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viernes, agosto 20, 2010

Ice Cream Mike


Mike Kennedy y su perturbadora psicodelia heladera:

De nata, fresa y de limón - Mike y Toti 1973

Soy el mensajero del dulce frío de color
hago que repiquen las campanillas en el paladar
Soy el heladero, sí, que ya llegó
y los niños vienen hacia mí como por imán

Déme un helado, por favor, de nata, fresa y de limón...
démelo muy grande, por favor, con chocolate que es mejor..

Con mi carro blanco al verano le doy sabor
todos los chiquillos un arco iris van a probar
por unas monedas doy menos calor
todos viéndome venir se relamen ya

Déme un helado, por favor, de nata, fresa y de limón...
démelo muy grande, por favor, con chocolate que es mejor…

A mí primero, señor heladero
mire que se cuela, tenga mi dinero…


miércoles, marzo 25, 2009

Niemen. Enigmatic (1969)


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Lost Driver

Como una suerte de juego, a veces podemos acercarnos a un disco del que apenas conocemos nada, incluso sin haberlo escuchado, por medio de diversas maneras. Esta afición, compartida por Aura, Fran Le Kinky y yo mismo, consiste por ejemplo, en fijarse en la fecha de edición de la obra, su line-up (la formación de músicos que lo han perpetrado, así como la gama de instrumentación empleada), y tal vez la más arriesgada: su portada. Si bien estos riesgos, gracias al eclecticismo del que hacemos gala, en nuestro caso no nos conducen casi nunca a resultados poco satisfactorios. En mayor o menor medida nos encontramos con álbumes que valen mucho la pena, y nuestra intuición nos lleva a buen puerto en gran número de ocasiones. Puede ocurrir, sin embargo, que las expectativas creadas entorno al diseño y el grafismo del material escudriñado, se desvanezcan tras unos segundos de su escucha o no se correspondan con lo que esperábamos. No fue este el caso de este “Enigmatic”, firmado por un tal Niemen.


Y es que en la cubierta de esta grabación, de tonos anaranjados, uno puede ver a un señor barbudo parapetado tras su gran teclado sobre el que yacen unos cirios de diversos tamaños, pudiendo indicar tal vez que estamos frente a un disco en el que un órgano catedralicio será el principal protagonista. En su contraportada, el sospechado carácter litúrgico y espiritual de la música es acrecentado por una imagen más ampliada del intérprete en la que comprobamos cómo éste permanece solitario con su teclado, profusamente rodeado de muchas más velas, que parecen ser el único público de sus melodías. Además, por la extensa duración de cada uno de los cuatro temas que lo integran podemos suponer que se trata de una larga suite a la manera de otros discos de rock progresivo.


Ciertamente, este elepé responde a todas estas conjeturas. Si bien los teclados dominan gran parte de su totalidad, nos hallamos con toda una banda de rock a la que incluso se añaden unos saxos. Pero la magia y el leit-motiv gira sobretodo entorno a las interpretaciones vocales, que destilan una pasión y una belleza sumamente poéticas. Para que se hagan una idea, su sonido recuerda bastante a los Procol Harum del “A whiter shade of pale”. “Enigmatic”, del 1969 es el cuarto trabajo de Czeslaw Niemen, un compositor polaco que en la década de los 60 fue muy popular en su país por introducir la estética psicodélica y los patrones anglosajones en su música.




El carácter ceremonioso de esta obra, cantada casi íntegramente en polaco, ya que contiene por primera vez en un disco de rock, recitados en griego católico, sumergen al oyente en un profundo estado de paz y espiritualidad. Poco a poco nos vemos asimismo asimilados al interior de esa portada, en la que el músico nos conduce por los senderos de su pasión interior y nos regala sus desgarradoras confesiones. Sólo lamento el no poder superar la barrera del idioma, que seguramente enriquecería totalmente su audición. Y quizá teniendo en consideración este salvable obstáculo, a pesar del mismo se explique también uno de los principales poderes de “Enigmatic”: la universalidad de su música.


¿Han encendido ya sus velas?...

