martes, mayo 23, 2006

Aromas de Nardo Indiano que Mata y de Ovonia que Enloquece.

Hace algunos meses ya que le dedicaba una entrada aquí en el blog a Antonio de Hoyos y Vinent (concretamente a “El Crimen del Fauno”), uno de mis escritores españoles predilectos. Ya entonces comentábamos el injusto silencio que hay alrededor de su figura… nunca entenderé porque siempre se reivindica a los mismos cuatro y en cambio hay tantos autores atractivos por redescubrir. Bueno, la cuestión es que “Aromas de Nardo Indiano que Mata y de Ovonia que Enloquece” se me resistía, no había manera de encontrarlo en las librerías de viejo habituales. Gracias a que existe “Iberlibro” al final ha caído en mis manos. Y es que con ese título (no me digan que no dan unas ganas tremendas de leerlo sólo oírlo) se me hacía la boca agua al imaginar qué macabros perfumes nos describiría el señor de Hoyos.

En palabras de mi admirado Luis Antonio de Villena, “Antonio de Hoyos y Vinent, marqués de Vinent, era un hombre (según los recuerdos y retratos de quienes le conocieron) alto, de corpulencia un algo desgarbada, de voz paposa (por su sordera de nacimiento), envuelto siempre en una elegancia excesiva y abrumadora. Camisas de seda, ternos impecables, inmensos gabanes con amplios cuellos de piel, finísimos guantes y, en las manos, magníficas y raras sortijas –González Ruano habla de una amatista descomunal-y, siempre, su monóculo de concha. Frecuentaba las reuniones de la aristocracia, algunos círculos de literatos y el mundo de los toros; los cafés cantantes y el sórdido ámbito –que a veces es lujo- de los malos rincones. Acompañado por una pequeña y deslumbrante corte (el exquisito figurinista Pepito Zamora, Gloria Laguna, marquesa y mujer de fuste, y la bailarina exótica Tórtola Valencia), gustaba de confundirse, homoerótico y prostibulario, con chulos, hetairas y torerillos en sus nocturnos recorridos por los barrios bajos. El lujo, la decadencia, los placeres prohibidos, la sensación a la par de sensualidad, pecado y misticismo, se mezclaban en él, entre el oropel brillante de sus poses y atuendos, con el arrabal de la torería, el cuplé y los proxenetas”.

Si les cito este fragmento (del imprescindible “Corsarios de Guante Amarillo” de Villena) no es casual. Todo este mundo turbio y de exotismo folclórico al que alude Luis Antonio aparece de forma recurrente en los pequeños relatos, -a veces pretextos para retratar su mundo-, del volumen: Mujeres envueltas en vestiduras imposibles, antros sórdidos habitados por príncipes decadentes y lánguidos jovencitos, ladrones y cantaoras; nubes de opio, venenos varios, aires de Persia y referencias a una religiosidad de tintes místicos.

Todos estos elementos se confunden y se entremezclan en una obra turbadora y lisérgica. Que maravilla recorrer los arrabales de Madrid y el brillo sucio de sus luces nocturnas de la mano de tan insigne anfitrión.

Aquí les dejo un fragmento de “Noche de China” por si les pica la curiosidad. Es el relato que inicia el libro, en el que un viejo caballero decadente en pleno carnaval de Londres sigue a un estrambótico chino y entra en un fumadero de opio donde presencia exóticas danzas orientales y es atacado por unos canallas:

“Ya en la calle, no sé cómo mis pasos me llevaron hacia el Wythe Chapell. La niebla era tan densa que daba la impresión asfixiadora de andar entre algodones. Siluetas confusas flotaban como condensaciones de la niebla que fingían siniestros monjes encapuchados, torturados penitentes de alto capirote, pierrots grotescos, innobles bebés. Mujeronas con ademanes de marimacho y soldados de adamada apostura. De vez en cuando la luz de un reverbero de gas caía sobre los pingajos y era una nota verde rabioso, azul añil o rojo sangre.

De improviso un olor conocido me hizo estremecer. ¡“Noche de China”!... Sí. Era el aroma inconfundible, el aroma a sándalo, a ámbar, a flores marchitas y, ¿por qué no decirlo?, un sutil olor a podredumbre, algo muy vago, muy tenue, pero que yo percibía con toda claridad.

Miré, buscando de donde podría venir, y entonces vi, caminando a algunos pasos delante de mí, un chino, un auténtico chino. ¿Caminando? No; hallábase ante la puerta iluminada de un pequeño pabellón, una puerta de papel miniado como un farol chinesco, y se inclinaba ante mí con mil reverencias y zalameos, invitándome a entrar. Y, cosa rara, mientras la niebla impenetrable borraba todo lo demás, allí se disipaba, y a la luz amarillenta veía yo al chino con sus pantalones de seda azul, su blusa negra y su cara de cera cubierta de innumerables arrugas, entre las que relucían los ojillos negros, menudos y brillantes como los de las ratas.

Entré y sentí la sorpresa de encontrarme en una casa de te, una casa toda colgada de flores y de farolillos de papel, en que una muñequilla, vestida de peregrinas sedas estampadas de dragones como una Hija del Cielo, como una princesa de la dinastía de los Ming, una poupée de ojos oblicuos y boca breve, me brindaba con la delicia de sus gestos menudos unas esterillas, unos cojines de cuero y una pipa.

Por un momento, uno solo, me pareció que las flores eran de papel y la muñeca una prostituta vieja y repintada; pero inmediatamente volví a revivir la prodigiosa “Noche de China”.

Humo. Súbitamente, cuando una laxitud divina me invadía, el humo poblóse de reflejos. Una danza de espadas, de puñales… Hojas azules que lanzaban chispas, que se entrechocaban… Rostros… ¿Eran chinos de cansadas facciones, hombres de Oriente?... Una pausa de lucidez… Los rostros de los hijos del Celeste Imperio me parecían rostros de canallas, maculados por todos los vicios y todas las fatigas; caras de apaches, pálidas, surcadas de hondas arrugas, esas carátulas de goma que venden en los bulevares. Y las gorras de grandes viseras y los pañuelos rojos que rodeaban los cuellos completaban la ilusión siniestra.

La danza de las espadas, de los alfanjes o de los puñales -¿qué era aquello que lanzaba un chisporroteo azul, como si de su cruce y entrechocar surgiesen fuegos fatuos?- proseguía en la niebla, que se iba densando. Mejor que niebla parecía humo, un humo denso y perfumado. Nada faltaba al horror de aquella danza, ni aun siquiera el tragigrotesco espanto de las mascaras horrendas y abrumadoras de la liturgia tibetana. Pero lo más extraño, lo peregrino, era que las mascaras aparecían siempre entre los tapabocas de colorines y las gorras achuladas. Las aceradas hojas rozaban mis carnes; pero mi torpeza era tal, que, cuando trataba de moverme, me hacía la impresión de que mi fatiga se me incrustaba en los brazos y las piernas como si fuesen cortantes ligaduras. Al fin no pude más, y, como en las pesadillas en que caemos al fondo de un abismo, me dejé resbalar inerme en aquel sopor.

A la mañana siguiente –concluyó el señor Heliogábalo- los policemen me recogieron atado, casi desnudo, tirado en el fondo de un horrible callejón sin salida.

Durante un mes bordeé la locura y la muerte”.

lunes, mayo 22, 2006

El Trono del Tercer Cielo

Nuestro encantador invitado de hoy es un curioso artista que, en secreto, se dedicó a construir un trono áureo con restos de basura. Nadie podía imaginar que este amable conserje guardaba en el garaje una obra tan increíble.

James Hampton nació un 8 de abril (como yo) de 1909. Su padre era cantante gospel y predicador. De su vida hay pocas noticias: en 1928 dejaba su residencia en Washington para reunirse con su hermano Lee. Juntos compartían apartamento. Trabajó en un restaurante de comida rápida hasta 1942 que ingresó en las Fuerzas Armadas. Y en 1946 de nuevo en Washington comenzó a trabajar de portero nocturno y alquiló un garaje.

Hasta aquí todo normal. Su hermano falleció en 1948 y él moría de cáncer en 1964. Pero aproximadamente un mes después de su muerte, Meyer Wertlieb, el dueño del garaje, encontró en el interior de la cochera un trono enorme resplandeciente.

Llevaba construyéndolo nada menos que catorce años, con material de deshecho que encontraba: papel de aluminio y papel dorado, muebles antiguos, cartulina, bombillas usadas, trozos de espejo y demás restos reciclados enganchados con pegamento y alfileres.

