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lunes, febrero 25, 2008

Actriz Fetiche. Mi Brigitte.

De entre las dos Bs Gainsbourg siempre preferí a la Bardot antes que a la Birkin. Tal vez fuera porque lo que en una era naturalidad y descaro en la otra se me antojaba sofisticación y carácter mimado. Sea como fuere, el caso es que el tiempo me ha dado la razón revelando a la primera como una vieja excéntrica que dedica su ancianidad a cuidar animales y a la segunda como madurita que compone discos para adultos modernos.

Pero tampoco se trata de cubrir una falsa rivalidad. A mí siempre me gustó Bardot. Mi Brigitte. Con sus poses de bailarina y aquella caballera que parecía un nido de pájaros, invariablemente despeinada. Aquella ninfa que recogía animalillos del suelo con el mismo capricho con el que después se subía a las mesas para bailar un mambo. La Bardot era frescura y desenfreno. Las ropas le molestaban a su metro setenta de estatura, y se convirtió en la mujer vestida más desnuda que vi jamás.

Brigitte siempre se mostró, tal cual. Siendo esfinge u odalisca, niña perezosa o Bonnie Parker. Una joven descalza que recoger del camino sin saber a ciencia cierta cuando podría volver a salir corriendo. Con su naricilla pecosa, sus piernas inquietas y aquella lúcida mirada extraviada, ardorosa y retadora:

“I have been very happy, very rich, very beautiful, much adulated, very famous and very unhappy”


Mientras ella se suicidaba una y otra vez, aludiendo a que siempre que se enamoraba pensaba que sería para siempre, el resto del mundo intentaba atrapar su reflejo en portadas plastificadas, tratando de comprender el enigma de la mujer-bebé, aquella nudista solicita que balbuceaba mientras se mordía el pulgar saliendo de la bañera. Tal vez Cocteau fue uno de los pocos que respetó el mito, mostrándola y ocultando al mismo tiempo su desafío en una breve escena de El Testamento de Orfeo:

Sólo la Eva medusea podía darle fin al poeta de una lanzada.

lunes, noviembre 19, 2007

La Corona Negra (1951)

Con esta frase de Jean Cocteau en los títulos de crédito se inicia esta película del realizador argentino Luis de Saslavsky, apuntando un par de ideas. En primer lugar, la presencia de Cocteau, quien escribió la historia adaptando una obra de Charles de Peyret-Chappuis (por cierto, Saslavsky contó también con la colaboración de Miguel Mihura para traducir los diálogos al castellano). Por otro lado, la introducción de las aves como leitmotiv de la obra: las aves carroñeras, pero también las palomas, que convergen ambas en la figura enigmática de la mujer de negro, María Félix o “María Bonita” como era también conocida la estrella mexicana.


La Corona Negra” es un drama basado en un misterio, y como tal, se inicia sumiendo al espectador en el desconcierto: imágenes de las dunas de un desierto, el rostro de María Félix (Mara) recortado contra el cielo, manos que surgen de la arena implorando a la protagonista… Todo un paisaje surrealista que se va a ir repitiendo a lo largo de la película en escenas de flashbacks o visiones oníricas.

La viuda negra… “esa mujer trae la muerte” dicen las cartas de la adivina, un cementerio, un crimen... Ideas esbozadas que vamos descubriendo al mismo tiempo que Mara, que padece amnesia y anda perdida por las calles de Tánger. Sus ojos extraviados buscan el olvido, la evasión de su propia identidad. Y el destino y sus aliados le tienden trampas por doquier.

La corona negra” desprende el perfume de Cocteau en cada escena: sus símbolos inmediatos, el baile con la muerte, cierta superstición romántica, y un exotismo de bambalinas. Los personajes son esculturas poseídas por pasiones impetuosas, los escenarios protagonistas de la tragedia y cada detalle se borda en espiral para acabar formando la efigie de la muerte. Como en las obras de Tennessee Williams se podría hablar de un gótico sentimental en toda creación tocada por la mano del mago francés.

La Corona Negra no es sólo el dedo que señala la carne que acaba de sucumbir, sino que es también el presagio de que la muerte anda cerca.

viernes, noviembre 09, 2007

Historias de mi Vida

Como explica Jean Marais, en su evocadora autobiografía de tono infantil “Historias de mi vida”, cuando vivía con Jean Cocteau en el 19 de la place de la Madeleine muchas noches el mago francés deslizaba por debajo de la puerta que separaba sus habitaciones poemas.

Al despertar, Marais encontraba en el suelo una o varias hojas de colores, plegadas con formas diferentes, a veces en forma de estrellas… Imagino que nada más abrir los ojos la costumbre le llevaría a mirar aquel lugar predilecto donde los regalos se debían amontonar. Y su primera ocupación del día sería leer aquellas preciosas cartas:

GRACIAS

Pensaba: he vivido la mitad de mi vida
No tengo más ganas de vivir.