Lost Driver

miércoles, febrero 18, 2009

My Own ABC Record (1972)


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Lost Driver

En 1965, el prestigioso sello EMI tuvo la sabia iniciativa de publicar álbumes a precios más populares que la mayoría de lanzamientos de su amplio catálogo. Music For Pleasure fue el evocador nombre con el que se bautizó a esta filial, en la que se editaron tanto grabaciones originales como reediciones de elepés ya existentes. Asimismo, haciendo patente la voluntad de dotar de un carácter funcional a la música escogida -¿una inspiración para Brian Eno y su serie “Ambient”?- la mayoría de discos consistían en compilaciones de música popular y clásica, presentados como eso, recopilatorios pensados como una suerte de ‘grandes éxitos’ de cantantes, bandas o compositores diversos, más que ofrecer material anteriormente inédito.

De esta manera, en el subsello tuvieron cabida algunas obras realizadas expresamente para todos los públicos. Música placentera para ser disfrutada por melómanos en general, abuelos, papás y niños. Y fueron sobretodo estos últimos a los que se dirigían títulos como este “My Own ABC Record”de 1972, acreditado a Ernest y Rosemary Burden, junto a partituras originales a cargo de un tal Victor Graham.

Su bella portada nos invita a entrar en un mundo de fantasía, en el que cada canción –sumando un total de 26 temas- se identifica con una palabra, y tiene como protagonistas a animales, profesiones, objetos o medios de transporte que empiezan por cada una de las letras del alfabeto inglés. Se trata de un juguete sonoro más que de un disco al uso, llegando en algunos casos a ser interactivo con el oyente, con una bonita colección de episodios musicados en los que se nos describen momentos de la vida diaria, bajo la que subyace una función educativa.

Prestando atención a las palabras seleccionadas, podemos constatar el hecho –como me hizo notar mi estimada Aura- que estamos frente a un disco destinado más bien a infantes de posición acomodada o de clase media-alta, pues títulos como ‘Y de Yate’ o “V for Vacuum-cleaner” –es decir, aspiradora- reflejan un determinado status social. Al margen de esta reflexión personal, cabe destacar la rica imaginación empleada en lo que a orquestación y melodías se refiere. Hay momentos realmente enternecedores, y otros que resultan ciertamente mesméricos.

Y es que este tipo de obras, disfrutadas por un adulto, pueden resultar auténticas experiencias irrepetibles. Su escucha nos incita a viajar a nuestra propia infancia, y de buen seguro, en el caso de muchos niños anglosajones ya creciditos que pudieran disfrutarlo en su momento, reencontrarse con este álbum puede abrir las puertas a un aluvión de sensaciones y recuerdos. En definitiva, el poder que encierran muchas otras manifestaciones artísticas ante cuyo disfrute nos convertimos en exploradores de nosotros mismos.


Entren...

Lost Driver

jueves, enero 15, 2009

I Am A Child. Program Me! El Mundo De Bruce Haack


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Lost Driver


En el documental “Haack: The King of Techno”, dirigido en el 2004 por Philip Anagnos, la profesora de baile para niños Esther Nelson nos relata el siguiente episodio:

“En una ocasión, mi hija preguntó a Bruce: ‘¿Cómo puedes crear esta música tan bonita?’, a lo que él contestó con otra pregunta: ‘¿Cómo eres tú tan bonita?’ Y ella respondió: ‘Simplemente, lo soy’. Bruce dijo entonces: ‘Bueno, pues yo simplemente puedo.’”

Esta breve pero significativa anécdota encierra la entrañable personalidad de un músico, Bruce Clinton Haack, nacido en 1931 en la localidad minera de Rocky Mountain House en la provincia de Alberta, Canadá. Un hombre cuya desbordante imaginación nos legó una serie de obras musicales extrañamente mágicas, anticipando una manera de comprender el mundo, si cabe, más fascinante todavía.

La infancia de Haack transcurrió solitaria, cuyo aislamiento fue el caldo de cultivo de su innata habilidad para la música: a los 4 años empezó a sacar melodías del piano familiar y formó parte de bandas country en su adolescencia. Asimismo ya mostraba un más que incipiente interés por los instrumentos electrónicos y los experimentos con la cinta magnetofónica. Y es que en este campo, Haack puede verse como un auténtico precursor –algo así como una versión canadiense de Joe Meek- en el diseño de artilugios para crear su propia música.

Después de graduarse en psicología en la universidad de Edmonton, se trasladó a Nueva York para estudiar composición musical, donde conoció en la Juilliard School a Ted “Praxiteles” Pandel. Juntos escribieron diversas canciones pop en los 50 y los primeros años 60, cuando tuvo lugar la primera aparición televisiva de Haack: una alucinada audiencia presenció como éste extraía sonidos de Pandel simplemente tocando su piel, a la manera de un theremin humano. Pandel habla de Haack como una persona alegre y familiar a la par que más bien débil, que dependía de sus amistades pero con un gran entusiasmo y una capacidad de ilusionar a todos los que se acercaban a su universo tan particular.