Había escrito de su puño y letra el título de la obra sobre ésta: “El Trono del Tercer Cielo de la Milenaria Asamblea General de Naciones”, y había añadido las palabras “Fear Not” en el trono central. Muchos de los objetos tenían inscritas citas del “Apocalipsis” bíblico. Los objetos de la parte izquierda estaban hacían referencia al Nuevo Testamento y los de la derecha al Viejo.

Parece ser que este grandilocuente proyecto de Hampton estaba relacionado con ciertas visiones o revelaciones que tenía en sueños que dejaba escritas en cartulinas. También se encontró una libreta a la que había titulado “San Jaime: El Libro de las 7 Dispensaciones” escrito en código y en el que se refería a sí mismo como San Jaime y acababa cada página con la palabra “Revelación”.

Les adjunto algunas fotografías de la obra de Hampton (que a día de hoy se encuentra en el “Smithsonian American Art Museum”). No sé que pensarán de las imágenes pero a mí me emocionan muchísimo, es la obra de un místico, de un genio visionario. Que preciosidad.


viernes, mayo 19, 2006

Harpya, Raoul Servais (1979)

Esta pequeña joya de increíble riqueza visual ganó el premio al mejor cortometraje en Cannes en 1979. Era la primera vez que Raoul Servais se atrevía a mezclar animación con escenas reales: los personajes están filmados en color (con una 35 mm) y los fondos expresionistas son en su mayor parte pintados. El resultado es realmente espectacular y dota de un peculiar ambiente surrealista al film aunque su realización fue muy laboriosa.

Harpya nos ofrece una interesante interpretación sobre el mito de Fineo: Un amable transeúnte durante su paseo nocturno se presta a ayudar a una dama que está a punto de ser estrangulada por un asaltante. Para su sorpresa después de socorrerla advierte que se trata de una verdadera Harpía, pero eso no impide llevársela a su casa para cuidarla. Aquí comenzará el suplicio del pobre enamorado, ya que la bestia -mitad mujer mitad pájaro- engulle con ansia cualquier alimento que encuentra, incluso las frutas pintadas de los bodegones. Mientras él desfallece de hambre se establece entre ellos un clima de desconfianza en el que se vigilan continuamente, hasta el punto que la Harpía acaba devorando sus piernas para impedir que escape. En un breve descuido en el que la seduce con la música de un gramófono aprovechará para escapar, aunque no llegará muy lejos y el cortometraje acaba de igual forma que empieza, con otro caballero socorriendo al monstruo…

Harpya es un relato fantasmagórico y una historia de horror psicológico sobre el servilismo y la esclavitud del amante, desarrollados de forma poética. La metáfora es obvia, representando la mujer el egoísmo y la avidez sin límites. En este cuento no hay posibilidad de escape, ya que la sociedad se divide entre las Harpías y los cautivos, todos ellos relativamente cómodos en su rol hasta que su relación inevitablemente se rompe.

Aquí les dejo a la Bella monstruosa. No la alimenten demasiado:


jueves, mayo 18, 2006

Motorcycle Funerals

Si hace poco les ofrecía la oportunidad de celebrar sus nupcias en una iglesia hinchable ahora les brindo una opción diferente si les preocupa su viaje al más allá.

Con el slogan “For a Dignified Final Ride” esta compañía inglesa les proporciona un último paseo en sidecar a los amantes de las dos ruedas. Y es que el clásico coche funerario ya está muy visto. ¿Qué mejor que sentir la brisa en el trayecto hacia el cementerio en una de las preciosidades que ofrece la web? Si no fuera muy políticamente incorrecto yo optaría por llevar al difunto directamente en el asiento del pasajero, o si esto les parece muy hard, por lo menos hacer una obertura en el ataúd para que pueda disfrutar por completo de este capricho que se permite tan cerca ya de la tumba.

Los de Motorcycle Funerals han pensado en todo, incluso en modelos cubiertos para evitar las inclemencias del tiempo británico. Y es que: que triste imagen aparecer empapado ante amigos y familiares para la despedida final.

Aunque personalmente no me convence mucho esta opción, les dejo el enlace a la página por si se anima algún aventurero.

miércoles, mayo 17, 2006

Relatos de lo Inesperado

Desde tiempos inmemoriales, y si el cansancio me lo permite, antes de dormir leo un fragmento de algún cuento de Roald Dahl. Tienen el maravilloso don de hacerme los sueños mucho más placenteros.

Aunque estaba algo estancada en su universo infantil, con “Relatos de lo Inesperado” he dado el salto a su mundo adulto, con esas historias sádicas y retorcidas llenas de trampas.

Y veo que no soy la única fan de este recién descubierto volumen de Dahl, que tiene muchos amigos. Alfred Hitchcock adaptó para la TV muchos de sus relatos, incluyendo el famoso “Cordero Asado” en el que una esposa despechada asesina a su marido con una pata de cordero que después sirve con sangre fría a los policias colegas del difunto asada con patatas.

Los dieciséis relatos comparten un sutil humor negro y un gusto por lo macabro bastante divertido. La mayoría se centran en las relaciones de pareja, matrimonios mal avenidos en los que uno de los conyuges suele ejercer de torturador psicológico (si tienen problemas de pareja estos crímenes pueden hacerles sublimar algún que otro impulso violento). Uno de mis favoritos es “Edward el Conquistador” que tiene como protagonista a un gato que podría ser la reencarnación de Franz List, aunque el pobre felino melómano acaba quemado en el jardín por el marido, harto de que su esposa tarde en hacer la cena y sólo toque el piano para el gato.

En los 70 se adaptaron para la pequeña pantalla en una serie británica presentada por el propio Dahl que aparecía con talante bonachón en un sofá junto al fuego, presentando estas encantadoras historias con final sorpresa. He conseguido algunos episodios y los estoy viendo estos días encontrandome con alguna celebridad incluida en el cast: Joseph Cotten, Joan Collins, Susan George, etc.

Una delicia.

Para acabar les dejo este fragmento de una de las historias más adaptadas del libro, “Hombre del Sur”, que Hitchcock filmó en su “Alfred Hitchcock presenta” y Tarantino homenajeó en “Four Rooms”:

-¡Oiga, oiga, espere un momento! –El chico se recostó en la hamaca y sonrió-. No puedo consentir que apueste eso, es una locura.

-No es una locura. Usted enciende su mechero y el Cadillac es suyo. Le gustaría tener un Cadillac, ¿verdad?

-Claro que me gustaría tener un Cadillac. –El cadete seguía sonriendo.

-De acuerdo, yo apuesto mi Cadillac.

-¿Y qué apuesto yo? –preguntó el americano.

El hombrecillo quitó cuidadosamente la vitola del cigarro todavía sin encender.

-Yo no le pido, amigo mío, que apueste algo que esté fuera de sus posibilidades, ¿Comprende?

-Entonces, ¿qué puedo apostar?

-Se lo voy a poner fácil. ¿De acuerdo?

-De acuerdo, pongamelo fácil.

-Tiene que ser algo de lo cual usted pueda desprenderse y que en caso de perderlo no sea motivo de mucha molestia. ¿Le parece bien?

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, el dedo meñique de su mano izquierda.

-¿Mi qué? –dejó de reír el muchacho.

-Sí. ¿Por qué no? Si gana se queda con mi coche. Si pierde, me quedo con su dedo.

-No le comprendo. ¿Qué quiere decir quedarse con mi dedo?

-Se lo corto.