Llegaste de aquel mundo desconocido de donde salías
(de allí me llegaste)
De aquel mundo enigmático donde viven los demás
Los indiferentes y los nuestros

Salías del destino que forma su misterio
Con los secretos de la tierra

De allí llegaste a mis sentidos descontentos
Como los pólenes de la primavera

Me llegaste, Jeannot, como un polvo de árbol
Como quien encuentra un Eros de mármol

Poco a poco fui sabiendo, reconociéndote
Y comprendí que nacía

VUELTA AL MUNDO

Decir que a todos los países
Que no hemos visto juntos
Los desprecio, los odio
Salvo en lo que a ti se parecen.

Cuerpos alados, árboles de rizos de oro
Un hombro, un bosque rubio,
Sólo amo de esta vuelta al mundo
Los pálidos reflejos de mi pequeño durmiendo.

Y luego están estas cuatro líneas. Tengo que confesarles que las reescribí, en una hoja de color naranja, y que las llevo siempre conmigo, dobladas, como una especie de amuleto. Son los versos más hermosos que he leído nunca, y no por sus cualidades literarias, sino por ser VERDAD. Un momento de VERDAD congelada que llega a mis manos y a mis labios abrasándome:

La vuelta al mundo es un pobre viaje
Al lado del viaje que me lleva contigo
Cada día te adoro mejor y más
Donde tú vives es mi techo.

Gracias” es el título del primer poemilla que he trascrito. Y no es casual. No sé si recuerdan aquella fotografía en la que fui fantasma. Ya no lo siento así. Cocteau es uno de esos pocos genios que te coge de la mano y te sube con él a la escalera de Jacob. Yo soy Cocteau, y soy Marais, y soy su obra, cada una de sus obras. No puede ser de otra manera. El ángel francés lo ha querido así. Se ha abierto en canal, me ha mostrado sus vísceras, su interior de algodón y sangre, y me ha nutrido. Este tipo de vivencias los he sentido en contadas ocasiones, pocos se crucifican de este modo, con paciencia infinita, sin temor, con una sonrisa. Cocteau te pone el espejo delante y te dice: este eres tú, soy yo, déjate ser, yo te dejo verme.

Y eso no se olvida.

Quisiera llegar a eso algún día...

jueves, agosto 02, 2007

The Surnateum

Hace unos días me sorprendía mi querido Brujo con una invitación al Museo de Vestigios Insólitos, que alberga una colección de lo más curiosa. Allí pueden encontrarse con excentricidades como las huellas de las santas posaderas de Nuestro Señor Jesucristo, el vello púbico del coño de la Bernarda o la herradura del zapato de Nikita Khrushchev… Si no han pasado por allí les recomiendo que lo hagan, pasaran un rato de lo más entretenido.

Y para no ser menos he pensado en recomendarles otro museo asombroso: El Surnateum o Museo de la Historia Sobrenatural es una fantasía virtual, una colección utópica de magia y esoterismo atribuida a su creador al que llaman “The Collector”, Christian Chelman.

Presentándose como el lugar que explora los universos paralelos de las fronteras de nuestra realidad, el Surnateum es en realidad una mentira (es una galería virtual), pero una mentira vendida de forma muy atractiva. Si la visita hipotética a un museo que albergara todas esas maravillas fuera física y tangible se trataría de la mayor colección del mundo sobre las ciencias ocultas. Lo que sucede es que el Museo de la Historia Sobrenatural pertenece a un mundo paralelo y para acceder a sus galerías hay que ser lo que ellos llaman un “sensitivo”.

No es mi caso, claro, y es una lástima que no pueda explorar su colección de artefactos mágicos, de hechizos, objetos provenientes de tumbas exóticas y santuarios perdidos. Es un mundo donde los números son divinos, en el que criaturas extraordinarias y entes viven con nosotros.

Para que se hagan una idea, el Museo incluye un Departamento de Reliquias Sagradas y Profanas, otro de Antigüedades Encantadas (con, entre otros, cartas y objetos que prueban la existencia del fantasma de Jean Cocteau).

También hay un Departamento de Artefactos Desconocidos y Máquinas Infernales, con sus famosas máquinas para viajar en el tiempo. Pero sin duda mi departamento favorito es el de Demonología, con su Kit de exorcismos y la Mano del Demonio.

Les diría que visitaran el Surnateum pero lo cierto es que no sé como llegar. Por de pronto, les dejo la dirección de su página web, tal vez ustedes encuentren otro acceso.

jueves, abril 19, 2007

Una Fotografía

El gesto suave del que enseña… y al final todos somos ángeles en la reproducción de esa habitación.