Sin embargo, la colaboración más prolífica de nuestro protagonista fue la que llevó a cabo a lo largo de toda la década de los 60 con la citada Esther Nelson, primeramente acompañando al piano sus clases de danza para niños, para luego editar una serie de elepés educativos destinados al público infantil, trufados de cancioncillas tan divertidas e imaginativas como experimentales. Esta labor nos revela a Haack como lo que siempre fue y él mismo anhelaba ser: un niño-adulto, jugando con la música y sus innovadores aparatos. Compartiendo sus sueños con otros niños, dejando atrás sus días solitarios y nevados en Alberta.




En los 70, su música serpenteó por derroteros más oscuros, en discos como “Electric Lucifer” (Columbia, 1970) o “Haackula”, editado en CD hace pocos años ya que en 1978 ninguna compañía quiso publicarlo debido al contenido de sus letras: el niño canta sobre la frustración y el desencanto con un mundo –el del show business en particular, y tal vez el propio mundo adulto, en general- que no llega a comprenderlo del todo, tal vez por lo avanzado de su propuesta. Fallecido en 1988, su epitafio reza: “Estoy agradecido y orgulloso de que hayas venido por aquí”.

Quizá sea esta injusta incomprensión de su genialidad sufrida en vida lo que me lleva a emparentar el alma de Haack con la de nuestro genio patrio Luixy Toledo, en cuya trayectoria igualmente visionaria y la manera de entender la música como un juego, veo a ese infante que se resiste a sucumbir a la seriedad y las reglas de los mayores. Ambos comparten también una increíble habilidad para componer canciones sobre casi todo lo que uno pueda imaginar, sirviéndose de sus sintetizadores y secuenciadores. Me los imagino juntos en una colaboración imposible, poniendo música a este mundo en el que no deberíamos dar la espalda tan a menudo a este ser pequeñito que vive dentro de todos y cada uno de nosotros.

Como despedida, aquí les dejamos con este recopilatorio, Hush Little Robot, que comprende una selección de sus trabajos. ¡A jugar se ha dicho!



Lost Driver

miércoles, diciembre 17, 2008

Daisies "Sedmikrásky". 1966


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De entre las variadas bandas sonoras que vienen reeditándose en los últimos años, Daisies (Sedmikrásky en su checo original) constituye una de esas rarezas que está ligada a un contexto cultural importante y tal vez poco conocido por el gran público, un servidor incluido, como fue el movimiento de cine experimental que se dio en Checoslovaquia en la segunda mitad de los años 60. La película del mismo título en la que aparecía fue dirigida en el año 1966 por la directora Vera Chytilová, y es considerada uno de los hitos mundiales del cine vanguardista e iconoclasta previo a los influyentes acontecimientos de la primavera del 1968 en Praga. Es en este ambiente donde muchos artistas europeos arrojaron al mundo una particular y novedosa visión de la cultura, redefiniéndola y en muchos casos creando una ruptura con un punto de vista más tradicional.

Chiytilová quiso musicar su experimento visual sirviéndose de dos compositores checos que provenían del mundo del espectáculo de variedades y la composición clásica: Jiri Sust y Jiri Slitr, siendo éste último junto a Jiri Suchy fundador del Semafor Theatre en 1959, un teatro de bolsillo en el que se representaban números musicales con fuertes dosis de humor satírico y antipolítico. Slitr era, además de compositor musical, un hombre cultivado en las artes plásticas y que llegó incluso a aparecer en algunos filmes. Sus canciones dominaron las listas de éxitos de la música popular checa en los años 60, con marcadas influencias del swing y el jazz. En cuanto a Sust, su carrera siempre había estado relacionada con la composición de música para publicidad y el cine, destacando su colaboración con el realizador Jiri Menzel cuya obra Trenes rigurosamente vigilados obtuvo un Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1965.