-¡Rayos y truenos! ¡Eso es una locura! Apuesto un dólar.

martes, mayo 16, 2006

Edward Mordake y su gemela diabólica

En “Anomalies and Curiosities of Medicine” leo este precioso cuento de un joven atado al bello rostro de su hermana diabólica:

“Una de las historias más raras así como de las más melancólicas de la deformidad humana es la de Edward Mordake, quien iba a ser el heredero de una de las familias más nobles de Inglaterra. Sin embargo nunca reclamó el título y se suicidó a los veintitrés años. Vivía en un retiro absoluto, evitando las visitas incluso de los miembros de su familia. Era un joven de grandes conocimientos, un buen estudiante y un músico de rara habilidad. Su figura era remarcable por su gracia natural, y su rostro –su rostro natural- era como el de Antinoo. Pero en la parte de atrás de su cabeza había otra cara, la de una chica muy guapa, “adorable como un sueño, atroz como un demonio”. El rostro femenino era una mera máscara, “ocupando sólo una pequeña zona de la parte posterior del cráneo, aunque mostrando signos de inteligencia de aire maligno”. Se la había visto sonriendo y burlándose mientras Mordake lloraba. Sus ojos seguían los movimientos del espectador, y sus labios se movían sin cesar. La voz era inaudible pero Mordake aseguraba que durante la noche no podía conciliar el sueño debido a los odiosos susurros de su “gemela diabólica” como él la llamaba, “que nunca duerme, pero que me habla de tales cosas de las que sólo se oyen en el infierno. La imaginación no puede concebir las tentaciones espantosas en las que me envuelve. Por alguna imperdonable maldad de mis antepasados estoy cosido a este demonio – porque estoy seguro que es un demonio. Yo ruego y suplico para que lo eliminéis del mundo, aunque yo muera”. Estas eran las palabras del desventurado Mordake a Manvers y Treadwell, sus médicos. Aunque lo vigilaban constantemente consiguió procurarse veneno, debido a lo cual murió, dejando una carta en la que pedía que la “cara demoníaca” fuera destruida antes de su funeral, “para que no continuase con sus espantosos susurros en la tumba”. Por petición propia fue enterrado en tierra baldía, sin ninguna lápida o marca que dejara constancia de su tumba”

Tom Waits le dedicó una de las canciones que realizó junto a su mujer Kathleen Brennan para el montaje de Robert Wilson de la obra "Alice", inspirado en el País de las Maravillas. Les dejo este enlace a la letra de la canción por si sienten curiosidad.

lunes, mayo 15, 2006

De lo Fantástico Visionario (V): El Teatro Trágico de Monsù Desiderio

La primera vez que tuve contacto con la figura de Monsù Desiderio fue en la estupenda exposición que se organizó en el CCCB en el 2003: “La ciudad que nunca existió. Arquitecturas fantásticas en el arte occidental” sobre arquitecturas imaginarias de desde la época romana hasta la actualidad.

Los espacios fantasmales, un escape para la imaginación, que creaba el pintor napolitano me sedujeron muchísimo pero cuando intenté buscar información sobre el artista no encontré nada, el vacío más absoluto. Apenas hay un catálogo bastante mal documentado sobre Desiderio de una exposición monográfica que se hizo de su figura en Metz el año pasado.

Lo que se conoce de él es esto: Al parecer los cuadros que se conservan con su firma pertenecerían a dos artistas diferentes del siglo XVII procedentes de Lorena que trabajaban en el mismo taller napolitano. Didier Barra, un pintor bastante convencional que hacía principalmente panorámicas de Nápoles por un lado, y los caprichos arquitectónicos de François de Nomé por otro, caracterizados por una acumulación de elementos decorativos y una imaginación desmedida.

François de Nomé sería pues el artista enigmático de escenarios apocalípticos. Les adjunto algunas de sus obras que en mí provocan un auténtico síndrome de Stendhal. La mayoría de estos artificios extraños son ventanas a una pesadilla sensual, el telón de fondo de nuestros miedos y nuestras conquistas.

Edificios inexistentes que a menudo aparecen sumergidos en el caos, azotados por los elementos: temblores de tierra, incendios… Sus habitantes, si es que los hay, aparecen diminutos al lado de las arquitecturas desmesuradas; y las galerías, escaleras, columnas salomónicas, esculturas, inundan el espacio en un horror barroco.

Una puerta al fin del mundo. No hay lugar para el reposo, ni los cuadros de Desiderio son terrenos habitables, son estancias en las que uno no debe estar, evocadas desde el sueño pero inapropiadas para la vida. Uno se sofoca ante sus excesos, ante sus rincones oscuros que parecen poseídos por alguna maldición.

Laberintos de la mente, teatros para nuestras fantasías… ¿Quién no ha deseado perderse en el límite entre el interior y el exterior?

Más mundos fantásticos:

De lo Fantástico Visionario (IV): “Edipo y la Esfinge” de Gustave Moreau.

De lo Fantástico Visionario (III): Peter Milton. Proyecciones de un pasado perdido.

De lo Fantástico Visionario (II): Virgil Finlay. Ilustrando los Horrores de Lovecraft.
De lo Fantástico Visionario: La Isla de los Muertos (no se pierdan la fantástica reseña del cuadro de Böcklin en Días del Futuro Pasado)

viernes, mayo 12, 2006

Diálogos que me dejaron KO: “Cuando Ruge la Marabunta”

Muchos debimos ser los que quedamos traumatizados con este diálogo entre Christopher Leiningen (Charlton Heston) y (Joanna Leiningen) Eleanor Parker en “Cuando Ruge la Marabunta” ya que (y con el post ya preparado) la semana pasada leía sobre esta misma escena en otro blog.

La película bien podría haberse llamado “Cuando ruge Charlton Heston” ya que el actor, perpetuamente cabreado, se pasa todo el metraje sobreactuado en exceso a punto de devorar a la bellísima Eleanor (como me gustaba en Scaramouche). Y es que estas historias ambientadas en la selva siempre servían de excusa para que las pasiones se desatasen, incluso provocando terribles catástrofes naturales.

Pero les poco en antecedentes sobre el argumento por si no la han visto: Christopher Leiningen (Charlton Heston) es el propietario de una inmensa plantación en América del Sur. Se ha casado por poderes con Joanna (Eleanor Parker) y ella llega a la hacienda dispuesta a entenderse lo mejor posible con su histérico marido que a su edad aún no ha conocido mujer. Mientras surge el aviso de que se acerca una enorme colonia de hormigas gigantes que arrasarán todo a su paso, el matrimonio no deja de aprovechar la menor ocasión para demostrar las ganas que tienen de irse de una vez a la cama, discutiendo acaloradamente, por supuesto. Y aquí llegamos al momento que Leiningen descubre que su mujer no es virgen y ocurre la famosa secuencia del piano que les reproduzco a continuación (que demuestra que, definitivamente, él no tiene la menor idea de música):

-¿Quiere usted que hablemos en francés?

-Yo no hablo francés. Simplemente quise averiguar si es la eminencia que mi hermano describía.

-Sí. (Enfadada) ¡Una mujer hecha a su medida! Domino varios idiomas, toco el piano, mi conversación es inteligente y mis dientes perfectos. ¿Quiere usted contármelos también? ¿No es eso lo que se hace con los caballos? ¡Se les miran los dientes! ¡Por fortuna no me falta ninguno!

-Ni mal genio tampoco.

-Sí, ya lo sé. A usted no le gustan las mujeres con mal genio.

-No me asustan. Yo lo tengo mucho peor.

-¿Quien lo iba a imaginar?

-Es usted una mujer excepcional: inteligente, bonita, sin embargo debe de tener algún defecto. No voy a tener la suerte de encontrar una mujer perfecta sin salir de la selva. Todo el mundo tiene defectos.

-Ah… Creí que no le gustaba, que le había decepcionado… Lo que tiene es miedo de mí.

-¿Usted cree?

-Ansía descubrir en mí un defecto, algo que desmerezca en su opinión.

-Conoce bien a los hombres.

-Quiere completar su obra con una mujer a tono con el resto de su mobiliario, traído por el río con enormes dificultades para alimentar su vanidad y que las termitas no se lo arrebaten. Era esa la clase de esposa que exigía. Ahora me encuentra a mí y le inspiro miedo.

-Insisto en que conoce bien a los hombres.

-Mejor que usted a las mujeres.

-¿Dónde lo aprendió? ¿De qué hombre? ¡He puesto el dedo en la llaga!, ¿verdad? ¿Ha pertenecido a otro?

-Estuve casada. ¿No se lo dijo su hermano?

-No. Eso me lo ocultó. Me refirió todos los pormenores, su vida entera, todo menos eso.

-No es mía la culpa. Fue un olvido involuntario. Le advertí que se lo dijera.

-Quizás mi hermano me conoce mejor de lo que yo creía. ¿Cuánto tiempo estuvo casada?

-Casi un año. Se mató.

-¿Cómo?

-Bebía. Era muy alegre, muy simpático y muy borracho. Y una noche salió a caballo más alegre y también más borracho que nunca. Su hermano me dio dinero para pagar sus deudas.

-Sería un pobre inútil.

-Era el hombre más bueno que he conocido.

-Un hombre débil al que no quería.

-Sí le quería.

-¿Cuántos más se han cruzado en su vida?

Ella calla.

-Señora… Ha visto usted mi casa, tardé siete años en construirla, un auténtico milagro en el corazón de la selva. La gente se reía de mí, de mi afán por conseguirla, pero yo no hice caso, quería rodearme de las cosas hermosas de la vida. Crear una familia y poder ofrecerle una casa de la que me sentí siempre orgulloso, en unas tierras que arrebaté a la selva y al río sólo con mi voluntad. ¡La única exigencia que yo imponía era que todo cuanto subiese por el río fuese nuevo, que valiera la pena! Por ejemplo, ¡el piano ante el cual se sienta jamás fue abierto por nadie antes de su maldita llegada!

