasos metros de que dispone, moviéndose con afectación y aparentando gran angustia. La mujer parece inmóvil, y debería estarlo, ya que se trata de un muñeco, de una efigie realizada a tamaño natural con trozos de las ropas del encarcelado. Es una impostura, pero la extrañeza de lo insólito no perjudica el efecto, así al contrario, prolonga su magia y crea una imagen eternizada del encuentro.


Lo que acabo de relatar sucedió el primero de mayo del año 1814. Un joven de 22 años presumiblemente inglés y que llevaba poco más de un año en America había sido encarcelado provisionalmente en la ciudad de New Brunswick, Canadá. Los que convivieron con él durante el largo año que estuvo en prisión le describían como un muchacho educado y decente con intervalos de locura, capaz de los más asombrosos prodigios.


Walter Bates, el Sheriff que llevó su caso, tras su relación con el enigmático personaje se dedicó a escribir una especie de diario en el que recopilaba el día a día con aquel ser tan particular. De esta recopilación surgiría “The Misterious Stranger”, la novela que me llevó a conocer al mago Henry More Smith, tras encontrar por casualidad un artículo sobre el personaje.


Bates dijo de Smith que en el tiempo que estuvo en prisión ejecutó obras propias de un genio en las situaciones menos favorables: en total oscuridad, esposado, con el cuerpo atrapado en cadenas y con una sentencia de muerte pesando sobre su cabeza. Los hierros no podían con él. Explicaba el Sheriff que aunque cada jornada aumentaban el grosor de las cadenas que le sujetaban cuello y torso, al día siguiente aparecían rotas en pedazos o sesgadas, sin que pudiesen dar explicación a aquellos prodigios. Se deshacía de las esposas porque se trataba de ropas incomodas, según sus declaraciones; sus manos siempre se conservaban calientes, aún en el duro invierno, y aunque no tenía oficio conocido podía ejecutar cualquier mecanismo o artilugio, incluso coser o pintar. También se descubrió su capacidad para crear fuego de la nada. El prisionero siempre estaba de buen humor, no mostraba recuerdos u opiniones y aceptaba la privación de su libertad de un modo tan ingenuo que asombraba a los representantes de la ley, además que no parecía interesarle su situación lo más mínimo.


En alguna ocasión se enfrentó a su encierro, gimiendo día y noche, y bramando como un salvaje. Bates transcribió sus gritos una noche especialmente larga en que el preso insistía una y otra vez con las mismas frases:


“Oh, thou cruel devils! Thou murderers! Man-slayers! Thou tormentors of man! How I burn to be revended! Help! Help! Lord help me to be avenged of those devils! Help me, that I may tear up this place! That I may turn it upside down! That there may not be one stick of it left! My hair shall not be shorn, nor my mails cut, till I grow as Strong as Sampson; then will I be avenged of all my enemies! Help! Help!”


Pero volvamos a la magia. La esposa de Smith no sólo se presentó el primero de mayo, el 29 del mismo mes, al entrar en la celda, se descubrió otra figura semejante a su mujer, sentada a la cabecera de su cama y con el Nuevo Testamento en las manos, como si le leyera. La muñeca se había confeccionado con jirones de ropa y paja, pero con tan simples materiales mostraba una expresión intensa en los rasgos. Smith, cómodamente reclinado, la escuchaba con toda su atención.


Salimos de la estancia respetuosamente para no volver hasta unos meses después. Abrimos la puerta, de nuevo en total oscuridad y distinguimos diez figuras en la penumbra. Hombres, mujeres y niños, cada uno vestido con una moda distinta, siguiendo las diferentes estaciones y según su oficio o actividad. Todos caracterizados de forma muy expresiva con trozos de ropa y paja, y pintados con sangre. Destacaba sobre todos ellos el que denominaba “Tambourine Man”, vestido con traje oscuro, como un Maestro de Música. Aunque era difícil descubrir los mecanismos por los que se movían, el maestro de la pandereta empezaba a tocar su instrumento y acompañado por la voz o el silbido de Smith el resto de ‘la familia’ empezaba a danzar. Había una joven rodeada de jóvenes galanes, y un militar llamado Napoleón que vestía de Arlequín y se enfrentaba a un viejo irlandés.


El espectáculo de Smith no dejó indiferente a sus carceleros y pronto la noticia de aquel genio se extendió por doquier. Vinieron viajeros de todo el mundo para apreciar su obra y con el dinero que le enviaban, ‘la familia’ llegó a contar con 24 figuras, la mitad de éstas bailando y el resto tocando instrumentos.