Uniendo sus cualidades, Slitr y Sust escribieron una partitura que no difería en absoluto con la alocada naturaleza de las imágenes yuxtapuestas y fragmentarias del filme de Chiytilová. Asimismo en ella encontramos adaptaciones de música militar checa; apropiaciones de temas de la Francia barroca de los siglos XVII y XVIII y composiciones de Brahms, Mozart, Bach o Wagner; charleston, e incluso ritmos cercanos al beat de la música pop. Hablando en términos actuales, asistimos a un proceso de sampleado de varios estilos, donde también tienen cabida una interpretación al piano por Jan Klusák (como pueden ver, no todos los checos se llaman Jiri) o un scat jazz vocal a cargo de la cantante Eva Pilarová, que se hizo famosa precisamente en el Semafor Theatre y que fue atacada por su querencia al rock and roll y una postura rebelde frente a la férrea política conservadora de su país.



El dueto explotó también las posibilidades de los procesos de edición y collage, como se hace patente en las piezas más surrealistas de esta grabación, utilizando sonidos de máquinas de escribir o relojes de cuco y aprovechando los ambientes sonoros de algunas escenas; como por ejemplo aquella en la que las dos muchachas, las absolutas protagonistas, se enzarzan en una frenética lucha de tijeras, creando uno de los momentos más delirantes de Daisies, que visualmente se consiguió aplicando curiosas técnicas en el celuloide.

Sospecho que fue Slitr en mayor medida el artífice de esa atmósfera tan cabaretera y de music-hall que impregna esta banda sonora, cuya escucha desafía todo intento de situar temporalmente lo que acontece en la pantalla, con sus hilarantes situaciones cómicas o cortas secuencias desprovistas de un auténtico significado más allá de lo visual que desfilan ante nuestras retinas, a la manera de hacer de los dadaístas en su Cabaret Voltaire.

¿Es música experimental? Experimenten ustedes con sus oídos... De buen seguro que la dotan de nuevas interpretaciones.



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martes, noviembre 25, 2008

Ya Ho Wha 13 "The Operetta" 1975


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Ciertamente, la gran mayoría de discos que por aquí les presentamos suelen encerrar historias tan extraordinarias que éstas trascienden la música o el contexto concreto en que fueron creadas. Entonces, las grabaciones se convierten en un hilo del que podemos tirar hasta hallar curiosos ovillos. Profundizando en la obra que hoy nos ocupa, he ido a dar de narices con uno de los relatos más fascinantes y extraños de la historia de la música: la vida de Jim Baker.

Este hombre nacido en Connecticut un 4 de Julio, era un experto en judo, tiro con arco y artes marciales en su adolescencia. Perteneció a los marines y fue condecorado con la medalla al honor y la Estrella de Plata durante la Segunda Guerra Mundial. Poco o nada se conoce acerca de su familia, pero sí el motivo que le llevó a instalarse en Los Ángeles y llevar una vida completamente opuesta a su pasado militar: James E. Baker quería probar suerte como actor de cine interpretando el papel de Tarzán.

Son los años 60. Su curiosidad por la filosofía y las religiones orientales le acerca a un grupúsculo de bohemios naturalistas conocido como los Natural Boys. Se convierte en un pionero abriendo el primer restaurante de comida vegetariana de la zona. En su afán por encontrar ‘la verdad’, establece un contacto con el maestro de ‘kundalini yoga’ Yogi Bhajan. Éste instruye a Baker en toda clase de enseñanzas espirituales, y nuestro protagonista lo considera como su verdadero padre espiritual en la Tierra. Es a partir de este momento cuando toma plena conciencia de su propósito en nuestro planeta. Acaba de nacer el “Padre”.


Rebautizado como Father Yod, empieza a congregar a su alrededor multitud de curiosos que aprecian sus postulados. A principios de los años 70 abre dos nuevos restaurantes en los que basa su sustento económico con la intención de fundar una sociedad alternativa bajo el nombre de Source Family. Ésta se establece primeramente en una mansión de Hollywood Hills, donde llegaron a convivir alegremente cientos de personas, entre hombres, mujeres y niños. Father Yod contaba con 13 esposas. Todos sus “hijos” fueron rebautizados con nombres relativos a divinidades mitológicas o causas naturales, siendo el apellido común “Aquarian”.