Ella da un golpe a las teclas del piano, se levanta y tras una pausa dice:

-Si usted supiera más de música, se daría cuenta de que un piano suena mejor cuando se ha tocado. Este no es un buen piano…

Y se va.


En anteriores episodios:
Diálogos que me dejaron KO. Espartaco

miércoles, mayo 10, 2006

Todos sabemos lo que se ríe uno con Oliver Twist

Incauta de mí, esta mañana he tenido la ocurrencia de aceptar uno de esos diarios gratuitos que le hacen más ameno a uno el viaje en el tren. Y leo esto:

Literatura para partirse de risa

“Hay personajes, diálogos y situaciones que despiertan en el lector la necesidad de decírselo a todo el mundo sin poder reprimir una carcajada. Si el libro es divertido, la ecuación no falla. 20 minutos ha hecho una selección de las obras más divertidas que se pueden encontrar en las librerías”.

Hasta aquí todo se presenta aparentemente normal: uno de esos artículos de relleno en la sección de cultura. Pero ahora viene lo asombroso, comienzo a leer los títulos incluidos en la lista: que si Buenafuente, el Diario de Bridget Jones, Groucho Marx, etc. Pase que “el Fantasma de Canterville” de Wilde pueda arrancar alguna sonrisa…, incluso que el sarcasmo de “Gargantúa” se pueda incluir entre “las obras más divertidas” pero, ¿esto?:

C. Dickens.- ‘Oliver Twist’: Un huérfano que, vapuleado por la vida, termina en una banda organizada de ladrones.

¿Dónde está la gracia? Me pregunto. Pero, ¿esta señora ha leído Oliver Twist? (pregunta retórica). Cierto que la banda de pilluelos de la historia le puede hacer sonreír a uno, pero ¡hombre! que es un drama como una catedral.

No debería indignarme, lo sé, debería hacer como si no lo hubiera visto y pasar la página con una sonrisa benévola, pero no lo puedo evitar, este tipo de artículos me irritan sobremanera. ¿Cómo alguien puede recomendar algo que no ha leído? ¿De qué página de Internet habrá sacado estos libros?

Si quiere la próxima vez le ayudo a confeccionar la lista y entre las novelas más hilarantes además de “Oliver Twist” y, (¿por qué no? ya que estamos con Dickens) “Tiempos difíciles”, incluimos “Cumbres Borrascosas”, las “Confesiones de un inglés comedor de opio” y “Lo que el Viento se Llevó”.

martes, mayo 09, 2006

Carlo Gesualdo, el Príncipe de Venosa.

Ya conocen mi particular pasión por los artistas cuyas excentricidades y almas torturadas a menudo han pasado por encima de sus meritos artísticos. En el caso de hoy, Carlo Gesualdo, uno de los músicos más significativos del Renacimiento italiano, compositor de maravillosos madrigales, se dice de sus creaciones que sólo podía haberlas escrito un psicótico.

Segundo hijo de Don Fabrizio Gesualdo y por lo tanto nacido en una familia aristocrática muy vinculada a la Iglesia, ya sus primeras composiciones de juventud tienen un estilo totalmente nuevo: experimentaba con extrañas armonías cromáticas y giros imprevistos. Escogió poemas llenos de paradojas y de imágenes eróticas y les puso música como en una improvisación inspirada, con la música totalmente distorsionada, escogiendo temas trágicos y buscando siempre lo más espeluznante y grotesco.

Pero Gesualdo fue más conocido en su época por su vida que por sus magníficas obras. En 1586 se casó con su prima Donna Maria d’Avalos, varios años mayor que él y que había estado ya casada en dos ocasiones. Un día Carlo fingió que salía a cazar y cuando volvió a su casa de forma imprevista encontró a su mujer en la cama con su amante: Fabrizio Carafa. Los informes de su venganza abundan en crueldades. Carlo hizo que sus sirvientes les dispararan varias veces y después los destrozaran con la espada, además de mutilar sus genitales mientras él observaba la escena como espectador complacido, incluso colaboró con algún corte. Pero esto no fue suficiente, observando a su pequeño, advirtió que guardaba mucha mayor semejanza con Fabrizio Carafa que con él mismo y mantuvo al niño colgado en la cuna del techo hasta que murió asfixiado.

A partir de aquí y aunque volvió a casarse y tuvo otro hijo, la salud mental del príncipe se fue deteriorando. Se sentía culpable por la muerte de sus dos hijos y se sometía a flagelaciones y prácticas masoquistas para expulsar a los demonios que habitaban en su cuerpo. Además de obsesionarse completamente con la figura de su tío, San Carlo Borromeo, canonizado en 1610. Escribía a menudo al cardenal Federico Borromeo pidiéndole desesperadamente reliquias y retratos del santo.

Carlo murió el 8 de septiembre de 1613, después de una de esas sesiones masoquistas. Según algunas fuentes pudo haber sido asesinado por alguno de esos jóvenes que lo flagelaban. Su novelesca vida podría ser perfectamente el argumento de una película, lo que me extraña es que no la hayan llevado al cine aún.

lunes, mayo 08, 2006

The Black Cat (1934). Edgar G. Ulmer

Uno de mis momentos favoritos en esta maravilla cinematográfica es cuando Hjalmar Poelzig (Boris Karloff) le pregunta a Dr. Vitus Werdegast (Bela Lugosi): “¿No somos ambos los muertos vivientes?”, con la voz distorsionada y la cámara que parece flotar por los espacios abiertos de la casa de Poelzig donde sucede gran parte de la acción del film.

Y es que “The Black Cat” es una película sobre muertos que caminan, sobre seres que sobreviven en un pasado recreado, sobre las ruinas y sobre una gloria efímera que no volverá. No en vano los dos protagonistas de la historia (extraordinario duelo interpretativo de estos dos “monstruos” del terror) son dos perturbados veteranos de la I Guerra Mundial.

La trama (inspirada según indican los títulos de crédito en un relato de Edgar Allan Poe, aunque la influencia es muy leve) incluye una vieja venganza que espera a ser consumada, satanismo, amor necrófilo, una partida de ajedrez en la que está en juego el alma de una doncella, incesto, locura y una referencia constante a la muerte, a la idea de pérdida y al olvido. Todos estos elementos integrados en una puesta en escena expresionista influenciada por los trabajos que Ulmer había realizado en Alemania (trabajó junto a Fritz Lang y Murnau), con el precioso trabajo art-decó que realizó Charles D. Hall en los decorados y la fotografía contrastada en blanco y negro de John Mescall.

Pero volvamos al argumento: En su viaje de novios en tren por Hungría, el escritor americano Peter Alison y su mujer Joan tienen que compartir compartimento con el Dr. Vitus Werdegast. Werdegast les ofrece acercarles en su vehículo pero durante el trayecto sufren un accidente y tienen que refugiarse en la casa ultra moderna del viejo amigo de Werdegast, Hjalmar Poelzig. La casa de pesadilla de Poelzig, arquitecto loco y satanista, fue erigida sobre la tumba de 10.000 hombres que él lideraba y que traicionó en la batalla, y es una alegoría del infierno y también la mente cosificada de Poelzig: un alma de plástico, cristal y ángulos extraños.

Uno de los aciertos de la película es precisamente el escenario elegido, que demuestra una obsesión incesante por los diseños geométricos. Mientras que la mayoría de historias de terror se desarrollan en ambientes góticos y oscuros, Ulmer escogió una arquitectura fría con influencias de la Bauhaus, cuyos ángulos rectos y superficies claras hacen aún más inquietantes los personajes que representan Karloff y Bela. Dentro de este universo simbólico de la casa con vida propia en el que se desarrolla la pesadilla, los elementos que la componen adquieren un especial significado y en la película se hace continuas referencias a las puertas, escaleras, habitaciones subterráneas, espejos… Los personajes aparecen y desaparecen de las salas de la casa de una estancia a otra moviéndose como autómatas en una invasión constante de la intimidad (hay una penetración consciente de forma abrupta en los dormitorios) que inquieta al espectador, y más si pensamos que una de las parejas que aparecen en la narración es el matrimonio Alison, los recién casados que se ven aislados en la casa de Poelzig contra su voluntad sin posibilidad de salir.