El caído se precipita sobre el mundo que no pudimos conocer, y los muebles cotidianos nos definen el escenario: el maquillaje y los actores. No son las personas las que nos hablan de los objetos, sino al revés. Por doquier encontramos cosas prestadas que nos pertenecen más que a sus dueños.

Junto a la cama, en actitud relajada, está el niño-fauno. Hace tiempo que ignora las maravillas que crea a su alrededor. Su arte es el arte de la vida, el de los pequeños juegos y bellezas que crea con cada movimiento, con cada gesticulación. Cuando duerme le adoramos, y aún más cuando parece pensar. Pero, ¿él piensa? ¿o tiene tan sólo la capacidad de ser adorado y pensado por los otros? Los que creen en él.

Y el poeta. Con su enfermedad, y su bondad, y la sencillez de su fuerza arrebatadora. La voluntad concentrada en su amasijo de carne y huesos. Formas incorpóreas, huesos que no son huesos sino formaciones, conglomerados del ser angélico. Apenas puedo mirarle, o mi sentir se descompone en lágrimas. Lagrimas por lo que ha sido para todos nosotros, y lo que he sido dentro de él, en un tiempo pretérito que adivino y me llega prestado de las palabras de otros. Pero que nadie ose decir que no ha sido mío, no, eso nunca.

El sentimiento es lo que nos da la verdadera vivencia de las cosas. Y por eso puedo yo estar allí, en la habitación de la fotografía. Acariciando la escultura que pende del techo como una lámpara, y arrodillándome a los pies del actor para apoyar la cabeza en sus rodillas.

No deseo ser nada para ellos. Tan sólo el fantasma que vaga en su realidad paralela y que apenas prestan atención.

En el momento detenido, en la eternidad adivinada juego a ser reina y señora de todas las cosas.

viernes, noviembre 04, 2005

Belle et bête, Jean Cocteau

"Los niños tienen una fe absoluta en lo que les contamos. Creen que arrancar una rosa puede traer la desgracia a una familia; que las manos de una bestia humana empiezan a echar humo cuando mata; y que esa misma bestia se siente en cambio avergonzada por la presencia de una muchacha en su casa. Ellos se creen miles de cosas que nosotros consideramos ingenuas. Yo os pido a vosotros un poco de esa misma inocencia. Y, para que pueda funcionar la magia de este cuento, dejadme empezar con esas tres palabras que son el Ábrete, Sésamo" de nuestra infancia: Érase una vez...".
Jean Cocteau


“La muerte es un precio muy alto por una rosa roja” Oscar Wilde.


Se puede descansar en la inquietud de la extrañeza. Lo que esconden estas maravillas es un remanso de sensual pena. La languidez… presta a abandonarse en los ricos dominios de la mano enguantada que pasea con gula por las curvas doradas.

Hay cinco objetos que me otorgan la magia, y uno de ellos es el guante. ¿Quiere saber del resto? La rosa. Podía haberse llevado cualquier otra cosa y mis labios aún estarían muertos, pero no las flores que se exhiben sin pudor en mi casa. También el espejo, donde en círculos de humo me deshice ardiendo ante sus ojos. Y la llave de la puerta de Diana y el anillo que me esposa.

¿Se aventura entrar en mi casa? Nadie había entrado aquí antes.
Largos dedos de amos invisibles le servirán el dulce vino en copas precipitándose en risas de rubí. Hay un festín dispuesto si no teme el peso de las siete campanadas. Perlas acudirán a mis manos a raudales deseosas de estrangular el blanco cuello. Y le abrigaré con pieles de otras bestias, el hechizo reptando por su piel como un escalofrío, anticipándose al abrazo de la piel de león, escurriéndose en sus recovecos como un animal asustadizo.

Silentes sirvientes callan. Ojos sin rostro incrustados en las paredes, efebos que sonríen desde los pilares de la chimenea, níveos brazos que surgen de la nada para desvestirle. Lo inanimado suspira en cada rincón dormido.

Yo le digo: Cada cosa en este castillo es suya, basta con que la desee. Beba de mis manos y las ramas se abrirán a su paso.

La bella y la bestia

Escrita y dirigida por Jean Cocteau ;"Ilustrada por" Christian Bérard ;Música de Georges Auric

Actores Jean Marais como Avenant/ La Bestia/ Principe Ardent ;Josette Day como Bella ;Marcel André como el Mercader (padre de Bella) ;Michel Auclair como Ludovic ;Mila Parély como Felicie ;Nane Germon como Adélaïde.



Y si quieren leer el cuento: LA BELLA Y LA BESTIA de Madame Leprince de Beaumont