De entre todos los miembros que formaban su nueva y vasta “familia”, se hallaban algunos músicos que habían pululado en bandas de rock psicodélico y con ellos nació el ala musical de la Source Family, operando bajo diversos nombres, con miembros más o menos regulares. Como una actividad más en su día a día, sumada a la fabricación de sus propios ropajes, las meditaciones al alba, o la práctica de sexo tántrico, la música que desarrollaron estaba totalmente desprovista de premeditación o cualquier tipo de ensayo previo. Así, espontáneamente y tomando como base los cánticos de Father Yod, tenían lugar, normalmente entre las 3 y las 6 de la madrugada, sesiones improvisadas en las que se grababa absolutamente todo, sin edición de ninguna clase. Tal como afirman Octavius, Djin y Sunflower Aquarian en la interesante entrevista de Gary Bearman en Junio de 2001 para la revista Perfect Sound Forever, entre 1973 y 1975 llegaron a grabar 65 álbumes, de los que solamente nueve fueron prensados en limitadas copias que podían adquirirse en los restaurantes de la Source al precio de un dólar.

En 1975, tras varios pormenores con las autoridades, Father Yod recorrió el globo en busca de un nuevo hospedaje para la comunidad, que finalmente se trasladó a Hawai. A su regreso, cambia su nombre a Ya Ho Wha, y es cuando tuvo lugar la grabación de “The Operetta”. El 25 de Agosto de ese mismo año, nuestro hombre abandonó su cuerpo físico a consecuencia de una caída que sufrió volando en ala delta. Me detengo aquí, pero si quieren conocer algo más acerca del personaje y su obra, pueden visitar la web Yahowha.org.

Les dejo con esta música, del alma para el alma. Palabra de Ya Ho Wha.


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miércoles, noviembre 05, 2008

Music And Sound Effects For Home Movies


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Lost Driver

En esta ocasión, desde el espacio que Aura me brinda quisiera invitarles a una reflexión. Así como en anteriores comentarios, no voy a escribir hoy acerca de un disco, un género musical o un artista concretos, si bien estas líneas toman como pretexto un soporte sonoro, más exactamente una cassette o cinta magnetofónica. En una de sus caras, podemos encontrar fragmentos musicales instrumentales, de índole diversa y que no suelen sobrepasar el minuto o minuto y medio de duración. Por el otro lado –o ‘pista’, como solía referirse también en este formato- hallamos una amplia muestra de efectos sonoros, representando ambientes callejeros, campanadas, sonidos de medios de transporte, de aparatos y máquinas, amén de un sinfín de sonidos naturales (viento, agua, truenos).


Aún siendo frecuente en nuestros días la disponibilidad de multitud de ‘discos de efectos’ o la existencia de grabaciones de campo dirigidas comúnmente a profesionales de la radio o la televisión, el gran público es por norma general, bastante ajeno a esta clase de productos. Hubo un tiempo en que la necesidad de sonorizar películas o seriales dio cobijo a un vasto género musical, la ‘library music’. Otro tanto sucedió con los álbumes de grabaciones exclusivamente basadas en fuentes de sonido naturales o ‘environmental recordings’, con una profusión de sellos discográficos dedicados por entero a esta tipología.


No obstante, la fenomenología de la que voy a hablarles tiene que ver más con el ámbito casero, y es que la cassette a la que me refiero en cuestión está fabricada por Eumig, una compañía austriaca fundada a principios del siglo XX, cuya principal actividad comprendía la producción de cámaras fotográficas, para posteriormente explotar el mercado de las tradicionales cámaras de cine domésticas en su versión más conocida: el Super 8.


Fue en la década de los 70 cuando se popularizó este formato, y de buen seguro que muchos de ustedes guardan todavía alguna película familiar perpetrada en uno de esos aparatos de filmación. Una característica del Super 8 era que no tenía posibilidad de capturar la pista de la banda sonora de lo que se estaba grabando. Con el fin de subsanar esta limitación, marcas como Eumig pusieron a disposición de todos los públicos una gama de elepés o cintas para embellecer las excursiones al campo, cumpleaños, salidas a la nieve o un soleado día de playa. Y para que los aficionados dieran rienda suelta a su creatividad, se incluían asimismo sonidos más propios del ámbito del espectáculo como aplausos, risas, o ruidillos humorísticos.


Es por esto que veo en este cassette algo más que la música y los efectos que contiene. La posibilidad de que las familias pudieran inmortalizar en sus hogares películas o cortometrajes basados en sus experiencias propias, es un bonito ejemplo de cómo el sonido y la imagen nos acompañan desde entonces en nuestra cotidianeidad, dando lugar a una nueva forma de arte –amateur, si quieren verlo así- en nuestras vidas. Tal vez hoy en día, y debido a la aceleración del desarrollo de herramientas destinadas al ocio y el entretenimiento, se tiende a un consumo más frío e impersonal, a la par que individualista, de algo que en principio fue creado para disfrutar en compañía de nuestros seres queridos.