Invasión de la intimidad e invasión del mal, “The Black Cat” es también una intrusión y fascinación gradual por el mal, ya que la dama, Joan Alison, no puede dejar de simpatizar y siente una atracción extraña por el Dr. Vitus Werdegast. Y Werdegast, aunque hace en cierto modo el papel de “héroe” en realidad es un personaje muy ambiguo con multitud de aristas: acude después de quince años recluido en una prisión de Rusia para vengarse de Poelzig quien le traicionó para casarse con su esposa que murió al poco tiempo (y después con su hija, Karen, que vive en la casa como un espectro o muñeca perfecta). Hay en Werdegast un cierto placer por consumar la venganza y se establece una lucha mental entre él y Poelzig, un duelo de poder en el que no hay vencedor posible, ya que esta es una película sobre vencidos y derrotas.

Pero no quiero desvelar todos los entresijos de la trama. Para acabar con la larguísima reseña les cuento un par de detalles anecdóticos sobre lo esotérico que han llamado mi atención, y les recomiendo muchísimo la película si no la han visto:

-Lo primero, si no lo han intuido ya, es que el personaje del mago satánico Hjarmal Poelzig es una caricatura de Aleister Crowley y al parecer el argumento de “The Black Cat” está extraído de un incidente real. En 1923, una mujer llamada Betty May Loveday fue con su marido a estudiar la doctrina de Crowley junto al mago a Italia. Por lo que se ve, la ceremonia satánica que se describe en la película coincide a la perfección con la descripción de los ritos que hizo el matrimonio de los ritos en que habían participado.

-Lo segundo es que el personaje de Hjarmal Poelzig es también un homenaje a Hans Poelzig, ingeniero y arquitecto con quien Ulmer había trabajado en Alemania. El Poelzig real había diseñado y construído los sets de rodaje para la película de Paul Wegener “Der Golem, wie er in die Welt kam”. Ulmer estaba empleado como operario en el mismo rodaje y quedó impresionado por las teorías del arquitecto: Poelzig diseñaba sus edificios de acuerdo con principios mágicos en un esfuerzo para tomar contacto con lo que el llamaba “El Otro”, un mundo espiritual neoplatónico. La cita en el nombre de uno de sus protagonistas que además es también arquitecto es un homenaje a este diseñador que apadrinó a Ulmer en sus primeras películas.

viernes, mayo 05, 2006

El síndrome Klüver-Bucy.

Vuelve una de mis secciones favoritas, la de los síndromes extraños o poco habituales. Hoy, con el síndrome Klüver-Bucy:

Se trata de un desorden de comportamiento en el quien lo padece se lleva continuamente objetos a la boca (lo que se llama hiperoralidad) y su conducta sexual se ve alterada adquiriendo un comportamiento poco común: aumenta la actividad autoerótica (pueden tocarse o lamerse en público o intentar practicar sexo con objetos inanimados), aparece la tendencia a tener impulsos sexuales incontrolados, escogiendo de forma aleatoria el sujeto… También produce en el individuo un interés hacia cualquier estímulo visual, provocando una propensión a tocar todo tipo de objetos sin distinguir entre los que pueden ser peligrosos o no.

La causa es una atrofia en los lóbulos temporales del cerebro. El síndrome toma el nombre de Heinrich Klüver y Paul Bucy que extrajeron los lóbulos temporales a varios monos para determinar la función de esta parte del cerebro. Los monos desarrollaron agnosia visual (incapacidad de reconocer los objetos visualmente), cambios emocionales y el comportamiento sexual alterado que he descrito arriba.

Al parecer es un síndrome bastante poco frecuente…

Anomalías anteriores:

Fish Odour Syndrome
El Síndrome del Acento Extranjero

El Síndrome Capgras
El Síndrome Dr. Strangelove
¿Are you dead? El Síndrome de Jules Cotard

jueves, mayo 04, 2006

Autómatas: Apega

Después de leer el estupendo “Juego y Artificio. Autómatas y otras ficciones en la cultura del Renacimiento a la Ilustración” de Alfredo Aracil, ando más obsesionada que nunca con el mundo de los autómatas y los artificios mecánicos a los que dedicaré unas cuantas entradas del blog.

Para empezar, una historia sobre extorsión y dobles. Polibio en “Historia de la dominación romana” dedica uno de sus capítulos a Nabis, tirano de Esparta, que tenía una forma muy peculiar de cobrar sus deudas: se había hecho construir una máquina en forma de mujer, con clavos en su pecho y sus brazos. Tal y como nos cuenta Polibio, si alguien se negaba a pagarle aparecía la autómata y le daba un abrazo mortal:

“Aparte de esto, construyó una máquina, si merece tal nombre, que representaba una mujer adornada de ricos vestidos, y muy parecida en el rostro a su mujer propia. Cuando quería exigir dinero de algún ciudadano, le llamaba, le hacía un largo y afable razonamiento, exponiéndole el peligro que amenazaba a Esparta y al país de los aqueos, haciéndole ver el número de extranjeros que mantenía para seguridad del Estado, y los gastos que tenía que efectuar en el culto de los dioses y en el bien público. Si se convencía por estas razones, esto le bastaba para su intento. Mas si rehusaba obedecer al mandato, le hablaba en estos términos: “Ya que yo no valgo a persuadiros, pienso que os persuadirá Apega” (así se llamaba su mujer). Lo mismo era decir esto, que al punto aparecía la figura que hemos mencionado.

Nabis, cogiéndola de la mano por obsequio, la levantaba del asiento y hacía que asimismo el infeliz la abrazase y se fuese poco a poco acercando al pecho del ídolo, cuyos brazos, manos y pechos se hallaban erizados de puntas de hierro cubiertas bajo el vestido. Cuando el tal tenía echadas las manos por la espalda del simulacro, entonces el tirano, tirando por ciertas máquinas, le iba arrimando y estrechando despacio contra los pechos de la mujer, y así le obligaba a decir cuanto quería. De este modo, murieron muchos que rehusaron condescender con lo que pedía”.

miércoles, mayo 03, 2006

Timm Thaler

Hoy les dejo de regalo la banda sonora de la serie de TV alemana de los 70 Timm Thaler, que compré hace algún tiempo en Movie Grooves (web en la que junto a Dusty Groove invierto todos mis ahorros musicales).

El argumento de la serie de éxito alemana trataba de un adolescente (Timm) que vendía su contagiosa risa al diabólico Barón Lefuet. Aunque el Barón cumplía a cambio todos sus deseos y le concedía el don de ganar cualquier apuesta, Timm pronto se daba cuenta de que la vida era muy aburrida sin la risa y los siguientes veinticinco episodios de la serie los pasaba intentando recuperarla. Esta atractiva historia mefistofélica basada en una novela de James Kruess era la premisa de la serie, y por lo que he podido averiguar se puede encontrar por Internet para descargar pero aunque me moría por verla no me he atrevido porque sólo está en alemán y sin subtítulos.

Les dejo, eso sí, la banda sonora compuesta por Christian Bruhn, en la que colaboran músicos conocidos como Kristian Schultze o Sigi Schwab. Hay temas más cercanos al rock progresivo, otros disco y otros más próximos al jazz-rock con el sonido característico del órgano que acompaña toda la banda sonora. El tema que da nombre al álbum y a la serie es precioso, con un leitmotiv melancólico que se repite de forma obsesiva y no le abandona a uno en todo el día.

Aquí tienen el enlace de rapidshare para descargar.

viernes, abril 28, 2006

Visiones apocalípticas de Alexander Scriabin.

Alexander Nikolayevich Scriabin nació en Moscú una Navidad de 1872 y murió durante la Pascua de Resurrección de 1915, aunque ignoro si esta curiosidad en las fechas fue lo que le llevó a escribir en uno de sus secretos diarios filosóficos “Yo soy Dios”.

Afamado pianista en vida, a pesar de sus manos que eran demasiado pequeñas para ejecutar algunas piezas, su proyecto más ambicioso era desarrollar un trabajo multimedia en el Himalaya que trataría sobre el Armageddon.

La teoría del Superhombre de Nietzsche y la teosofía de Mme. Blavatsky le habían influido muchísimo en su obra y en su concepción musical (incluso fue a Londres a visitar la habitación en que Helena Blavatsky murió). Dane Rudhyar, teosofista y compositor, escribió que Scriabin fue "el gran pionero de la nueva música del renacimiento de la civilización occidental, el padre de la música del futuro".

Pero vuelvo a su proyecto megalómano en el Himalaya que nunca logró concluir: La pieza iba a llamarse “Mysterium” y se representaría durante siete días, emulando la creación del mundo, en las faldas de la montaña. Según Scriabin se trataría de "una grandiosa síntesis religiosa de todas las artes que anunciaría el nacimiento de un nuevo mundo". Después de su ejecución el mundo se disolvería en éxtasis.