Henry More Smith fue perdonado de sus delitos y se le dio la libertad, pero esta resolución no le produjo ningún efecto. Marchó de New Brunswick con la orden de no volver, y por este motivo la historia escrita acaba justo aquí. Aunque ni nosotros ni el Sheriff podamos darle la espalda.


lunes, noviembre 03, 2008

El Sueño de Polífilo


LUCHA DE AMOR EN SUEÑOS DE POLÍFILO,

DONDE SE ENSEÑA QUE TODO LO HUMANO

NO ES SINO SUEÑO Y DE PASO SE

EVOCAN DE UN MODO EN

VERDAD ELEGANTE

MUCHAS COSAS

DIGNÍSIMAS


El Sueño de Polífilo es una de las obras bibliófilas más bellas del Renacimiento. Tan sólo celebrando sus xilografías el devoto seguidor podría extenderse en peroratas interminables sobre la infinidad de detalles en apariencia irrelevantes que logran que se pierda durante horas en la amable consecución de un pie o en el diseño graciosísimo de un motivo de decoración floral.

La delicadeza y el exceso de la obra subyugan a partes iguales. Su delirio y sofisticación. Quien resuelve penetrar en los laberintos de “El Sueño” debe abandonar su patria y sus recuerdos, por muy bienamados que le sean. Abrirse a los Otros Mundos, como hacemos cada vez que nos encontramos ante una puerta que nos reclama que la abramos, sea en la prosa de Lewis Carroll, en la obra fílmica de Jean Cocteau o cualesquiera otros reinos de la fantasía de los que sea -o sean- devotos.

La Fantasía. Se trata de olvidar pasajeramente el entorno y trasladarse al lugar en el que los acontecimientos y formas son conformes con nuestro paraíso interior. En el caso del Sueño de Polífilo, un recorrido agreste por senderos infrecuentes, arquitecturas visionarias, hembras hermosas hasta el dolor y visiones y más visiones, en ocasiones perturbadoras, en otros casos dulces como un brebaje almibarado que no se agota jamás de su recipiente.


Este ensueño no se lee, ni se ojea, diría más bien que se saborea, siente y goza des del punto de vista más sensualista. Asombra la fisicidad de la obra, la inmediatez de sensaciones y vivencias, como si de la mano de Polífilo fuéramos sorteando nuestras propios engaños en busca de lo más sagrado de nuestro misterio… en busca de Polia.

Alegoría del amor, obra de iniciación alquímica, relato erótico, tratado erudito o compendio de saberes de lo más variopinto. El Sueño se presenta placentero y colmado de dichas y escarmientos.

Para los que quieran probar su sabor dejo unas cuantas líneas:


“Sentados aquí juntos entre las olorosas y primaverales rosas y flores, tenía yo mis ojos muy abiertos y clavados fijamente con gran amor en esta imagen celestial, con todos mis sentidos ocupados en aquella forma tan bella, rara y divina; y me volvían, aunque más agradables, los ardientes y torturadores impulsos, en los que mi alma se derretía de dulzura, hallándome como loco y completamente ansioso y extrañado de por qué razón la preciosa carne de la gordezuela muñeca de la mano de ella, cuando yo la tocaba se convertía en purísima leche y desaparecía de ella el licor purpúreo durante algunos momentos; también me admiraba el arte con que la maestra naturaleza había esparcido en este hermoso cuerpo todo el perfume de Arabia y había fijado la parte más bella del cielo, es decir, la esplendorosa Heraclea, en su frente estelar, cubierta de rizos de oro.

Luego, dirigiendo la mirada a los hermosos y pequeños pies, admiré aquellos zapatos rojos, muy tensos sobre el marfileño empeine, con los bordes en forma de luna y una abertura sinuosa, estrechamente atados con ganchitos de oro y cordones de seda azul, instrumentos aptísimos para quitar la vida y martirizar más el inflamado corazón. Enseguida volvía mi mirada lasciva a la recta garganta rodeada de perlas orientales, no distinguiendo bien la blancura de una y otras; y descendía al brillante pecho y delicioso seno, donde sobresalían dos redondos frutos que hinchaban obstinadamente el vestido, tales como sin duda no los recogió Hércules en el jardín de las Hespérides ni los vio Pomona en su cesto. Estos, blanquísimos, estaban colocados en el rosado pecho como la nieve en la estación de Orión en su ocaso, bajo el cuerpo de pez del plácido monstruo de Pan. Entre ellos miraba con voluptuosidad un delicioso vallecito donde se hallaba la delicada sepultura de mi alma, como no la tuvo Mausolo con todas sus riquezas. Ocupado en esto y con el desgarrado corazón consciente de que los ojos, arrastrándolo a cualquiera de aquellas partes lindísimas, le hacían morir, no podía yo refrenar los suspiros amorosos y ardientes ni reprimirlos tan secretamente que no pudieran oírse.