Y es que yo pienso que en términos sociológicos, el uso de lo audiovisual no debería desviarse jamás de su cauce original. Es necesario compartir en el día a día nuestro tiempo libre con los que estimamos, pues resulta mucho más bello y edificante. Así que aquí les cedo unas muestras de las músicas que contiene este “Music And Sound Effects For Home Movies”, para que a su vez compartan ustedes estos momentos con sus amigos o familiares, que a su vez fueron la banda sonora de los instantes inolvidables de otras personas. ¡Que lo disfruten!


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jueves, octubre 23, 2008

La Casa de Las Sombras de Paul Roland


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En la era victoriana del Londres de mediados del siglo XIX, era todavía muy poco conocida la existencia del fonógrafo, ese invento que permitía registrar y escuchar sonidos o música gracias a un sistema popularizado por Thomas Alva Edison al otro lado del Atlántico. Sin embargo, si H.G. Wells hubiera llegado a materializar su máquina del tiempo, de buen seguro que al viajar hacia nuestros días y descubrir la obra musical del artista del que voy a hablarles, autores como Mary Shelley, Julio Verne, Poe o Arthur Conan Doyle podrían ser contados entre sus acólitos.


Y es que tenemos en la figura de Paul Roland al hombre cuyas canciones sobre asesinos de prostitutas, gentlemen adictos al opio, exploradores de mundos remotos o apariciones de espíritus, constituyen verdaderos relatos de misterio e imaginación en clave de pop psicodélico o folk mesmérico, con profusión de bellos arreglos barrocos y medievales. Si a esto le sumamos que el músico es asimismo autor de una treintena de libros sobre ocultismo, magia blanca, meditación y ha confeccionado un tarot propio basado en la cábala, el retrato global es harto atrayente, ¿no creen?


Nacido en 1959 en el condado de Kent, al sureste de Inglaterra, muy cerca de Canterbury, es hijo único de una actriz de teatro y ópera y un escritor de relatos en sintonía con las historias que pueblan la discografía de Roland. Ya desde su niñez asegura haber tenido experiencias extrasensoriales, y muestra un interés precoz hacia los temas esotéricos y lo sobrenatural, tal vez inherente gracias a sus antepasados relacionados con lo psíquico. Cómo él mismo cuenta en una biografía, llegó incluso a afirmar haber estado bajo posesión demoníaca el mismo año que se estreno la película “El Exorcista”, tras ver un documental relacionado con el tema. Tiempo después confesó que quizás su carácter tan imaginativo era el auténtico culpable, para luego “permanecer por siempre al lado de lo angelical”.


Con gran sinceridad se considera en su adolescencia como un lector no muy ávido, desarrollando otro tipo de aficiones, entre las que pronto añadió su pasión por la música. Los primeros discos de Marc Bolan, Syd Barrett y la búsqueda de un sonido simple a la par que preciosista le llevan a componer sus primeros temas y a grabar sus primeros álbumes allá por el 1977. A modo de guía introductoria les recomiendo que escuchen el álbum recopilatorio “House Of Dark Shadows”, que pueden descargar aquí El disco es una cuidada selección de sus trabajos comprendida entre el 1986 y el 1997. Fue en éste último año cuando decidió dar un respiro a su trayectoria para cuidar de sus dos hijos, reapareciendo siete años más tarde con la publicación de “Pavane” (2005) y el reciente “Re-Animator” (2007). En su dirección de My Space pueden encontrar muestras de estas últimas composiciones.


No obstante, la faceta que más le ha valido un prestigio internacional y el reconocimiento como experto en los temas relacionados con lo mágico y las ciencias ocultas es la de escritor. Entre su vasta producción literaria encontramos títulos como “Crime Scenes”, “Nazis And The Occult”, “Contact Your Guardian Angel” o una serie de libros en los que expone sus ideas personales sobre la meditación y el buen uso de ésta para nuestras satisfacciones personales, con un marcado carácter positivista. En este enlace pueden encontrar diversos fragmentos y reseñas, así como artículos para publicaciones especializadas.

A mí, personalmente, me atrae mucho Paul Roland porque creo que es un alma curiosa que nos ofrece el mejor de los regalos: compartir su rica imaginación y abrir las puertas a un sinfín de experiencias para aquellos que somos tanto o más curiosos. Y a ustedes mil gracias por acercarse, que es lo primordial de todos los bellos descubrimientos que aquí tienen lugar.



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