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miércoles, febrero 04, 2009

martes, diciembre 23, 2008

Poison Ivy


De ningún modo puedo reprocharle haber sido así y habérselo permitido… incluso ahora. Como si no supiera del corte de sus dientes. No es posible erigirse en verdugo ante un gato montés. Soy consciente de ello, y tal vez lo era entonces, pero había demasiado brillo alrededor, en aquel pico desigual, para intentar descifrar cualquier cosa, el gesto más nimio, de mí o de Ivy.

El poder de obrar se ralentiza y las decisiones se cambian los cuerpos si uno sostiene el peso del mundo sobre los hombros. Sólo hay aleteos feroces sobre los cristales, y una admiración de la belleza contemplativa, en escasísimas ocasiones activa.

He dejado crecer la hiedra. La mala hierba. Ha entrado en mi casa, y ha agasajado a mis padres, incluso dio de beber a mis animales. Nadie la había dejado llamar a la puerta. Se asustaban de sus colores llameantes, del terciopelo de su piel moteada. Se ha apropiado de la música, tiñéndola de un verde ponzoñoso, y se ha enroscado en los cuadros, rompiendo las bocas y los ojos de los retratados en los lienzos.



Casi nadie escuchaba a Ivy. Su boquita de corazón parloteaba y parloteaba salpicando de cristales el aire. Poseía con el llanto abrasador del nepentes, con sus danzas macabras; al cantar, su aliento se arrastraba desde algún lejano rosetón perfumado, y al lanzarse desde la negrura del cielo, atravesaba la flor sacrosanta de una estocada escarlata.

No quise arropar a Ivy. Ni enjugar sus heridas con benjuí. Me consolaba su contorno despidiéndose en el aire. Sus muecas desde histéricos fantasmas imaginarios. Se anudaban en mi garganta, enroscados, sus brotes sanguinarios, cosquilleando desde el eco del teatro de sombras.

Nada ha perdurado. Crece. Llena de plagas los campos, pica de viruela a los infantes. Ha raptado alguna emoción del cajón de los cubiertos de plata y anda desvariando, blandiendo el arma de barro, que se le deshace en las manos. No habla. Jamás asiente. Mordisquea sus propias hojas… Veo a Ivy despuntando desde el campo de trigo. No se acerca.

Con las otras hierbas.



lunes, noviembre 10, 2008

El Mambo de Brigitte

El primer truco apreciable es hacerla descender a un sótano oscuro desde la languidez de la “soir blue” de Saint-Tropez. La bella procede a bajar los escalones, con balanceos de desidia y de caprichos frugales. Toda ella es un tormento, remembranza de las olas que la exhibían mojada a pleno sol, con el pelo revuelto.


Indiferente a que la miren, o deseosa. Su mirada no desafía, sino que permanece subterránea, como el fondo que la dibuja. Inasequible, actuando sumisa, como un autómata, aunque el fuego la consuma, aunque el brote de fiebre se excite a punto de revelarse. Juliete parece acoger aires de timidez mientras se muerde el pulgar, acaso nerviosa, pero cualquier movimiento puede accionar su fatalidad.

El segundo truco son acaso sus pies descalzos, la vulnerabilidad que suponen, y esos planos generales que la encuadran en medio de un espacio que se antoja asfixiante, húmedo y sin ventilación. Una jovencita sin acompañante masculino que se adentra en la oscuridad del bar, huyendo, sin conciencia de su perturbador poder. Rodeada de extraños que la enmarcan desde todos los ángulos. Brigitte empieza a bailar.


Y de repente grita, y al momento se ha olvidado tal vez incluso de porqué está allí. Sólo existe la llamada insistente de las percusiones, el calor de la música que gobierna su grácil cuerpo. La chiquilla se agita y se retuerce, poniendo en evidencia la maravilla naciente de cada parte de su cuerpo. El florecimiento del ímpetu de su juventud. Esquivando cualquier obstáculo que la aparte de la Vida, que fluye. ¿Acaso hay algo más importante qué Ella baile? No para el que asiste al espectáculo.


El tercer truco es adorar sus piernas sobre un suelo ajedrezado, detener cada movimiento en la rapidez del frenesí. Capturar la inefabilidad de la corriente de efluvios que desprende su danza. La misma danza que sesgó el cuello de San Juan Bautista. La que lleva en sí la ruina de los deseos que no se subliman. La lujuria de los hombres detenidos, como estatuas, rodea a la diosa rubia imponiendo su propia violencia, mezclándose con la furia del mambo.


Crece la intensidad del ritmo, del desenfreno, y las caderas se mecen en movimientos sincopados, hasta que el arma aparece reflejada en el espejo y los designios de la providencia se muestran con toda la claridad de su magnitud. Como en los juegos crueles de la vida es el todo o nada, es la caza o la renuncia a uno mismo. Brigitte con ojos húmedos, con las mejillas coloradas, no se rinde a la servidumbre del trampero, y con una sutil sonrisa finaliza su desafío, que nos hiere como un látigo.



