Escribo con pluma y tintero. Llevo siempre zapatos de tacón y me atavío con mi mejor lingerie para estar por casa. No soy lo que se dice una persona práctica, de hecho, detestaría serlo… La mayoría de cosas que me gustan son totalmente superfluas, no sirven para nada. Collares y cintas de encaje, broches caprichosos con formas de insectos, realizados en piedras de colores, lámparas como medusas y cascadas de plumas. Velos y rosarios, atuendos finos como telas de araña, colorete y lunares falsos. Cualquier cosa sirve para disfrazarse y aliviar los rigores del calor y el color gris que entra por las ventanas y parece querer invadirlo todo, como una plaga. Me quedo sola.
Con el goce estético. El placer de la contemplación me otorga el don de la trascendencia. Es en el ojo donde reside la puerta al otro lado… Ayer mismo veía una película del querido Jesús Franco: Al otro lado del espejo que me hacía pensar en esto mismo. Franco es un maestro en el arte de mirar, sus personajes son voyeurs y al mismo tiempo figuras lánguidas que se dejan mirar integradas en escenarios pintorescos...
En la película de ayer la protagonista, la bella Emma Cohen, vive una doble vida, la real y la de sus deseos inconfesos, marcada por el signo de Edipo y por la obsesión hacía una hermana muerta. Vive sin dejarse vivir, y se viste y se desviste con desgana mientras la observamos y soñamos su mismo sueño.
Nuestros placeres son comúnmente los de los mamíferos, son maravillosos, pero el momento de despertar en el ojo, en el acto de mirar, encierra la belleza, la que descubrimos y la que insuflamos. Un acto de entrega absoluta.
“Los espíritus agudizados por la práctica de la contemplación fantástica y del sueño poético otorgan a las cosas un alma sensible y cambiante como el alma humana; y leen en cada cosa, en las formas, en los colores, en los sonidos, en los perfumes, un símbolo transparente, el signo de un sentimiento o de un pensamiento; y en todo fenómeno, en cada combinación de fenómenos, creen adivinar un estado psíquico, un significado moral. A veces la visión es tan lúcida que produce en esos espíritus una angustia: se sienten como ahogar por la plenitud de la vida revelada y se turban profundamente ante sus propios fantasmas”
No lo podría expresar mejor que D’Annunzio, claro. La cita es de Il piacere.







