La representación incluiría música, olores y danza: unas campanas suspendidas de las nubes convocarían a los espectadores, los preludios serían como sonrisas y las codas como puestas de sol. Habría llamas en forma de rayos de luz, lenguas de fuego, perfumes que se esparcirían en el aire…

Todo este complejo montaje proviene de la teoría de Scriabin de que la música no es “solo” música. Scriabin creía en la idea de “Obra de Arte Total” que había asimilado de Wagner y buscaba una simbiosis entre filosofía, religión y arte que a través de la música produciría el éxtasis. A través de sus ritos musicales quería recuperar la historia antigua del poder mágico. Habitualmente para sus composiciones musicales no sólo requería el aparato orquestal, sino que utilizaba proyectores que reflejaban unos colores que el había predeterminado y que estaban en sincronía con la música. En sus partituras había un apartado especial para sus “Luces”. Además de toda la parafernalia que había ideado para su obra magna el “Mysterium”.

Lástima que se quedara en una utopía y que nunca llegara a realizarse.

jueves, abril 27, 2006

De lo Fantástico Visionario (IV): “Edipo y la Esfinge” de Gustave Moreau.

Cuando inicié esta sección dedicada a las representaciones de “lo fantástico” tenía claro que incluiría a Gustave Moreau en ella, por ser uno de mis artistas favoritos y también por haber sido polémico en su tiempo por sus temas poco habituales. Su mundo está poblado de seres y criaturas fascinantes con una cierta predilección por lo monstruoso y la belleza de lo extraño. Entre sus galerías de Salomés, jóvenes andróginos, unicornios y demás bestias se me hizo difícil escoger sólo uno entre ellos, al final me decidí por este “Edipo y la Esfinge” aunque con pena por haber dejado fuera al resto de prodigios e invenciones bárbaras:

Moreau presentó “Edipo y la Esfinge” en el Salón parisino de 1864, representando en el óleo el enfrentamiento entre el joven tebano y el monstruo de cabeza femenina de quien nadie lograba escapar vivo a sus enigmas.

El famoso acertijo (¿qué ser es el que anda de mañana a cuatro pies, a mediodía con dos y por la noche con tres?), fue resuelto correctamente por Edipo tras lo cual la esfinge, furibunda, se suicidó, salvándose así Tebas de su yugo. Como consecuencia, Edipo fue nombrado rey casándose con la viuda de Layo, Yocasta, su madre… pero esta historia ya la conocen bien, el señor Freud se encargó de hacerla célebre.

El cuadro expone la atracción magnética entre sus miradas, la dominación del viajero sobre la esfinge alada, todo ello con una fuerte carga sensual, con la esfinge encaramada a su cuerpo, acariciando con sus garras el muslo de Edipo, traspasando la distancia permitida entre el hombre y la bestia.

Los parisinos que se acercaron ese año al salón quedaron hechizados por la extraña perversidad de la obra, pero también un poco escandalizados. Edouard Schuré le dedicó estas líneas en su libro “Précurseurs et révoltes” de 1904:

“Apoyado en su lanza, la espalda en la roca, un pie al borde del abismo, el atleta pensador, delgado y musculoso, está en coloquio con la Esfinge. Pues es una Esfinge hembra la que ha concebido la leyenda tebana. Se ha subido a él. Sus garras traseras se enganchan a sus muslos, sus garras delanteras surcan su pecho. Su grupa de leona se arquea, sus dos alas se yerguen, su seno de mujer apunta al corazón del héroe, y su perfil fugitivo, irónico, agresivo, le interroga, le plantea la cuestión. Lleva una corona. Pues, desde tiempos inmemoriales, la Naturaleza temible, seductora, insondable, es la reina del hombre. De todos aquellos a los que ha dicho “¿cuál es la palabra de mi enigma?”, nadie ha sabido responder. A todos les ha destrozado y han caído al abismo. Pero Edipo, a su máscara terrible, a su mirada aguda, responde: “¡La palabra de tu enigma es el hombre, soy yo! Yo te llevo en mí mismo con un dios además: mi conciencia y mi voluntad. Con este dios te mido desde la grupa a la cabellera y desde los ojos al fondo de las entrañas.
Y la Esfinge, vencida por el Hombre, no tiene más que arrojarse a su abismo. Así la Naturaleza, penetrada en la jerarquía de sus fuerzas, es vencida por el Hombre que la resume y la sobrepasa con el pensamiento. He aquí lo que dice Edipo de Moreau con la limpidez incisiva de un bajorrelieve antiguo”.

La interpretación de Schuré es en clave psicológica, viendo en la Esfinge el reflejo del espejo de Narciso, el monstruo con el que se enfrenta el hombre al mirarse de frente y su propio enigma. Lo cierto es que este tema de la Esfinge obsesionó a Moreau durante toda su carrera, fue uno de las más recurrentes en su producción: “Edipo viajero”, “Mujer en una gruta”, “Esfinge roja”… Tal vez sabía que podía vencerla, adivinando la pregunta que se escapaba de sus labios de fresa, pero saberse vencedor no le hace a uno feliz.

Más mundos fantásticos:

De lo Fantástico Visionario (III): Peter Milton. Proyecciones de un pasado perdido.
De lo Fantástico Visionario (II): Virgil Finlay. Ilustrando los Horrores de Lovecraft.

De lo Fantástico Visionario: La Isla de los Muertos (no se pierdan la fantástica reseña del cuadro de Böcklin en Días del Futuro Pasado)

miércoles, abril 26, 2006

Meme: Los Libros Imposibles

El señor Illuminatus me pasa un meme concebido en alguna vespertina hora diabólica sobre 5 libros "imposibles" con autores improbables que surjan de nuestra retorcida imaginación. Con el reto, dificilísimo, de superar su ácida selección me pongo a ello:

Ser Republicano y Español”. Yo ni siquiera celebro los Reyes Magos. –Jaime Peñafiel-

Viajar es un placer”. Folleto promocional para los usuarios de Cercanías RENFE. - Juan Javier Pérez Sanz. Director General de Servicios de Cercanías y Media Distancia -

Libro del Buen Hacer. Tenga siempre una palabra amable para el prójimo”. –Fernando Fernán Gómez-

Fuego en el cuerpo”. Tras la cámara. Comentarios sobre el calamitoso rodaje de El coloso en llamas. - John Guillermin y Paul Newman-

La Conspiración de los santos Pedro y Pablo”. Descubra la verdadera intriga que hay tras la muerte de Jesús de Nazaret. –Este lo puede escribir cualquiera y además se asegura una buena jubilación-

Lo siento, pero mi ingenio no da para más a estas horas.

Le paso el meme a Pussy, Higronauta, Jon , XTN y Noemí.

martes, abril 25, 2006

Hombres Lobo (III): Una loba

“En el número de octubre de 1977 de The American Journal of Psychiatry, Harvey A. Rosenstock y Kenneth R. Vincent publicaron el caso de una mujer de 49 años que se creía un lobo y que cada vez con más frecuencia mostraba un comportamiento propio de tal animal. Contaba que, bajo la normal apariencia de una mujer que llevaba veinte años de feliz matrimonio, sentía la irresistible necesidad de satisfacer unos terribles apetitos bestiales. Sus fantasías eróticas frecuentemente giraban en torno a mantener relaciones con otras mujeres en perversas orgías. El lobo era una figura constante en sus fantasías, podía sentir su mirada hipnótica que la atraía con fuerza y su aliento caliente sobre el cuello por las noches. Tal era su obsesión, que después de un tiempo empezó a “sentirse como un animal con garras”. No pudiendo reprimir sus pulsiones, pronto fue dominada por la pasión del lobo. Desnuda y a cuatro patas había llegado a insinuarse sexualmente a su propia madre. La siguiente tarde, después de hacer el amor con su marido, sufrió un violento ataque de dos horas de duración durante las cuales gruñó y desgarró las ropas de la cama con sus uñas. Explicaba después que el demonio “había entrado en ella y la había hecho convertirse en un animal”. Recibió tratamiento farmacológico y psicoterapia. Durante las tres primeras semanas siguió sufriendo ataques, en los que decía que por las noches se convertía en un lobo con garras, colmillos y todo el cuerpo cubierto de pelo. Decía que seguiría rondando por la tierra después de la muerte, sentía necesidad de matar y un fuerte deseo sexual. Veía la cara de un lobo en vez de la suya cuando se miraba a un espejo, y hacía ruidos animales. Después de un período de mejoría recayó durante la luna llena. Decía que debía rondar por los cementerios para encontrarse con “un hombre alto y oscuro”. Tras nueve semanas de internamiento fue dada de alta con tratamiento farmacológico”.