Pasamos a otra escena.


martes, abril 15, 2008

Baby Doll

Puedo ver esta fotografía desde aquí siempre que escribo, en la estantería blanca que hay encima del escritorio. Mis atenciones hacia ella se han vuelto inestables, me acompaña la inclinación y la pose solicita, pero los contornos se desdibujan y nuestras miradas no se han vuelto a cruzar desde hace meses.

Sin embargo hubo una época en que su proximidad me agitaba y la Carroll Baker de “Baby Doll” se me aparecía en la habitación como el presente verdoso que se otorga a quienes creen en los espíritus producidos por los vapores etílicos.

Porque era la Carroll Baker de Babydoll, y no otra, pese a la belleza, o lo que sea que consista la estética desde la objetividad. Baby Doll era un punto de conexión con una idea que pude tener un día, con esa criatura que conocía sin saber, porque había nacido desarrollándose a partir de mis pistilos, el ser regado de pecados propios que se me escapaba entre los dedos al intentar asir una proyección valida. Esa mujer-niña hecha de carne inaccesible que en tantas ocasiones perseguí, una combinación de encajes abandonada, un churrete de saliva cicatrizado.

Este fotograma de “Baby Doll” ampliado me miraba desde la pared cuando no le prestaba atención. Ella a lo suyo, indiferente a todo menos a su santuario marchito. Mediante un túnel de estructuras romboidales nos volcábamos la una en la otra, descalzas e irascibles, buscándonos los mohines.

Y de su estancia a la mía se arrastraban legajos y cintas, y oía el cosquilleo de mi carcajada difuminado por el tañido de las campanas, por su propio espionaje.

Puedes coger sus zapatos y lanzarlos río abajo, y alcanzarle un vestido de tirantes e invitarla a un dulce. Y lo demás se tornará accesorio. Sólo retenerla, el tiempo suficiente -nunca suficiente-, empujar su astucia, agarrarle el dedo y llevártelo a la boca.

lunes, febrero 25, 2008

Actriz Fetiche. Mi Brigitte.

De entre las dos Bs Gainsbourg siempre preferí a la Bardot antes que a la Birkin. Tal vez fuera porque lo que en una era naturalidad y descaro en la otra se me antojaba sofisticación y carácter mimado. Sea como fuere, el caso es que el tiempo me ha dado la razón revelando a la primera como una vieja excéntrica que dedica su ancianidad a cuidar animales y a la segunda como madurita que compone discos para adultos modernos.

Pero tampoco se trata de cubrir una falsa rivalidad. A mí siempre me gustó Bardot. Mi Brigitte. Con sus poses de bailarina y aquella caballera que parecía un nido de pájaros, invariablemente despeinada. Aquella ninfa que recogía animalillos del suelo con el mismo capricho con el que después se subía a las mesas para bailar un mambo. La Bardot era frescura y desenfreno. Las ropas le molestaban a su metro setenta de estatura, y se convirtió en la mujer vestida más desnuda que vi jamás.

Brigitte siempre se mostró, tal cual. Siendo esfinge u odalisca, niña perezosa o Bonnie Parker. Una joven descalza que recoger del camino sin saber a ciencia cierta cuando podría volver a salir corriendo. Con su naricilla pecosa, sus piernas inquietas y aquella lúcida mirada extraviada, ardorosa y retadora:

“I have been very happy, very rich, very beautiful, much adulated, very famous and very unhappy”


Mientras ella se suicidaba una y otra vez, aludiendo a que siempre que se enamoraba pensaba que sería para siempre, el resto del mundo intentaba atrapar su reflejo en portadas plastificadas, tratando de comprender el enigma de la mujer-bebé, aquella nudista solicita que balbuceaba mientras se mordía el pulgar saliendo de la bañera. Tal vez Cocteau fue uno de los pocos que respetó el mito, mostrándola y ocultando al mismo tiempo su desafío en una breve escena de El Testamento de Orfeo:

Sólo la Eva medusea podía darle fin al poeta de una lanzada.

lunes, diciembre 03, 2007

Actriz Fetiche: Olivia Pascal.

La primera vez que vi a Olivia fue en “Interno di un convento”, una de esas películas que bien podría haber reseñado (lo dejo como pendiente) de Walerian Borowczyk. Director fetiche, película fetiche y actriz fetiche. Cacé el film por casualidad hace muchos años ya en un ciclo de TV que, si no recuerdo mal, se llamaba “Cine de Medianoche” en el que le tenían cierto cariño a Borowczyk y a sus peliculitas eróticas. Recuerdo haber visto también alguna de Tinto Brass e “Histoire d'O” a temprana edad, pero esa es otra historia.

En el interior de aquel convento Olivia protagonizaría una de esas escenas que se quedan grabadas a fuego en la memoria, con un tronco tallado y un espejo. Además de ser la monja más bella que uno pudiera ser capaz de fantasear. Una mariposa encerrada en un clima de represión angustioso y obsceno.