Por esta circunstancia, ella, excitada y sacudida inmediatamente por el contagioso amor, volvía hacía mí sus miradas dulcísimas que eran envidia del sol, y yo sentía extenderse por mi cuerpo un incendio irritado que se difundía con gran comezón por mis partes bajas e íntimas y luego por todas mis venas. La contemplación continuada de sus nobles e insignes bellezas, hacía que se acumulara en mí una meliflua suavidad y un dulce placer; pero algunas veces, atacado por un apetito desordenado e insaciable y gravemente oprimido por una fogosa e inoportuna excitación, rogándole secretamente con tiernas palabras llenas de peticiones suavísimas y vehementes, deseaba en silencio sus besos sabrosos, húmedos y dulcísimos y su lengua jugosa y vibrante como una víbora, imaginando sentir la extrema dulzura de sus labios sabrosos y pequeños, respiradero de olorosas brisas y de perfume de almizcle de fresquísimo aliento, e imaginaba entrar en el tesoro escondido de Venus y que allí, como un ladrón, inspirado por Mercurio, robaba las preciosísimas joyas de la naturaleza”.


lunes, octubre 20, 2008

Vida Licenciosa de Pietro Aretino

Se atribuye a Paulo Giovio el siguiente epitafio dedicado al poeta tras su muerte:


“Yace aquí el Aretino, poeta toscano,

De todos habló mal, salvo de Cristo

Dando como razón: no le conozco”


De este modo se puso un punto y aparte a las últimas consideraciones sobre el artista más escandaloso de la época. “El Aretino”, llamado así por ser natural de Arezzo, se convertía en leyenda. Personaje tipo o modelo de un tipo de vida disipada y fastuosa que asombraba a sus coetáneos del mismo modo que provocaba críticas feroces, tal y como después sucedería a Lord Byron, William Beckford y tantos otros ejemplos… dándose el caso de que la vida del artista llegaba a ensombrecer su propia obra. El martirio y la gloria de los estetas irredentos.

Y no quiero con esto reivindicar el purismo de la obra de arte, ajena a las vicisitudes del genio. Si algo me maravilla es rescatar las estampas olvidadas de aquellos que vivieron de espaldas a la común mediocridad bienpensante de su tiempo. Los que arriesgaron su fama y su fortuna en pro de algún ideal descabellado.


Pietro Bacci, se hacía llamar “il Divino” y a causa de una asumida admiración hacia su propia persona, se hacía rodear en su casa principesca de bustos de mármol que reproducían fielmente su imagen. Llevaba una existencia licenciosa, envuelto en las riquezas más variadas e inimaginables, ropajes de lo más lujoso, piedras preciosas y objetos diversos, traídos en obsequio desde los más exóticos lugares. Su casa estaba atestada de artistas, mujeres, invitados y sirvientes, formando una verdadera corte de adoradores alrededor de aquella personalidad enérgica e imprevisible.

Se dice que el disoluto general Giovanni de Médicis lo consideraba su confidente y le relataba sus orgías, y que a partir de que muriera, Aretino vivió en Venecia rodeado de todos los lujos posibles. Rodeado de las “aretinas”, las mujeres más bellas, disolutas y obscenas de la ciudad.


A raíz de estas vivencias escribió algunas de sus obras más controvertidas, los “Sonetos Lujuriosos” que debían ilustrar dieciséis escenas diseñadas por Giulio Romano y los “Ragionamenti”, un verdadero manual de prostitución redactado como si se tratase de las memorias de una vieja cortesana, Nanna, que adiestra a una joven inexperta en las lides del comercio carnal. Reflejaba en esta obra la situación que se vivía en ciudades como la Roma de Leon X o la Venecia de Tiziano, que se habían convertido en capitales mundiales de la prostitución.

El citado pintor fue el encargado de legarnos la efigie del artista en algún retrato. El sanguíneo, el ardiente y sofisticado Aretino. La leyenda cuenta que murió riendo cuando se le reventó una vena del cuello al escuchar a una de sus prostitutas contar un chiste obsceno. Se trate o no de una verdad histórica, es el lazo perfecto para cerrar este breve repaso a la vida del pertinaz y libertino poeta.