Extraído de “Seres Extraordinarios. Anomalías, Deformidades y Rarezas Humanas”, de Manuel Moros.

Aullidos anteriores:

Hombres Lobo (II): Jean Grenier. El Niño Licántropo
Hombres Lobo. Peter Stubbe

lunes, abril 24, 2006

Diálogos que me dejaron KO : Espartaco

Inicio sección dedicada a diálogos censurados, subidos de tono, con dobles o múltiples lecturas, en definitiva, esos fragmentos de conversación en los que te preguntas: ¿De verdad están diciendo lo que yo creo? Diálogos completamente desatados. Y para estrenar espacio he escogido un auténtico clásico, el intercambio de opiniones en Espartaco entre Marcus Licinius Crassus (Laurence Olivier) y Antoninus (Tony Curtis) en el baño. Este fragmento se recortó al reestrenarse la película en 1967 y no se restauró hasta 1991 cuando se recuperaron 23 minutos de la proyección original, que incluían secuencias de batallas violentas y el famoso diálogo sobre los caracoles y las ostras:

-Trae ese taburete Antoninus. Ponlo aquí. Así está bien… ¿Robas Antoninus?

-No. Amo.

-¿Mientes?

-No, si puedo evitarlo, amo.

-¿Has deshonrado alguna vez a los dioses?

-No, amo.

-¿Te abstienes de los vicios por respeto a las virtudes morales?

-Sí, amo.

-¿Comes ostras?

-Cuando puedo amo.

-¿Comes caracoles?

-No, amo.

-¿Consideras que comer ostras es moral y comer caracoles inmoral?

-No, amo.

-Por supuesto que no. Sólo es cuestión de gusto, ¿verdad?

-Sí, amo.

-Y el gusto no es lo mismo que el apetito. Y por lo tanto no es una cuestión de moralidad, ¿verdad?

-Se podría decir así, amo.

-Ya está bien Antoninus (Crassus le indica que ya está listo)… Mi ropa, Antoninus… (Crassus sale del baño). Mi gusto incluye tanto a los caracoles como a las ostras… (Crassus se acerca al balcón). Antoninus mira. Al otro lado del río hay algo que debes ver. Aquello es Roma. Aquel es el poder que domina el mundo como un coloso. Ningún hombre resiste a Roma. Ni la vence ninguna nación. ¿Crees que podría un muchacho? Sólo hay una forma de tratar con Roma, debes servirla, debes humillarte ante Roma, debes arrastrarte a sus pies. Y sobre todo amarla ¿No es cierto Antoninus? (Crassus se vuelve y Antoninus se ha marchado). ¡Antoninus!… ¡Antoninus!…

viernes, abril 21, 2006

Inflatable Church

Para que luego digan que en Internet no se encuentran cosas útiles. Sin ir más lejos ayer me encontré con esta valiente iniciativa para quienes tienen cierta prisa en casarse. Si en la iglesia no consiguen fecha para la ceremonia que tanto esperan no se preocupen, para eso se ha inventado la Iglesia Hinchable.

Imagino que venderán también algún inflador para ayudar a los pulmones en tal ardua tarea, lo que es cierto es que es un invento bien práctico y confortable. Con sus torres hinchables, su órgano hinchable, el altar, pulpito, candelabros, una cruz dorada hinchable… en definitiva, todos los detalles que harán aún más bonito ese día.

Miren sino que aura de felicidad parece invadir a los invitados, la luz celestial está ahí dentro, ejem, sí, entra por las falsas ventanas de plástico.

Me encanta una de las frases que aparece en la página: ¡No hay problema con los tacones!

jueves, abril 20, 2006

Arquitecturas Imposibles: El Elefante de Charles Ribart

Curioseando en la Wikipedia he encontrado este proyecto quimérico de Charles Ribart, arquitecto francés del siglo XVIII que diseñó este edificio con forma de elefante.

Hay pocos datos en la página, apenas que fue en 1758 cuando planeó el paquidermo artificial que pensaba ubicar adjunto a los Campos Elíseos, justo donde ahora se encuentra el Arco de Triunfo. Consistía en tres niveles a los que se accedía por una escalera de caracol interna, como se puede observar en el plano seccional del edificio. Uno de los aspectos más divertidos es que ¡incorporaba un surtidor de agua en la trompa!

Lástima que no encuentre mucha más información sobre el arquitecto, pero voy a remover en mis libros de Arquitectura y Urbanismo a ver si encuentro más datos.

En la misma entrada de la enciclopedia hay también un enlace a “Lucy, the Elephant” otra construcción elefantiásica hecha de hojalata y madera y que se encuentra en New Jersey diseñada por James V. Lafferty (al parecer todo un especialista en crear edificios con forma de elefante), pero no tiene tanto encanto como el proyecto de Ribart.

Aunque les dejo aquí el enlace por si sienten curiosidad.

miércoles, abril 19, 2006

Münchhausen, Josef von Báky (1943)

Hace poco tuve ocasión de volver a ver esta versión de las aventuras del soldado dieciochesco Barón Karl Friedrich Hieronymus von Münchhausen. Eclipsada por la atractiva producción de Terry Gilliam de 1988, esta película tiene para mí mucho más encanto, en parte por su delirante tono surrealista, sus pretensiones épicas y por una puesta en escena en la que destacan los decorados coloristas y el barroquismo del vestuario y la decoración.

Parte del olvido de Münchhausen se debe a que fue un film comisionado por Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, para levantar el espíritu de los alemanes en el 25 aniversario de los estudios UFA. El rodaje fue muy costoso, siendo la primera película rodada en color en Alemania, incorporando el sistema Agfacolor y unos efectos especiales innovadores para la época diseñados por Konstantin Irmen-Tschet (quien había trabajado para Fritz Lang en Metrópolis) además de incluir localizaciones en Venecia.

La trama es una sucesión de aventuras y escenarios que nos transportan de una región de maravillas a otra sin pausa: así vemos al Barón disfrutando de la corte de la zarina Catalina la Grande, convertido en el entretenimiento preciado del sultán turco Abdul Hamid, raptando a Isabella d’Este de un harén y viajando desde Venecia a la luna en globo en un homenaje al corto de Méliès. Asimismo en sus fabulosos viajes se encontrará con varios personajes famosos: como el conde Cagliostro, quien le concede la eterna juventud y un anillo con el que puede hacerse invisible durante una hora, y con el ya maduro Casanova, con quien puede rivalizar en conquistas amorosas.

Armarios que se abren y dejan salir pantalones y camisas que vuelan libremente por la habitación, un criado que es capaz de recorrer la distancia entre Turquía y Austria en una hora con tiempo para hacer una cabezadita… El realismo mágico está presente durante toda la película, consiguiendo un recorrido extravagante por tierras de prodigios que no dan tregua a la imaginación del espectador.

Münchhausen es una excelente película de aventuras con un cierto tono nostálgico que se percibe en la narración en primera persona del propio Barón (que explica sus hazañas como si perteneciesen a uno de sus antepasados para no revelar su condición inmortal). Es en fin una celebración de la vida y de la participación entusiasta en cada pequeño acontecimiento de esta, nos habla también de la fe en la fantasía y de cómo la historia más absurda puede encerrar una verdad rotunda.

Les dejo que la descubran.

martes, abril 18, 2006

El cinematográfico final de Humberto I de Italia

El de la foto es Humberto I de Italia, que fue rey desde enero de 1878 hasta su muerte. Le cito para introducir el tema de las coincidencias o serendipias, ya que su caso es bastante curioso y me interesaba comentarlo. El 28 de julio del año 1900 Humberto I, de la casa de los Saboya, estaba cenando en un restaurante de la localidad de Monza cuando advirtió que el dueño del mismo se le parecía mucho físicamente. Decidió interesarse por su vida y fue entonces cuando descubrió asombrosas coincidencias entre sus vidas: no sólo compartían nombre, sino que al igual que él había nacido en Turín, sus esposas se llamaban Margheritta y ¡se habían casado el mismo día! Además de que había inaugurado el restaurante el mismo día que Humberto I era coronado rey.

Una locura… Pero no acaban aquí las coincidencias. Humberto I se hallaba en Monza porque acudía a presenciar un concurso de atletismo que se realizaba en la ciudad al día siguiente. Durante el mismo, el ayudante de su majestad le comunicó que el dueño del restaurante acababa de morir víctima de un disparo, y nada más explicarle la lamentable noticia el anarquista italo-americano Gaetano Bresci disparaba al rey surgiendo de entre la multitud.