La memoria es caprichosa y en mi caso lo es mucho con las fisonomías. Reencontré a la actriz alemana en Vanessa (1977), otra película para adultos con la adolescente envuelta en un decorado pretendidamente exótico. Contemplarla es quizás el único aliciente de este drama erótico sobre el despertar sexual que nada tiene de destacable: alguna secuencia que me pareció divertida con maniquíes dorados y un espejo, y poco más. Si les apetece verla les diré que Olivia está más linda que nunca (tenía entonces nuestra niña 20 años).

A partir de Vanessa empecé a buscar todas sus películas: alguna comedia sobre un par de chicas jóvenes de vacaciones, y incluso una explotación de “Vanessa” hecha por el mismo director Hubert Frank (en este caso el invento se llamó “Island of 1000 Delights”). Invariablemente films eróticos para el lucimiento físico de la protagonista, que no tenía reparos en desnudarse siempre que podía.

Mi inclinación hacia su cabellera salvaje y su boca en forma de corazón me llevó incluso a ver entera Bloody Moon (1981) de Jesús Franco, la que en España se llamó “Colegialas Violadas” (no les engañe el título, imposible violar a una estudiante en esta cinta), una de las peores que he visto de Jess, y eso que es un director al que le perdono casi todo por su hechizo.

A partir de los 90 le pierdo la pista a Fräulein Pascal. Sé que tuvo una carrera activa en series de TV alemanas, incluso sacó un disco que no he conseguido localizar… Lo que sé seguro es que ver a Olivia dándose un baño en Vanessa es como contemplar una bella deidad sacada de un lienzo de Courbet:




Actualización:
Como el señor YouTube me censuró el video de Olivia (pobre, ella que sólo se estaba bañando) lo he colgado aquí. A ver lo que dura:


lunes, mayo 21, 2007

Tina Aumont. Actriz Fetiche.


La actriz gato.

Los ojos más grandes que me han mirado desde el otro lado de la pantalla, siempre enmarcados en khol negro.

En Tina la erótica desde luego que provenía de la mirada. En “ I Corpi presentano tracce di violenza carnale”, por ejemplo, vestida parecía mucho más desnuda que el resto de sus compañeras de reparto, que campaban por la cinta sin nada encima. Pero sus falsas pestañas podían con todo eso.

Tina nació el día de los enamorados del año 1946. Hija de los actores Jean Pierre Aumont y Maria Montez, Jean Cocteau la bendijo con el poema “La Fille aux étoiles”. Parecía que el cine la acogería de forma natural, y así fue, aunque su presencia nunca fue protagonista. Me he cansado buscándola en pequeños papeles, eso sí, siempre letárgicos para mí. Cómplices del séptimo arte como Tinto Brass, Jean Rollin, Fellini o Dario Argento (que la quería como protagonista de Suspiria) supieron verla como Bella entre las Bellas...

La he visto morir tantas veces en pantalla: junto a Monica Vitti en la maravilla pop que es “Modesty Blaise”, desmembrada en la citada “Violencia Carnal”. Y aún y así me parece una incongruencia que ya no esté entre nosotros, como un cuerpo tan vivo y elástico puede haber muerto.

La tragedia te pinto los ojos, mon ange.

viernes, noviembre 11, 2005

Angelina

Quería iniciar una serie de espacios dedicados a alguna actriz, actor, personaje curioso, blablabla, y además quería comenzar recordando una de mis actrices de cine clásico favoritas que es Barbara Stanwyck, pero no me he podido resistir y empiezo con Jolie que encabezará la lista. Hay una sección de la revista "Esquire" en USA que se llama "Women we love" dedicada a las celebridades, esta es un poco la idea que buscaba:


Mientras algunas niñas desean ser bailarinas o princesas otras querrían ser vampiras. Ella, por supuesto, prefería esto último, y no puedo imaginarla mejor a esa edad que con unos colmillos de plástico y mal maquillada en un cumpleaños infantil.
Y más sueños y deseos, esta vez de adolescencia: con 14 o 15 años nuestra Jolie quería ser directora de una funeraria, negocio lucrativo sin duda, y además sin altibajos. En sus ratos de ocio jugaba con su pequeña iguana, a la que llamaba Vlad el Empalador.

Y es que adoro a esta mujer, no ha cambiado nada. En sus primeras nupcias apareció ataviada con una camisa blanca en la que aparecía escrito con su propia sangre el nombre de su prometido y a Billy Bob le regaló por el aniversario de boda, un pequeño terreno para que fuera diseñando su tumba. Además de coleccionar cuchillos y primeras ediciones como la del Fausto de Goethe, asegura que es del todo saludable desayunar insectos: cucarachas, larvas de abeja o grillos fritos son siempre preferibles a los Corn Flakes.
Que dulce niña.

“People always automatically think that I am a bad girl. Or that I carry a dark secret with me or that I'm obsessed with death. The truth is that I am probably the least morbid person one can meet. If I think more about death than some other people, it is probably because I love life more than they do”.



Gia (1998) (TV)
Girl, Interrupted (1999)
Lara Croft: Tomb Raider (2001)
Mr. & Mrs. Smith (2005)