No era la primera vez que Humberto I sufría un intento de asesinato, ya en Noviembre de 1878 otro anarquista, Giovanni Passanante intentó atacarle en un desfile en Nápoles y en 1897 Pietro Acciarito intentó apuñalarle cerca de Roma, pero como se suele decir, a la tercera va la vencida. En este caso, había fuerzas más poderosas que el cetro planeando sobre la cabeza del monarca.

Es conocido que en algunas mitologías ver a nuestro Doppelgänger es el aviso de la propia muerte. Visto el caso de Humberto I, sólo me queda esperar que mi doble diabólico ande bien lejos…

viernes, abril 07, 2006

Con un poco de miedo al tres

Inevitablemente y tal y como estaba previsto este fin de semana cumplo años, profundo dolor. (En realidad no me afecta, es un puro trámite).

Además he decidido ignorar a ese personaje irritante de forma ovoide, que por mucho que se empeñe no tiene cintura ( a saber donde acaba su cabeza y donde empieza el cuerpo). Como la semana que viene no actualizaré el blog porque estaré de vacaciones aprovecho para saludarles.

E insistir para que me feliciten, claro.

-¡Siete años y seis meses! -repetía pensativamente Humpty Dumpty-. Una edad bien incómoda. De pedirme a mí un consejo, te habría dicho: “Detente en los siete años”… pero ahora ya es demasiado tarde.

-Nunca pido consejo en materia de crecimiento –dijo Alicia, indignada.

-¿Con que orgullosilla? –sugirió el otro.

Alicia, ante tal sugerencia, aún se sintió más indignada.

-Quiero decir –añadió- que no puede una evitar el ir creciendo.

-Una quizá no –dijo Humpty Dumpty- pero dos sí. Con la ayuda adecuada, podías haberte detenido en los siete años.

-¡Qué cinturón más bonito lleva usted! –observó de pronto Alicia (habían hablado ya, más que de sobra, del tema de la edad, pensó, y si realmente iban a elegir temas por turno, ahora le tocaba a ella). O mejor dicho –rectificó tras una segunda reflexión-, qué bonita corbata… no, cinturón… ¡oh, perdón! –agregó Alicia, muy azorada al ver la mirada hostil de Humpty Dumpty y, a la vez, ya arrepentida de haber elegido ese tema: “si por lo menos supiera –pensó-, cuál es su cuello y cuál es su cintura…”.

Sin duda Humpty Dumpty estaba furioso, pero durante uno o dos minutos no dijo palabra. Cuando al fin rompió el silencio, no se oyó sino una suerte de gruñido.

-¡Si hay algo que me exaspera –dijo- es una persona que no sabe distinguir entre una corbata y un cinturón!

-Confieso que es debido a mi gran ignorancia –dijo Alicia en un tono de tal humildad que aplacó a Humpty Dumpty.

-Es una corbata, niña, una hermosa corbata, como tú bien has dicho. Un regalo del Rey Blanco y de la Reina Blanca. ¡Para que veas!

-¿De veras? –dijo Alicia muy complacida al ver que, a fin de cuentas, no había elegido tan mal el tema.

-Me lo dieron –prosiguió Humpty Dumpty con mucha solemnidad, cruzando las piernas y apoyando sobre la rodilla ambas manos-, me lo dieron como regalo de incumpleaños.

-¿Perdón? –dijo Alicia con aire intrigado.

-No me has ofendido –repuso Humpty Dumpty.

-Quiero decir: ¿qué es un regalo de incumpleaños?

-Un regalo que se da cuando no es cumpleaños, claro.

Alicia, tras reflexionar un poco, dijo al fin:

-Yo prefiero los regalos de cumpleaños.

-¡Tú no sabes lo que dices! –gritó Humpty Dumpty-. ¿Cuántos días tiene el año?

-Trescientos sesenta y cinco.

-¿Y cuantos cumpleaños tienes tú al año?

-Uno.

-Y si de trescientos sesenta y cinco restas uno, ¿qué queda?

-Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.

Humpty Dumpty se mostró algo escéptico.

-Preferiría verlo por escrito.

Alicia no pudo contener una sonrisa mientras sacaba su cuadernillo de notas y hacía para él la resta.

Humpty Dumpty tomó el cuaderno y lo examinó con atención.

-Creo que la operación es correcta… -empezó a decir.

-¡Pero si lo tiene al revés! –le interrumpió Alicia.

-¡Cierto, así es! –dijo jovialmente Humpty Dumpty mientras Alicia se lo ponía al derecho-. Ya me parecía algo raro su aspecto. Pues, como te decía, la operación parece correcta… aunque no haya tenido tiempo de verificarla a fondo… y eso demuestra que hay trescientos sesenta y cuatro días en los que puedes recibir regalos de incumpleaños…

-Cierto –dijo Alicia.

-Y sólo un día para regalos de cumpleaños, ya ves. ¡Así que te has cubierto de gloria!

jueves, abril 06, 2006

Las extravagancias de Piero di Cosimo

Hablando de genios saturninos y artistas atormentados hace algún tiempo le dediqué unas líneas a las locuras de Franz Xaver Messerschmidt, y a las decenas de bustos que realizó tomándose como modelo en un catálogo excéntrico de muecas. Recuperando el tema de los genios con fama de “locos”, me adentro hoy en la vida y obra de Piero di Cosimo, pintor florentino del siglo XVI cuya pasión por los huevos duros le hacía acompañarse siempre de una cesta repleta de estos, además de otras muchas manías, disculpables por supuesto, en un creador de su talento. Y es que… cada uno consigue la inspiración de formas distintas.

Uno de los temas predilectos de Cosimo, cuyo verdadero nombre era Piero di Lorenzo, eran las representaciones de la muerte y todo el mundo iconográfico que las rodea desde un punto de vista lúdico y festivo. Eran muy famosos sus decorados para fiestas, sobre todo su “Triunfo de la Muerte”. En 1511 ideó una carroza tirada por bueyes, decorada con huesos y cruces. Piero di Cosimo se inspiró en los “Trionfi” de Petrarca para construir esta enorme carroza negra coronada por una figura de la Muerte que portaba una guadaña entre las manos. Cada vez que la carroza se detenía en su recorrido, salían, de los muchos sarcófagos que llevaba encima, unas figuras vestidas de negro con un esqueleto blanco pintado en la tela y se sentaban tranquilamente sobre sus tumbas para recitar al público endechas sobre el tema de la muerte, aunque con una clara voluntad de sarcasmo político. Vasari recogió algunas:

Somos muertos como veis

Muertos como un día seréis,

Como vos, tuvimos vida y aliento

Nos seguiréis en la muerte


Danza Macabra Medieval

Piero di Cosimo era muy aficionado al tema de la “Danza de la Muerte” e incluso recogía coplas populares sobre esta tradición, que a mí personalmente me parece muy divertida: ver esqueletos sonrientes cantando y danzando de forma despreocupada. Pero su fama de estar “algo loco” no sólo era resultado de esta invención suya, sino de sus peculiaridades gastronómicas, que ya comentaba antes y de su carácter quisquilloso:

…no le importaba nada su propia comodidad y se limitó a comer sólo huevos duros, los cuales, para ahorrar combustible, cocía mientras calentaba la cola, y no seis u ocho a la vez sino unos cincuenta y, guardándolos en una cesta, los iba comiendo poco a poco. Esta vida la gozaba de tal manera que, en comparación, cualquier otra le parecía servidumbre. No podía soportar el llanto de los niños, las toses de los hombres, el retintín de los cascabeles ni el canto llano de los frailes; y cuando la lluvia caía a raudales del cielo, le deleitaba verla caer a chorros desde los tejados y salpicar el suelo. Le aterraban los relámpagos y cuando oía un gran trueno se envolvía en su manto y, tras haber cerrado las ventanas y la puerta de su habitación con llave, se agazapaba en un rincón hasta que pasara la tormenta. Era muy variado y original en su conversación y a veces decía cosas tan extraordinarias que los que le oían se partían de risa. Pero de viejo era tan raro y excéntrico que no se podía hacer nada con él. No aguantaba la presencia de los ayudantes, y su necedad le privaba de todo posible auxilio. Cuando quería trabajar y no podía, por causa de su perlesía, se enfurecía y quería obligar a sus manos a dejar de temblar, pero, mientras refunfuñaba, se le caía el tiento del pintor, o incluso sus pinceles. Era un espectáculo lastimoso. Las moscas le hacían rabiar y hasta las sombras le molestaban”.

La fuente es Vasari y sus “Vite de’più eccelenti pittori scultori ed architetti